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Vida

El hábito de los japoneses para sentirse bien en casa que incluso a los microbiólogos les encanta

No es solo una cuestión cultural en Japón, es una práctica respaldada por la ciencia y cada vez más adoptada en Occidente

El hábito de los japoneses para sentirse bien en casa que incluso a los microbiólogos les encanta Freepik

Entrar en casa y sentir una inmediata sensación de calma no es casualidad. En muchos hogares japoneses, ese bienestar comienza incluso antes de cruzar el umbral. Sin grandes gestos ni rituales complejos, existe un hábito cotidiano que conecta orden, higiene y equilibrio emocional, y que ha despertado el interés tanto de expertos en bienestar como de científicos especializados en microbiología.

Aunque desde fuera pueda parecer una simple norma de cortesía, esta costumbre está profundamente ligada a la manera en que se concibe el hogar en Japón: como un espacio protegido, separado del exterior no solo en términos físicos, sino también simbólicos.

La cultura japonesa lleva siglos promoviendo una relación consciente con el entorno doméstico. Conceptos como kanso, que defiende la simplicidad y la eliminación de lo innecesario, o la popularización moderna del orden emocional asociado a figuras como Marie Kondo, reflejan una misma idea: el hogar debe ser un espacio que favorezca el bienestar mental.

Dentro de ese enfoque, la limpieza no es un objetivo estético, sino una condición para la armonía. El cuidado del espacio se entiende como una extensión del cuidado personal, una idea profundamente influida por tradiciones religiosas como el sintoísmo y el budismo, donde la pureza tiene un valor central.

El gesto que marca la diferencia en Japón

En este contexto, quitarse los zapatos antes de entrar en casa es una norma casi universal en Japón. No se trata solo de comodidad, sino de una clara separación entre el mundo exterior y el interior. Este límite se materializa arquitectónicamente en el genkan, una zona de entrada situada a un nivel ligeramente inferior al resto de la vivienda, diseñada específicamente para dejar el calzado.

Ese pequeño desnivel tiene un significado claro: a partir de ahí comienza el espacio doméstico. Cruzarlo con zapatos de la calle se considera inapropiado, especialmente en casas ajenas, donde el gesto adquiere además un valor de respeto hacia los anfitriones.

Más allá de la tradición, los microbiólogos coinciden en que el calzado es uno de los principales vehículos de entrada de contaminantes en el hogar. Las suelas acumulan polvo, restos orgánicos, bacterias y partículas procedentes del asfalto, el transporte público o los baños.

Diversos estudios han demostrado que una parte significativa de las partículas presentes en el aire interior procede del exterior. Investigaciones recientes señalan que estas partículas pueden contener metales pesados como plomo o zinc, habituales en entornos urbanos, que acaban depositándose en suelos y alfombras a través del calzado.

Desde este punto de vista, quitarse los zapatos al llegar a casa reduce la llamada “contaminación cruzada”, un fenómeno por el cual microorganismos del exterior entran en contacto con superficies domésticas y, posteriormente, con la piel o el cabello.

Aunque muchas viviendas fuera de Japón no cuentan con un espacio equivalente al genkan, expertos en organización doméstica recomiendan crear una zona de transición funcional. Colocar un banco, una cesta o un zapatero junto a la entrada permite establecer una rutina clara: llegar, dejar los zapatos y cambiarse a calzado de interior.

Esta práctica no solo mejora la higiene, sino que también contribuye al orden diario. Tener un lugar asignado para zapatos, abrigos y llaves reduce el desorden visual y facilita la desconexión mental tras la jornada.

¿Descalzo o con calzado de interior?

Adoptar este hábito no implica necesariamente caminar descalzo. De hecho, los especialistas advierten de que hacerlo de forma habitual puede aumentar el riesgo de infecciones cutáneas, como hongos o verrugas plantares, especialmente en suelos fríos o compartidos.

En Japón, lo habitual es utilizar calcetines o zapatillas específicas para interior, reservando ir descalzo únicamente para superficies tradicionales como los tatamis. La clave está en no mezclar el calzado de exterior con el espacio doméstico.

Quitarse los zapatos al llegar a casa puede parecer un detalle menor, pero sus beneficios son múltiples: mejora la higiene, reduce el esfuerzo de limpieza, protege la salud y refuerza la sensación de refugio. No es casualidad que una costumbre tan antigua siga vigente y, además, cuente hoy con el respaldo de la ciencia.