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Una española residente en Japón avisa de que un gesto muy común en España allí es ilegal: "Nadie te avisa de estas cosas"
La tiktoker Laura Alcaraz relata su experiencia tras ser multada con 5.000 euros por una acción cotidiana en España y destaca otras diferencias culturales como la prohibición de dar propina
Los procesos de adaptación al emigrar a un nuevo país conllevan inevitablemente enfrentarse a choques culturales, situaciones donde las costumbres heredadas chocan frontalmente con las normas sociales del lugar de acogida. Este fenómeno, ampliamente documentado en redes sociales, encuentra un ejemplo claro en el testimonio de Laura Alcaraz, una española que reside actualmente en Japón y que utiliza su plataforma en TikTok para alertar a otros compatriotas sobre prácticas aceptadas en España que al otro lado del mundo pueden acarrear serias consecuencias.
La influenciadora relata una experiencia personal que le resultó especialmente costosa. "No importa lo que hagas, jamás cruces la calle en rojo", advierte Alcaraz en uno de sus vídeos. Este gesto, común y a menudo tolerado en muchas ciudades españolas, está severamente penalizado en la sociedad japonesa, donde el cumplimiento de las normas de tráfico es inquebrantable.
La española confiesa que su desconocimiento le supuso una multa desorbitada: 5.000 euros por cruzar una calle vacía con el semáforo en rojo.
La prohibición de dar propina y otros usos sociales
Más allá del estricto código vial, Alcaraz señala otra diferencia sustancial que puede pillar desprevenido a cualquier turista o nuevo residente: la absoluta ausencia de cultura de la propina.
"No des propina. No existe esa cultura en Japón", explica de forma categórica, la joven cuenta que, tras intentar dejar una propina por error, los empleados del local salieron tras ella por la calle pensando que había olvidado su dinero. Según aclara, este hábito puede resultar incluso ofensivo, ya que parte de la premisa de que los trabajadores reciben un salario justo por su servicio y no necesitan un extra complementario.
Pese a la severidad de algunas normas, su mensaje final enmarca estas experiencias dentro del enriquecimiento personal que supone sumergirse en una cultura tan distinta, admitiendo que Japón posee virtudes sociales únicas que pueden llegar a cautivar a cualquiera dispuesto a respetar sus códigos.