Opinión
Dudas sobre el trasplante de cara con eutanasia
¿En qué medida conocer la situación del receptor deja indiferente a la persona que quiere morir?
Y no, no conseguía yo olvidar el caso. Algo me inquietaba y no sabía por qué. Se ha producido en el Hospital La Vall d'Hebrón el primer trasplante de cara procedente de una eutanasia y ha sido recibido con general alborozo. Ojo, no es el primer trasplante de cara del mundo (se han hecho más de 50) ni en España (se han realizado seis). Tampoco es el primer trasplante de zona central del rostro, el llamado “tipo 1”. La novedad estriba exactamente en que es la primera vez que se usa el rostro de una persona que se ha sometido a la muerte voluntaria. La conciencia es un mecanismo del que no tenemos la llave y a mí no me ha dejado en paz.
Por lo visto, la eutanasia facilita los trasplantes porque permite planificarlos mejor. A la donante se le hicieron TACs, estudios óseos y de tejidos. La extracción del rostro se realizó en muerte cerebral, pero se pudo mantener el latido del corazón, que al parecer favorece el proceso. Ahora bien, todo esto no es sólo fisiológico. El médico que dirigió la complicada operación, el doctor Barret, conoció no sólo a la receptora sino a la donante, se reunió con ésta, le explicó todo y constató su buena voluntad, su alegría incluso, por poder colaborar en el bien de otra persona. Carme, la receptora, había padecido una necrosis facial a raíz de la picadura de un insecto y tenía la cara destrozada. No podía comer ni sonreír, respiraba mal. Estas conversaciones y este conocimiento nunca se producen en los trasplantes convencionales. Se evita que donante y receptor se conozcan para evitar transferencias psicológicas.
Ahora me surgen preguntas. ¿En qué medida conocer la situación del receptor deja indiferente a la persona que quiere morir? ¿Conserva plena autonomía moral quien sabe que otra depende de ella para recuperar nada menos que su rostro?
Las innegables ventajas técnicas del trasplante procedente de la eutanasia deberían plantear un debate deontológico. Hay muchos restos humanos de muertes anticipadas que podrían ser utilizados y despiertan reservas. Pienso, por ejemplo, en los restos de los fetos abortados, sus células madre. O los órganos de los ajusticiados. Se me asemeja el debate incluso -con las distancias evidentes- al de las madres de alquiler, donde la deseada paternidad de una pareja choca con la consideración de una mujer como mero recipiente reproductivo.
No he encontrado estos días en los periódicos una sola reflexión ética sobre lo ocurrido en Vall d'Hebrón. Ni una opinión con reservas. Es verdad que la eutanasia ha sido aprobada y que los trasplantes, afortunadamente, son habituales, pero hay aquí factores nuevos. ¿Soy la única que se pregunta al respecto?