Pobreza
Más impuestos, más pobreza: el fracaso redistribuidor del Gobierno
España recauda como nunca, pero la pobreza se manteniene. El aumento de la desigualdad es el mayor fracaso de este Gobierno en materia económica

España recauda como nunca pero la desigualdad aumenta de forma considerable. En 2024, la Agencia Tributaria ingresó cerca de 295.000 millones de euros, récord histórico que supone un aumento del 47% respecto a 2019, mientras el PIB nominal solo creció un 27% en ese mismo periodo. El Gobierno de Pedro Sánchez ha convertido la presión fiscal en el eje de su política social. El problema es que los datos demuestran que el modelo no funciona para redistribuir la riqueza.
La escalada impositiva es incontestable. El tipo medio del IRPF ha pasado del 12,7% en 2019 al 14,4% en 2024, su pico histórico, merced en gran parte a la negativa de Hacienda a deflactar los tramos del impuesto pese a una inflación que se ha comido el poder adquisitivo de las clases medias. El tipo marginal máximo puede llegar al 54%, frente a una media europea del 39,6%. Entre 2018 y 2022, la Unión Europea redujo su presión fiscal en 1,1 puntos del PIB; España la incrementó en 2 puntos porcentuales.
¿Ha servido semejante esfuerzo recaudatorio para reducir la pobreza y la desigualdad? Los datos del INE desmienten cualquier autocomplacencia. En 2024, el 25,8% de la población española –más de 12,5 millones de personas– se encontraba en riesgo de pobreza o exclusión social según la tasa AROPE. Una cifra que nos sitúa entre los peores registros de la UE. El 35,8% de la ciudadanía no tenía capacidad para afrontar gastos imprevistos y el 33,4% no podía permitirse unas vacaciones fuera de casa. La pobreza infantil alcanza el 34,6% entre los menores de 16 años, una cifra escandalosa en un Estado que se proclama social.
La desigualdad, medida por el índice de Gini, se sitúa en 31,2 puntos, si bien el 20% más rico de la población sigue ingresando 5,5 veces más que el 20% más pobre. La brecha existe y persiste. Y el instrumento estrella del Ejecutivo para combatirla, el IMV, solo alcanza al 20% de los hogares en situación de pobreza, pese a que su diseño permitiría cubrir a más del 50%, según la propia AIReF. El aumento de la desigualdad es el mayor fracaso de este Gobierno en materia económica. El diagnóstico es claro: la maquinaria fiscal recauda más que nunca con una eficiencia redistributiva alarmantemente baja. Subir impuestos no es redistribuir renta; es confiscarla. Y los más vulnerables siguen pagando ese error. La mejor política redistributiva son los incentivos para crear riqueza, sólo generando un marco capaz de generar un crecimiento sólido, basado en la innovación y la productividad, podremos reducir la brecha social.
A. Hidalgo es catedrático de Fundamentos del Análisis Económico y Pte. de la Fundación Weber