
Polémica
El caso Bianca Ciobanu, número 1 del MIR, pone contra las cuerdas a Sanidad
El resultado histórico de la aspirante ha desatado sospechas, quejas masivas y una petición de auditoría externa que pone en cuestión el control del Ministerio

¿Ha copiado la número uno del MIR 2026? La pregunta, repetida en redes sociales, foros profesionales y grupos de WhatsApp de opositores, ha terminado por desbordar el caso individual para convertirse en un cuestionamiento directo a la gestión del Ministerio de Sanidad y a su capacidad para garantizar un examen realmente blindado frente a nuevas formas de fraude y agravios comparativos.
La protagonista de la controversia es Elena Bianca Ciobanu, rumana de 44 años y graduada en Medicina por la Universitat Rovira i Virgili, que ha obtenido 188 respuestas netas sobre 200 y una puntuación total de 119 puntos, la más alta registrada hasta la fecha. Su resultado roza la perfección en una convocatoria en la que, según datos oficiales, el 99,19% de los aspirantes a Formación Sanitaria Especializada (FSE) superó la prueba. Sin embargo, más allá del mérito individual, las miradas apuntan ahora a los mecanismos de control diseñados por Sanidad.
El brillo de ese número uno ha venido acompañado de sospechas. Parte del malestar se explica por el contraste entre su expediente académico, que rondaría el 6,7 según han difundido antiguos compañeros de carrera, y el resultado obtenido. En promociones anteriores, sostienen desde la Asociación MIR España, un expediente similar no solía traducirse en posiciones de cabeza. La cuestión, insisten, no es personal, sino estructural: ¿ha cambiado el patrón o han cambiado las garantías?
Para responder a esta pregunta animan a mirar a los datos. Este año, no solo Ciobanu, sino los cuatro primeros clasificados tendrían notas medias por debajo del 8, algo que la asociación considera una ruptura del comportamiento estadístico habitual. Por ello, han ironizado felicitando “a todas las anomalías estadísticas detectadas en estos últimos 2 años (con probabilidad inferior a que te toque la lotería)”, en un mensaje que apunta más al sistema que a los aspirantes.
En cualquier caso felicidades a la número 1 del MIR este año por su esfuerzo y a todas las anomalías estadísticas detectadas en estos últimos 2 años (con probabilidad inferior a que te toque la lotería) pic.twitter.com/lmL8ron0IB
— Asociación MIR España (@AsociacionMIRe) February 19, 2026
Las dudas se han amplificado en un contexto ya tensionado. La misma entidad ha solicitado formalmente una auditoría externa e independiente del examen de 2026, al que ha llegado a calificar de “completo caos organizativo”. Denuncian falta de vocales con experiencia en determinadas sedes, ausencia de inhibidores de frecuencia y la posibilidad real de utilizar dispositivos móviles con conexión a internet durante la prueba. Su presidente, Jesús Arzúa Moya, ha asegurado que existen testimonios de aspirantes que afirman haber presenciado conductas irregulares con teléfonos e incluso con gafas con inteligencia artificial.
Las críticas se dirigen así a la responsabilidad directa del Ministerio en la vigilancia y en la homogeneidad de las condiciones, más que a un caso concreto que, a día de hoy, carece de pruebas públicas.
La nota más alta del MIR sale al paso de las acusaciones
En paralelo, algunos compañeros de promoción, en declaraciones enviadas a distintos medios de comunicación, han afirmado que Ciobanu “copiaba de muchas maneras” durante la carrera y han pedido que se revise su examen. Son, por el momento, acusaciones sin verificar y sin respaldo documental.
Hasta ahora no existe ninguna evidencia pública que demuestre irregularidad alguna por parte de la aspirante. La propia Ciobanu ha negado de forma categórica todas las acusaciones. “Mi participación en el MIR ha sido transparente y no hay nada irregular”, ha señalado, mostrándose además dispuesta a que su prueba sea revisada si así lo estima oportuno la administración.
Su defensa se apoya en un relato de esfuerzo prolongado. De origen rumano y residente en España desde la adolescencia, comenzó Medicina a los 34 años. En un vídeo promocional de la academia Amir, difundido tras conocerse su resultado provisional, subrayaba que no procede de una “trayectoria brillante” ni de una “carrera académica perfecta”, y que durante segundo y tercero de Medicina tuvo que compaginar los estudios con el trabajo.
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Asegura que lleva preparándose el MIR desde tercero de carrera, con cuatro años intensivos de academia y simulacros. “El MIR es una estrategia y la carrera es otra cosa”, ha explicado, defendiendo que el entrenamiento específico puede generar diferencias significativas respecto al expediente universitario.
Con todo, el debate ha trascendido la figura de la número uno. La convocatoria de 2026 arrastra otras polémicas: la dimisión en bloque del comité de expertos que elaboraba la prueba tras cambios en sus condiciones, incidencias técnicas en la inscripción, retrasos en la publicación de listados y más de 5.000 aspirantes que han presentado quejas por errores en el baremo académico, con entre 1.000 y 1.500 recursos formales.
En este contexto, las preguntas no se centran únicamente en si alguien ha podido copiar, sino en si Sanidad ha sabido anticiparse y corregir las debilidades del proceso. La Asociación MIR insiste en que corresponde al Ministerio esclarecer lo ocurrido con sus propios medios y reforzar la transparencia. La reunión solicitada para finales de marzo buscará aclarar tanto las condiciones de seguridad como los casos considerados más atípicos.
Mientras tanto, la universidad donde se graduó Ciobanu ha optado por no pronunciarse hasta que los resultados sean definitivos, apelando a la protección de datos. El Ministerio, por su parte, mantiene el calendario previsto y no ha anunciado medidas extraordinarias, más allá de la revisión ordinaria de los recursos presentados. Una postura que, lejos de cerrar la polémica, alimenta la percepción de que la crisis afecta más a la credibilidad del sistema que a una aspirante concreta.
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