
Salud
Lo que pasa en tu cuerpo cuando consumes demasiados edulcorantes
La moderación y el equilibrio siguen siendo las claves para proteger el metabolismo, la salud digestiva y la relación con el sabor dulce a largo plazo

El consumo de edulcorantes se ha disparado en los últimos años. Presentes en refrescos “light”, productos sin azúcar, chicles, yogures y hasta en el café diario, estas sustancias prometen dulzor sin calorías. Sin embargo, cada vez más investigaciones analizan qué ocurre en el organismo cuando su ingesta es elevada y sostenida en el tiempo. Aunque las autoridades sanitarias establecen límites considerados seguros, los expertos advierten que abusar de ellos puede tener efectos inesperados.
Los edulcorantes artificiales más comunes, como el aspartamo, la sucralosa o la sacarina, están aprobados para el consumo humano dentro de unas cantidades diarias admisibles. No obstante, su impacto no se limita solo a aportar —o no aportar— calorías. El cuerpo reacciona al sabor dulce independientemente de su origen, y esa respuesta puede influir en distintos sistemas.
Alteraciones en el apetito y el metabolismo
Uno de los efectos más estudiados es la posible alteración del apetito. Cuando la lengua detecta el sabor dulce, el cerebro anticipa la llegada de energía en forma de glucosa. Sin embargo, en el caso de los edulcorantes sin calorías, esa energía no llega. Algunos estudios sugieren que esta “desconexión” podría incrementar la sensación de hambre posteriormente o favorecer antojos de alimentos más calóricos.
Además, existe debate sobre su influencia en la regulación de la glucosa. Aunque no elevan directamente el azúcar en sangre como lo hace el azúcar común, ciertas investigaciones apuntan a que un consumo elevado podría modificar la sensibilidad a la insulina en algunas personas. Esto no significa que causen diabetes por sí solos, pero sí que su impacto metabólico podría ser más complejo de lo que se pensaba inicialmente.
Otro aspecto relevante es la microbiota intestinal. El intestino alberga billones de bacterias que participan en la digestión y en la regulación del sistema inmunitario. Algunos trabajos científicos han observado que determinados edulcorantes pueden alterar la composición de estas bacterias cuando se consumen en grandes cantidades. Cambios en la microbiota se han relacionado con inflamación, alteraciones metabólicas y problemas digestivos.
Efectos digestivos y percepción del sabor
El sistema digestivo también puede resentirse ante un exceso de ciertos edulcorantes, especialmente los polioles como el sorbitol o el xilitol. Estas sustancias, utilizadas frecuentemente en chicles y productos “sin azúcar”, pueden tener efecto laxante cuando se consumen en grandes cantidades, provocando gases, hinchazón o diarrea.
Por otro lado, el uso continuado de productos muy dulces —aunque no contengan azúcar— puede mantener elevado el umbral de preferencia por el sabor dulce. Esto significa que frutas u otros alimentos naturales pueden resultar menos atractivos, perpetuando la necesidad de sabores intensamente dulces en la dieta diaria.
Los especialistas subrayan que el problema no radica en el consumo ocasional, sino en la acumulación. Muchos productos procesados contienen edulcorantes, lo que facilita superar sin darse cuenta las cantidades recomendadas. Leer las etiquetas y diversificar las fuentes de dulzor, priorizando alimentos frescos, puede ayudar a reducir la dependencia.
En definitiva, los edulcorantes pueden ser herramientas útiles en contextos específicos, como la reducción puntual del azúcar añadido. Sin embargo, confiar en ellos de forma masiva no garantiza una alimentación más saludable. La moderación y el equilibrio siguen siendo las claves para proteger el metabolismo, la salud digestiva y la relación con el sabor dulce a largo plazo.
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