Nuevo cribado
Nuevo 'cribado clave' en mayores de 60 años para detectar la enfermedad renal crónica
Silenciosa pero frecuente, esta patología afecta a más de 4 millones de personas en España y suele avanzar sin síntomas

Los mayores de 60 años se convierten desde ahora en el eje central de una nueva estrategia sanitaria para detectar a tiempo la enfermedad renal crónica, una patología que afecta a más de cuatro millones de personas en España, muchas de ellas sin saberlo. El Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (CISNS) ha dado luz verde a un documento de consenso entre los servicios de salud de las comunidades autónomas, que pone en marcha un cribado anual específico para este grupo de edad y para otros pacientes con factores de riesgo, con el objetivo de frenar la progresión de una enfermedad que, en muchos casos, no da síntomas hasta fases avanzadas.
La importancia de este paso radica en la propia naturaleza de la enfermedad renal crónica. El propio 'Documento de consenso para el abordaje de la Enfermedad Renal Crónica (ERC)' de Sanidad señala que más del 10% de la población adulta la padece, pero una gran parte lo desconoce. El motivo es que el riñón puede deteriorarse durante años sin provocar señales evidentes.
El error más común que retrasa el diagnóstico del fallo renal
Los principales síntomas de la enfermedad renal crónica son fatiga, hinchazón y alteraciones en la orina. El problema es que los dos primeros pueden atribuirse fácilmente a otros diagnósticos y el tercero suele ser tabú en consulta. Por eso, muchas personas mayores conviven por error con un daño progresivo sin saberlo, hasta que aparecen complicaciones que ya requieren una intervención más intensiva.
"La ERC suele cursar sin síntomas en sus fases iniciales, lo que favorece un elevado infradiagnóstico y retrasa el inicio de tratamientos que podrían frenar su progresión", señala el Ministerio de Sanidad en la nota simple que acompaña a la nueva guía.
La medida, impulsada en el marco del Sistema Nacional de Salud (SNS), supone pasar de concretar la causa del daño a anticiparse mediante revisiones periódicas. En la práctica, esto se traduce en realizar análisis de sangre y orina una vez al año a los grupos de riesgo para identificar de forma precoz cualquier alteración en la función renal.
Aquí entran en juego dos grandes perfiles. Por un lado, las personas mayores de 60 años, en quienes el deterioro de la función renal puede ser progresivo con la edad. Por otro, quienes conviven con factores de riesgo como la diabetes, la hipertensión, la obesidad o las enfermedades cardiovasculares. Y es que, en estos pacientes, el riñón suele ser uno de los órganos más castigados.
El riñón funciona como un filtro sofisticado que limpia la sangre de toxinas y regula el equilibrio de líquidos y minerales. Cuando ese filtro empieza a fallar, el organismo puede adaptarse durante un tiempo sin que la persona lo perciba. Pero en fases tempranas, la progresión de la enfermedad puede frenarse con cambios en el estilo de vida y tratamientos adecuados.

Otras medidas del documento importantes para la población
El efecto de la enfermedad renal crónica no es solo clínico, también económico. "Todo ello se traduce en un impacto económico considerable, al representar actualmente en torno al 5% del gasto sanitario total", indica Sanidad, una cifra elevada si se tiene en cuenta que muchos de estos costes se concentran en fases avanzadas, cuando los pacientes necesitan tratamientos complejos como la diálisis o el trasplante.
Pero el cribado, por sí solo, no basta. Por eso, el documento aprobado por el CISNS plantea también la mejora de la coordinación entre niveles. En la práctica, esto significa que el médico de Atención Primaria tenga un papel aún más relevante como puerta de entrada, con criterios más claros para derivar a los pacientes a especialistas como Nefrología, Medicina Interna o Geriatría. Además, se potenciarán las consultas electrónicas, una herramienta que permite agilizar la comunicación entre profesionales y reducir los tiempos de espera.
La tecnología también jugará un papel decisivo. El plan contempla la incorporación de sistemas de alerta en las historias clínicas electrónicas capaces de identificar automáticamente a pacientes en riesgo o de advertir sobre la necesidad de ajustar dosis de medicamentos que pueden resultar perjudiciales si no se adaptan al estado del riñón.
Detrás de este documento hay un trabajo conjunto de comunidades autónomas, sociedades científicas y asociaciones de pacientes, lo que garantiza que las medidas sean aplicables en diferentes contextos y realidades del territorio.