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Salud

«Un ictus me arrebató mi vida, pero se puede volver a ser feliz»

Con apenas 39 años y con secuelas muy graves, Sonia tuvo que empezar de cero tras 33 días en coma

Sonia González junto a su hija, Martina, a la que dio a luz después de haber sufrido un ictus CEDIDALA RAZÓN

Con apenas 39 años, en ese momento en el que alguien suele considerarse «invencible» y con todas las cartas a su favor, Sonia González descubrió que la partida de la vida puede perderse de un momento a otro. En su caso, un ictus fue el envite que se cruzó en su camino y le arrebató de un plumazo la felicidad del día a día, hasta el punto de cambiarle la vida por completo.

«El 1 de abril de 2019, mientras estaba en la ducha, grité y me caí desplomada. Por suerte, estaba mi novio en casa y rápido llamó al 112. Eso me salvó la vida, porque a los 20 minutos tenía una ambulancia en casa y se activó el código ictus», relata la joven. Y a pesar de ello, el camino ha sido duro.

«Estuve 33 días en coma, entre la vida y la muerte, jugando a las cartas con San Pedro hasta que le gané la partida», cuenta entre risas Sonia, quien echando la vista atrás reconoce que aquello fue un antes y un después que lo trastocó todo. «Mi vida cambió radicalmente porque trabajaba, era independiente, vivía sola, viajaba, era muy activa... Y salí del hospital con secuelas muy serias que me convirtieron en una persona totalmente dependiente, porque no hablaba, no tenía capacidad de atención ni de memoria, no movía el brazo derecho ni me podía levantar sola, no podía comer, caminaba cojeando... Necesitaba ayuda para todo», recuerda.

Tras el shock inicial de sentirse «incapaz de hacer cualquier cosa», Sonia pasó por el Centro Estatal de Daño Cerebral, donde realizó un duro trabajo de recuperación con la ayuda de logopedas, neuropsicólogos, fisioterapia o terapia ocupacional, entre otros, lo que le permitió ganar confianza y fuerzas para seguir adelante. «Allí descubrí que no era la única, que los ictus le dan a personas cada vez más jóvenes y que le puede pasar a cualquiera», advierte.

Cada vez más jóvenes

Fumadora, con un trabajo que le exigía muchas horas de dedicación, una alta dosis de estrés y una vida sedentaria, Sonia compraba cada día las papeletas de una lotería a la que nadie quiere jugar y que hace mella a edades cada vez más tempranas. «Los ictus afectan a unas 120.000 personas al año en nuestro país, de los que el ictus isquémico representa el 80% de ellos y el hemorrágico el 20% restante, según datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN). De todos ellos, alrededor de 25.000 personas mueren cada año y lo más preocupante es que se ha observado una incidencia creciente en población cada vez más joven, ya que ha subido un 25% entre los 20 y 64 años», advierte la doctora Marta Guillán, médica adjunta del Servicio de Neurología de la Unidad Neurovascular del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz de Madrid.

Aunque lo más frecuente es el ictus isquémico, que continúa siendo una de las principales causas de mortalidad y discapacidad en España con un impacto sanitario y social muy elevado, Sonia sufrió un ictus hemorrágico provocado por una malformación que saltó por los aires empujada por su estilo de vida. «No era consciente del ritmo que llevaba, pero ese estrés jugó en mi contra y le puede pasar a muchas personas, por eso es fundamental controlar los factores de riesgo y aumentar la visibilidad y la concienciación», recomienda la joven, quien insiste en que «se puede salir adelante y volver a ser feliz tras un ictus».

Sonia es el vivo reflejo de ello, ya que, después de haber congelado sus óvulos, en diciembre de 2022 se quedó embarazada y ahora tiene una niña preciosa, Martina, de dos años y cuatro meses. «Mi vida cambió totalmente y aunque tengo algunas secuelas y la incapacidad absoluta, colaboro con la Fundación Freno al Ictus en inclusión y me he formado como coach para ayudar a la gente que ha pasado por lo mismo que yo para guiarla en su camino de recuperación». Una labor de divulgación y concienciación que también realiza Sonia en las redes sociales a través del nick @el_ictus_de_mama_leona, «donde intento transmitir esperanza y cuento mis trucos del día a día para criar a un bebé».

Prevención tras un ictus

Lo que resulta fundamental tras sufrir un ictus es hacer un abordaje del paciente como si se tratara de una enfermedad crónica, donde la prevención secundaria y el control de los factores modificables, como el colesterol, son esenciales, pues cuanto más tiempo se mantengan cifras elevadas de colesterol, mayor será el riesgo acumulado. «El 90% de los ictus son prevenibles si controlamos los factores de riesgo vascular», afirma la doctora Guillán, quien recuerda que «las personas que ya han sufrido un ictus deben controlar su presión arterial y sus niveles de colesterol para mantenerlos en niveles óptimos, que serán diferentes según el tipo de ictus sufrido, siendo el caso del isquémico en muchas ocasiones lo deseable niveles de colesterol LDL («colesterol malo») menos de 55 mg/dL. Estos objetivos son individuales y deben preguntarse siempre al médico. Para lograrlo, resulta fundamental una buena adherencia a los tratamientos y para eso hay que mejorar la comunicación con médico-paciente».

En clave

►Tras un primer episodio, el manejo clínico del ictus se centra en la prevención de nuevas recurrencias, ya que el riesgo permanece elevado durante años, lo que exige una prevención secundaria activa.

►Los pacientes con antecedentes de ictus isquémico presentan un riesgo acumulado del 12,9% de registrar nuevos eventos vasculares en los cinco años posteriores y un 9,5% de sufrir un nuevo ictus.

►Los estudios más recientes muestran que tener el «colesterol malo» (LDL) en niveles altos aumenta el riesgo de sufrir patología cerebrovascular y que reducirlos con tratamiento ayuda a disminuir ese riesgo.

Reportaje elaborado en colaboración con Novartis.