Neurociencia
Ana Ibáñez, neurocientífica: "Hay tres claves para reprogramar tu autoestima"
Más de 15 años dedicada a la investigación y desarrollo de entrenamientos cerebrales para el alto Rendimiento y especializada en el Alto Rendimiento deportivo y ejecutivo
La autoestima no es algo que simplemente se tenga o no se tenga; es un músculo que se puede entrenar. Lo que muchas personas no saben es que nuestro cerebro puede reprogramarse para valorarnos de manera más auténtica y compasiva. Según Ana Ibáñez, neurocientífica, existen tres claves fundamentales para elevar la autoestima y romper con patrones que hemos arrastrado desde la infancia.
Evaluar el pasado y el presente
El primer paso, explica Ana Ibáñez, consiste en mirar hacia atrás y reconocer qué creencias hemos heredado o asumido desde niños. "Qué sinónimos he hecho yo de niño", reflexiona, "qué cosas parecía que tenía que hacer para que me quisieran: portarme bien, estudiar, estar calladito..."
El objetivo no es castigarse por esos aprendizajes, sino reconocer que eran necesarios en su momento y que hoy no definen nuestro valor. "Empieza a romper esos sinónimos", aconseja Ibáñez. Esta reprogramación mental nos permite diferenciar entre lo que era útil en el pasado y lo que realmente es relevante para nuestra vida presente.
Redifinir el valor del éxito y del fracaso
La segunda clave está en entender que nuestra autoestima no debe depender exclusivamente de los resultados. "La autoestima está muy ligada cerebralmente a que tengamos éxito. Si hago las cosas bien, tengo valor; si fracaso, no tengo valor", dice Ibáñez.
Para cambiar esto, necesitamos enseñarle a nuestro cerebro que el amor propio no depende de los aciertos. Los errores y los fracasos son oportunidades de aprendizaje y crecimiento. Nos permiten ver las cosas desde diferentes ángulos y abrir caminos de cambio, comprensión y mejora personal.
Equilibrar la voz críticia y la voz empática
La tercera y última clave está en la relación que mantenemos con nosotros mismos. Muchas personas son duras y críticas consigo mismas, y eso erosiona la autoestima. "El gran problema de la autoestima es que hay poca empatía hacia uno mismo", señala Ibáñez.
La neurocientífica recomienda encontrar un equilibrio basado en usar la crítica para mejorar, pero acompañarla siempre de compasión. Un truco efectivo, asegura, es aprender a reírse de los propios fallos. "Te aseguro que tu cerebro empieza a 'chirriar' un poco, nota los músculos de la risa, la electricidad cerebral cambia, y empiezas a ver con gracia lo que no salió bien".
Un camino gradual pero poderoso
Aplicar estas tres claves no es un cambio instantáneo, pero sí profundo y duradero. Evaluar el pasado, redefinir el éxito y equilibrar la crítica con la empatía permite entrenar un cerebro más flexible y una autoestima más sólida.
Como concluye Ana Ibáñez: "La forma en que te miras a ti mismo determina la forma en que navegas por la vida. Y eso se puede cambiar, un pequeño paso a la vez".