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Medicina

Más allá de los fármacos, nuevas estrategias chinas no invasivas para el Alzheimer

Ultrasonidos focalizados de alta intensidad o estimulaciones auditivas comienzan a dar resultados esperanzadores

Una técnica sin cirugía abierta muestra mejoras cognitivas en pacientes con alzhéimer istock

Hay historias clínicas que nacen sin estridencias, allí donde hay una persona mayor que ya no ubica el calendario, que no responde cuando se le habla o que mira sin realmente hacerlo. Para el prestigioso neurólogo chino Sun Bomin, esa escena tenía un rostro concreto, el de su madre de más de 90 años que acumuló casi ocho de deterioro cognitivo progresivo. Según su propio relato, la enfermedad había borrado recuerdos, desordenado la noción del tiempo y reducido su vida emocional a una quietud casi absoluta, hasta el punto de no reaccionar ante la muerte de un familiar cercano.

La carrera de Sun se construyó sobre intervenciones complejas y decisiones de alto riesgo clínico. Como director del Centro de Neurocirugía Funcional del Hospital Ruijin de Shanghái y vicepresidente de la principal sociedad internacional de su campo, trabajó con marcapasos cerebrales, tecnologías cerebro–máquina y ultrasonidos focalizados. Nada de eso, sin embargo, lo colocó en una posición de ventaja frente al episodio que marcaría el año 2024.

Ese año decidió realizarle a su progenitora un procedimiento no invasivo con ultrasonido focalizado de alta intensidad (FUS, por sus siglas en inglés). El objetivo era estrictamente motor, tratar una distonía que le provocaba contracciones involuntarias y una protrusión persistente de la lengua. No se buscaba ningún efecto cognitivo. Sin embargo, tras la intervención, Sun relató que su madre comenzó a reconocer a personas cercanas, a responder con coherencia, a expresar necesidades emocionales y a realizar cálculos simples. Incluso logró iniciar la cuenta regresiva desde 100 restando de siete en siete, una prueba clásica en la evaluación neuropsicológica.

Impactado por el resultado, difundió el caso en la plataforma Yitiao.tv y en un texto donde lo presentó como el primer uso efectivo de FUS para esta patología. El problema es que, por ahora, el relato habita un terreno frágil, ya que no existe una publicación científica revisada por pares con datos completos. El equipo afirma haber iniciado un ensayo clínico preliminar con siete pacientes y que dos de ellos habrían mostrado mejoría rápida, aunque en los casos más severos el efecto habría disminuido con el tiempo. En conjunto, hablan de una mejoría promedio cercana al 50%, con respuestas muy variables.

Para quien no trabaja en neurocirugía, conviene traducir el mecanismo sin recurrir a la magia. El FUS concentra múltiples haces de ultrasonido en un punto preciso dentro del cráneo, guiado por resonancia magnética. La analogía habitual es la de una lupa que concentra la luz solar, cada haz atraviesa el cuero cabelludo y el hueso, y la energía se suma exactamente en el «punto de encuentro». Allí puede modular o lesionar estructuras con precisión milimétrica. El paciente lleva un casco con cientos o miles de transductores. Sun sugiere que el efecto podría actuar como una «sacudida organizada»: tal vez desagrega depósitos proteicos anómalos, reactiva circuitos dormidos o altera varios niveles biológicos a la vez. Reconoce, sin embargo, que el mecanismo exacto sigue siendo desconocido. Los efectos adversos descritos en la literatura incluyen edema leve, cefalea y mareos que suelen resolverse en pocos días.

La tentación de convertir una anécdota en promesa es enorme, especialmente en China, donde la demencia ha crecido con rapidez. Datos citados por la prensa hablan de un aumento desde unos 4 millones de personas afectadas en 1990 hasta alrededor de 17 millones en 2021. Ese contexto explica el interés por terapias no farmacológicas, pero también las derivadas comerciales. Un ejemplo reciente fue la promoción de la cirugía de anastomosis linfático‑venosa como supuesta «cura», hasta que en julio de 2025 se prohibió su publicidad como tratamiento comercial.

Mientras tanto, otras vías no invasivas avanzan con una base experimental más sólida. Una de ellas es la estimulación auditiva a 40 Hz. Investigadores de la Academia China de Ciencias aplicaron una hora diaria de sonido a esa frecuencia durante siete días en macacos rhesus ancianos, de entre 26 y 31 años, que presentaban acumulaciones espontáneas de beta‑amiloide, un rasgo clave de la fisiopatología del Alzheimer. Tras la intervención, los niveles de proteínas amiloides en el líquido cefalorraquídeo se triplicaron y permanecieron elevados durante cinco semanas. La hipótesis es que la estimulación facilita la «limpieza» o el transporte de esos compuestos desde el tejido cerebral hacia el compartimento espinal. No es una cura, pero sí una señal biológica consistente y potencialmente escalable.

Aquí entra un tercer elemento, menos vistoso que un vídeo viral pero crucial para la medicina de precisión: la genética poblacional. Un estudio de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Hong Kong (HKUST), publicado en «Alzheimer’s & Dementia», identificó un factor de riesgo particularmente relevante en la población china: la variante genética TREM2 H157Y. Los resultados son contundentes. Esta variante aumenta el riesgo de desarrollar la enfermedad, se asocia con una progresión clínica más rápida y con una neurodegeneración más severa. Aproximadamente 1 de cada 200 personas chinas con Alzheimer porta esta mutación.

La historia de la madre de Sun puede señalar una vía terapéutica real, también puede ser un efecto transitorio o una coincidencia mal interpretada. La diferencia entre esperanza y evidencia se llama ensayo controlado, medición objetiva, seguimiento prolongado y transparencia de datos.