
Alerta alimentaria
El engaño del “apto para microondas”: Greenpeace denuncia riesgos graves para la salud en un estudio
¿Es seguro calentar plásticos al microondas? Una informe de la ONG detecta cientos de miles de partículas plásticas en alimentos tras 5 minutos de microondas

En un mundo donde el tiempo es el bien más escaso, la industria alimentaria ha encontrado su gallina de los huevos de oro: los platos preparados “aptos para microondas" y la comida para llevar. Sin embargo, lo que parece una solución inofensiva para una cena rápida podría tener graves riesgos para la salud que están siendo incomunicados por los fabricantes.
Un nuevo informe de Greenpeace, titulado Alerta: Microplásticos en la comida precocinada, arroja luz sobre los peligros invisibles que ingerimos junto a nuestras recetas favoritas y cómo, en muchas ocasiones sin saberlos, están poniendo en jaque nuestro bienestar.
El mito del "apto para microondas"
La mayoría de los consumidores confía plenamente en las etiquetas de las bandejas plásticas que aseguran ser seguras para el calor. Pero Julio Barea, responsable de residuos de Greenpeace, considera que esta tranquilidad es ficticia. “Las personas consumidoras creen que están tomando una decisión inofensiva cuando compran y calientan comida al microondas. Este informe demuestra que las afirmaciones corporativas de 'apto para microondas' no son más que fantasías”.
La investigación, basada en la revisión de 24 estudios científicos recientes, revela que el uso de estos recipientes en el microondas puede liberar cientos de miles de micro y nanoplásticos en cuestión de minutos. Un estudio específico detectó entre 326.000 y 534.000 partículas filtrándose en los alimentos tras solo 5 minutos de calentamiento; esto representa hasta 7 veces más contaminación que si se utilizara un horno convencional.
Barea advierte de que “estamos siendo expuestos a un cóctel de microplásticos y sustancias químicas peligrosas que nunca deberían estar en nuestra comida ni cerca de ella”. Pero el peligro no termina en los fragmentos de plástico.
El calor actúa como un catalizador que debilita los enlaces químicos del envase, facilitando lo que los expertos llaman lixiviación térmica. Este proceso permite que un “cóctel” de sustancias tóxicas migre directamente a la comida, especialmente si esta es grasa, ácida o salada.
Entre los "pasajeros no deseados" identificados en los informes se encuentran:
- Bisfenoles (BPA, BPS, BPF): Utilizados para endurecer el plástico y vinculados a cánceres de mama y próstata, así como a la infertilidad.
- Ftalatos: Sustancias que aportan flexibilidad pero que son tóxicas para la reproducción.
- PFAS ("Químicos eternos"): Utilizados para repeler la grasa, relacionados con daños hepáticos y una menor respuesta inmunitaria.
- Antimonio: Un metal tóxico usado en la fabricación de envases PET que puede interferir con el sistema inmune.
España: el auge del abrir y calentar

La situación en nuestro país es especialmente preocupante. El consumo de platos preparados en España ha crecido un 3,8% en el último año, impulsado por los nuevos modelos de hogar y la falta de tiempo. Gigantes de la distribución como Mercadona ya lideran este mercado, representando el 20% del sector y superando incluso a bares y cafeterías en la oferta de comidas listas para consumir.
Este cambio de hábitos alimenta una crisis de envases sin precedentes: el 40% de todo el plástico transformado en España se destina exclusivamente a la fabricación de envases. Según Barea, “los gobiernos han permitido que las industrias petroquímica y del plástico conviertan nuestras cocinas en centros de contaminación”.
Consecuencias para la salud a largo plazo
La ciencia ya ha encontrado rastros de estas sustancias en el cuerpo humano, incluyendo sangre, placenta, leche materna y órganos como el hígado y el corazón. La exposición a estos disruptores endocrinos se asocia con enfermedades metabólicas como la obesidad y la diabetes tipo 2, además de trastornos del neurodesarrollo en niños, como el TDAH.
“Nos están envenenando mientras intentamos alimentar a nuestras familias. El riesgo es evidente, hay mucho en juego y el momento de actuar es ahora. No podemos confiar en las promesas engañosas de las empresas y lobbies del plástico”, concluye Barea, instando a los gobiernos a actuar bajo el principio de precaución mediante un Tratado Global sobre los Plásticos de la ONU, que proteja la salud humana.
¿Qué podemos hacer como consumidores?
Aunque el problema es sistémico, los expertos de las fuentes sugieren medidas inmediatas para reducir la exposición:
- 1. Transferir siempre la comida: Antes de calentar, pasa el alimento a recipientes de vidrio apto para microondas o acero inoxidable para el horno.
- 2. Evitar el film plástico: No calientes comida cubierta con este material; si ya lo estuvo, enjuaga la superficie del alimento si es práctico.
- 3. No reutilizar envases dañados: Los recipientes viejos o rayados liberan casi el doble de microplásticos que los nuevos.
- 4. Priorizar el vidrio: Siempre que sea posible, elige opciones de almacenamiento no plásticas.
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