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Un «lifting» para la Virgen... y la imaginería cambió

Javier Viver revoluciona la escultura religiosa con una María embarazada: «Me han donado 10.000 euros por una curación vinculada a rezar al icono»

Javier Viver, escultor religioso, en su estudio FOTO: David Jar La Razon

Javier ha perdido la cuenta de las réplicas y declinaciones que ha realizado de la Bella Pastora. Cuando las religiosas de Iesu Communio, la comunidad contemplativa más numerosa y joven de España, le encargaron una imagen de la madre de Jesús para su capilla, este escultor madrileño de 51 años era conocido y reconocido como doctor en Bellas Artes y había expuesto ya en Nueva York, Roma...

Pero esa encomienda supuso para él un salto cuantitativo y cualitativo. «Durante más de diez años, las monjas de Lerma no quisieron hacer reproducciones, porque buscaban que la gente pudiera ir allí y vivir la experiencia del encuentro personal. Yo respeté su idea, pero el año pasado apostaron porque La Bella Pastora pudiera estar también en las casas de la gente».

“Me miraban raro”

Alrededor de una década de proyección para una María encinta, a escala natural, hiperrealista, liberada de dorados y coronas, y fuera de toda hornacina o altar inalcanzable. «Cuando hice la primera Virgen embarazada, algunos me miraban raro, porque me salía la tendencia. Unos echaban de menos las aureolas, otros criticaban que no incluyera los atributos simbólicos de siempre y hay quien la menospreciaba porque decían que iba en bata. Todo eso ha quedado enterrado y desaparecido. Ahora es un icono canonizado por la devoción popular. Lo importante es tener claras tus ideas y apostar a medio y largo plazo».

Quizá por eso, a estas alturas, a Javier Viver no le preocupa que le etiqueten como el escultor de las Vírgenes, aunque su obra vaya mucho más allá. «Me da un poco igual, pero lo cierto es que antes era impensable hablar de imaginería en el ámbito contemporáneo del arte y hoy en día hay muchísima gente joven y no tan joven están usando esa tradición como base de su trabajo conceptual».

En cualquier caso, el secreto del éxito de este «lifting» sacro pasa por «mostrar que lo sobrenatural tiene un componente humano». «En la medida en la que Cristo se encarna, la Verdad nos llega de una forma muy humana, que es lo que busco mostrar a través de la imagen. Para que se convierta en un icono de devoción popular, quien la contempla se tiene que identificar con ella, la fe tiene que inculturizarse en cada tiempo y en cada tiempo para que el cristianismo continúe siendo universal», expone el artista.

Un equipo de seis

Hoy se multiplican los encargos en su taller, arremetido en una callejuela junto al Paseo de Extremadura. «Estoy un poco desbordado, porque tengo cuatro proyectos por entregar y otros cinco pendientes», deja caer. Pero hasta este respiro, lo suyo ha sido «una carrera de fondo»: «He tenido que estar entre diez y quince años simplemente invirtiendo y tanteando cada mes cómo vas a subsistir el siguiente», dice con una mínima resignación, consciente de que hoy por hoy cuadrar cuentas para él es «algo más fácil». No en vano, son seis en su equipo, más dos becarios fruto del convenio con la Complutense y la Rey Juan Carlos, las dos universidades madrileñas con facultad de Bellas Artes.

Hakuna, uno de los movimientos en auge dentro de la Iglesia española, también ha elegido a Viver para que configure un sagrario viviente de una María abrazando su vientre que está presente en todas sus celebraciones. En el horno esperan ya la llamada Virgen de la Mirada –una petición de las Hermanas Pobres de Murcia– y otra embarazada de nueve meses para una maternidad.

“Solo he puesto mis dones al servicio”

«El mayor orgullo que puede tener un artista es participar de algo que le supera y eso es lo que está sucediendo con todo esto. Me veo envuelto en un fenómeno en el que yo simplemente he puesto mis dones al servicio. Lo que sucede a partir de ahí, no depende de mí», confiesa algo abrumado por los continuos correos y llamadas que recibe de quienes han sufrido una conversión o se han reencontrado con la fe al ponerse ante una de sus imágenes.

En estos días, sus manos cincelan dos desafíos de largo alcance. Por un lado, un Sagrado Corazón de Jesús gigante de 30 metros con un corazón dorado en su interior que se instalará en Boadilla del Monte con el respaldo del Ayuntamiento. Por otro, una Piedad para la catedral de Shanghái en la que tanto Jesús como su Madre tienen rasgos asiáticos y occidentales entremezclados.

«La he basado en una obra de Ribera que está en el Thyssen y mi sueño es presentarla allí, con una performance de la mano de una saeta de El Niño de Elche». Eso sí, ni se imagina que le pudiera llegar una petición para que una de sus obras se instale en la Basílica de San Pedro: «Ya no cabe más arte ahí, pero nunca se sabe. Incorporar arte contemporáneo es un reto que quizá esté pendiente».

Viver considera que la Iglesia no puede perder el tren del diálogo fe y cultura: «Continuamente se levantan templos con esculturas, pero hay que dar el salto para contar con los mejores, no puede conformarse con el amateurismo o con obras de carril, si se pretende que el arte sea una vía para encontrarse con Dios».

Pero, ¿el clero es buen pagador? «Si en una parroquia se pueden hacer las cosas gratis, se solucionan así. Pero a nadie se les ocurre a estas alturas no pagar a un electricista», apunta, con la confianza en los cristianos comprometidos. «He descubierto que hay mucha gente que está dispuesta a donar en favor del arte religioso. Hace unos meses una señora nos donó 10.000 euros porque su hija con leucemia se había curado rezando con una de nuestras imágenes y un cliente libanés ha contribuido con 25.000 euros para el Cristo de Boadilla», desvela Javier Viver.

Así se contagia el arte a los jóvenes

Además de su taller, Viver es uno de los impulsores de la Fundación Vía del Artes que ha creado el 0bservatorio de lo Invisible. Un campo de trabajo de verano que desde el lunes y hasta el 30 de julio reunirá en el monasterio de Guadalupe a un centenar de estudiantes y artistas en una experiencia inmersiva de arte y espiritualidad a través de talleres de fotografía, pintura, teatro, música, escritura, escultura y encuadernación. «Somos católicos, pero no busca ser un encuentro confesional. Nuestra identidad es muy clara, y eso lo agradece quien se acerca sin fe»,dice.