
«De Bellum luce»
El sinsentido de hablar de tropas en Ucrania y Gaza
El presidente sabe que hoy no existe ni el consenso, ni la capacidad, ni el marco jurídico real para llevarlo a cabo sin provocar una escalada de consecuencias imprevisibles
Hablar hoy del envío de tropas a Ucrania o a Gaza, a la manera en que lo ha hecho el presidente del Gobierno, es un absurdo de conversación política y retórica. El presidente sabe que hoy no existe ni el consenso, ni la capacidad, ni el marco jurídico real para llevarlo a cabo sin provocar una escalada de consecuencias imprevisibles. Entonces, ¿por qué tira el grano? Pues porque el debate no va de soldados, sino de relato: el presidente también sabe que todos entramos siempre al vuelo a picotear el terreno que siembra, y de eso se mantiene en Moncloa. En el caso de Ucrania, esta mención al envío de militares solo es una forma de decir que «aún no hemos llegado al límite», aunque todos los actores relevantes saben que ese límite existe y lo marcan Trump y Putin. Ninguna potencia europea puede desplegar fuerzas (ni siquiera de paz) en territorio ucraniano sin romper el equilibrio estratégico con Rusia, y hacerlo bajo paraguas atlántico supondría cruzar una línea roja que se ha evitado cuidadosamente desde el inicio de la guerra. El mensaje va dirigido a la opinión pública europea, cada vez más cansada del coste económico y político del conflicto.
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Lo de Gaza todavía es más de traca. ¿Qué país occidental va a desplegar tropas en un territorio donde no controla ni el terreno, ni la legitimidad política, ni las reglas del enfrentamiento? Gaza es un campo minado en lo diplomático, en lo jurídico y en lo moral. Cualquier presencia militar extranjera sería vista como ocupación, provocaría rechazo regional inmediato y convertiría a esos soldados en objetivos permanentes. Aquí, la retórica del envío de tropas no busca ni siquiera disuadir, es mera propaganda.
Europa habla mucho porque tiene poco margen para actuar. Esa es la gran paradoja que define hoy a la Unión Europea en el escenario internacional: sobran las declaraciones solemnes, los comunicados urgentes y las cumbres extraordinarias cuando la capacidad real de influir en los grandes conflictos es cero. Trump nos ha ganado la partida sin que nosotros empezáramos a jugarla. También Putin o Xi Jinping.
Por eso, ver a nuestro presidente o a sus emisarios abriendo debates hoy estériles, que se quedan en el titular que solo busca la confrontación política, es simplemente una necedad. Si hay que hacer algo en esa dirección, Sánchez debería llamar al jefe de la oposición para plantearle en privado el escenario, las consecuencias de la decisión, y pedirle su apoyo. Todo lo demás es ruido sin nueces
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