Investigación

El ejercicio estructurado frena el deterioro cognitivo por quimioterapia

Un ensayo con 687 pacientes demuestra que caminar y usar bandas elásticas mejora la memoria y la fatiga mental, especialmente en pacientes con ciclos de dos semanas

Un innovador programa de ejercicio terapéutico para pacientes con cáncer en el hospital Gregorio Marañón
Programa de ejercicio terapéutico para pacientes con cáncer en el Hospital Gregorio Marañón, de Madrid Comunidad de Madrid

Moverse protege la mente, incluso en uno de los momentos más difíciles del tratamiento oncológico. Los programas de ejercicio estructurados podrían convertirse en una herramienta clave para combatir el llamado "cerebro de quimioterapia" (“chemo brain” en inglés) un deterioro cognitivo frecuente en pacientes oncológicos. Así lo demuestra un nuevo estudio de la Universidad de Rochester publicado en la revista Journal of the National Comprehensive Cancer Network (JNCCN), que confirma que realizar actividad física sencilla y adaptada durante el tratamiento ayuda a preservar la agilidad mental, disminuir la fatiga y mejorar la capacidad para realizar tareas cotidianas.

El ensayo, de fase III, es el primero de su tipo a escala nacional y contó con la participación de 687 pacientes provenientes de 20 consultorios de oncología comunitaria en Estados Unidos. Los participantes fueron asignados aleatoriamente para recibir su quimioterapia habitual con o sin un plan de ejercicios prescrito, denominado Exercise for Cancer Patients (Excap), que incluye caminatas personalizadas y ejercicios con bandas de resistencia.

Los resultados fueron especialmente llamativos entre los pacientes sometidos a ciclos de quimioterapia de dos semanas. Aquellos que siguieron el programa informaron menor deterioro cognitivo general,mejor percepción de su propia capacidad mental y menos fatiga mental que quienes no practicaron ejercicio estructurado. En cambio, los beneficios no fueron tan significativos en pacientes que recibían quimioterapia en ciclos más largos, de tres a cuatro semanas. Los investigadores señalan que los ciclos de dos semanas podrían ofrecer el momento óptimo de recuperación para permitir mayor adherencia al ejercicio y potenciar sus efectos beneficiosos sobre la función cognitiva.

Este hallazgo cobra especial relevancia si se tiene en cuenta que hasta un 75% de los pacientes experimenta deterioro cognitivo relacionado con el cáncer (CRCI) durante el tratamiento, con problemas de memoria, atención, velocidad de procesamiento y funciones ejecutivas, que pueden persistir hasta diez años tras finalizar la terapia. Estas dificultades afectan significativamente a la vida diaria: desde gestionar medicamentos y hacer compras hasta conducir o mantener un ritmo armónico en las tareas laborales.

Efecto sobre la respuesta inflamatoria

El estudio aporta evidencia sólida de que el ejercicio puede romper ese círculo de deterioro, gracias en parte a su efecto regulador sobre la respuesta inflamatoria. La quimioterapia puede alterar el equilibrio del sistema inmunitario y generar un estado inflamatorio persistente asociado al deterioro cognitivo. En cambio, la actividad física desencadena una respuesta antiinflamatoria que favorece la inmunocompetencia, un efecto que se cree responsable de la mejora en la fatiga mental y en las funciones cognitivas.

Los participantes en el programa recibieron instrucciones individualizadas para caminar y utilizar bandas elásticas mediante un método de "teach-back", que garantiza la correcta ejecución de los ejercicios. Además, monitorizaban su actividad con un podómetro y registraban el tiempo dedicado a las rutinas de resistencia. Según los investigadores, mientras los pacientes del programa lograron mantener su nivel de pasos, quienes no recibieron un plan de ejercicio redujeron su caminata diaria en un 53% durante la quimioterapia.

La coautora principal, Karen M. Mustian, del Instituto Oncológico Wilmot, ha subrayado la importancia de incorporar el ejercicio como parte de la atención rutinaria. "Un programa simple y seguro podría ser fundamental en la atención de apoyo para las personas que reciben quimioterapia", según recoge Ep. Además, ha recomendado a los profesionales sanitarios educar a los pacientes sobre sus beneficios, vigilar los síntomas cognitivos y derivar a especialistas en ejercicio oncológico cuando sea necesario.

Sin tratamientos para el "chemo brain”

Otro aspecto destacado del estudio es que los beneficios del ejercicio se observaron en pacientes con diferentes tipos de cáncer, aunque la mayoría eran mujeres con cáncer de mama que estaban recibiendo quimioterapia por primera vez. Tampoco presentaban metástasis a distancia, lo que aporta homogeneidad a la muestra y fortalece las conclusiones.

Los expertos coinciden en que, ante la ausencia de tratamientos farmacológicos estandarizados para el deterioro cognitivo asociado al cáncer, el ejercicio representa una alternativa no invasiva, accesible y de bajo coste.Hacerlo en casa facilita además la adherencia y reduce barreras como el desplazamiento o la dependencia de instalaciones especializadas.

Los investigadores han destacado que en futuros estudios se deberá ampliar la población de pacientes para generalizar los hallazgos y explorar más a fondo la relación entre el calendario de la quimioterapia y la eficacia de intervenciones complementarias.

España, pionera en ejercicio oncológico

En España ya hay muchos hospitales y centros que desarrollan programas de ejercicio estructurado para personas en tratamiento oncológico. Uno de los aspectos que destacan los especialistas es que esta terapia complementaria es algo que no puede improvisarse. Soraya Casla, pionera en este ámbito, recordaba recientemente que "no todo el ejercicio vale contra el cáncer" y defendía programas profesionalizados y personalizados que adapten la intensidad y el tipo de entrenamiento a las secuelas de la quimioterapia y a las limitaciones de cada paciente. Casla explicaba que ya en los años 80 se observó que muchos enfermos, tras el tratamiento, sufrían una intolerancia marcada a la actividad física, y que los programas bien diseñados podían revertir esa merma funcional y mejorar factores fisiológicos clave relacionados con la progresión tumoral.

Ejemplos actuales de esta integración del ejercicio en la atención sanitaria se encuentran en el Hospital Gregorio Marañón, donde la Comunidad de Madrid ha implantado un innovador programa de ejercicio terapéutico para pacientes con cáncer. En él, fisioterapeutas, rehabilitadores y terapeutas ocupacionales diseñan rutinas personalizadas que combinan fuerza y actividad aeróbica adaptada incluso a personas que están recibiendo quimioterapia activa. Este enfoque multidisciplinar, que ya ha beneficiado a más de un centenar de pacientes, se centra en recuperar la funcionalidad perdida, mejorar la tolerancia al tratamiento y reducir secuelas como la debilidad muscular, la fatiga o las limitaciones respiratorias. Además, el centro está desarrollando programas específicos de prehabilitación para cirugía oncológica y abordajes rehabilitadores en cánceres de esófago, cabeza y cuello o tumores cerebrales.