Cultura

Ortega y Gasset: "Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo"

Esta frase refleja la idea orteguiana de que la vida es proyecto. El ser humano no está acabado, no tiene una esencia fija y está siempre "haciéndose"

En 1915, teníamos a personajes ilustres como Ortega y Gasset que firmaban manifiestos
Ortega y Gasset: "Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo"archivoAgencia EFE

No somos libres. Nadie es libre. Nuestras decisiones, elecciones y circunstancias están condicionadas por elementos ajenos a nosotros. Nuestro entorno determina cómo nos sentimos, la percepción que tenemos de nosotros mismos y cómo nos ven los demás. Aunque sintamos que somos libres porque nadie nos impide tomar decisiones, es importante comprender que esas decisiones no las hemos tomado desde una posición de total libertad. Nuestra percepción de lo que está bien o mal depende de la educación que nos hayan dado y de cómo nos hayamos desenvuelto en este mundo.

Que no seamos libres no quiere decir que estemos plenamente condicionados. Aunque nuestra forma de ver el mundo haya sido determinada por nuestras circunstancias, también tenemos capacidad para entender aquellos aspectos de ella que no nos gustan y tratar e combatirlos. Los errores tienden a repetirse y a heredarse, y en ocasiones lo más sencillo es huir y dar la espalda a aquellas carencias que quizás tenían nuestros padres y que cada vez somos más conscientes de que las tenemos nosotros.

No somos absolutamente libres (porque hay circunstancias que se imponen), pero tampoco estamos completamente determinados. Hay un margen de decisión. La vida es proyecto. Y el proyecto se construye con lo que hay, no con lo que idealmente querríamos que hubiera. El gran filósofo y ensayista español Ortega y Gasset reflexionó sobre este concepto y dejó una frase que hoy en día sigue resonando en la cabeza de sus seguidores: "Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo"

La inseparabilidad del yo y el mundo

La frase “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo” rompe con la idea de que el individuo pueda entenderse aislado del mundo que lo rodea. Ortega afirma que el ser humano no es una entidad independiente, sino una realidad que siempre está situada. No existimos en abstracto: vivimos en un contexto concreto, en una época determinada, en una sociedad con valores, problemas y creencias específicos. Por eso, el “yo” no puede separarse de su circunstancia; ambos forman una unidad inseparable.

Esto no supone que no haya margen de mejora y que el yo en su esencia no pueda mejorar o transformarse. Las circunstancias determinan nuestra vida. En ocasiones la limitan, y en otras la mejoran, pero es esencial enfrentarse a ellas sean cuales sean y tratar de vivir lo mejor posible en cada contexto.

La responsabilidad personal

En esta reconocida cita del intelectual, “salvar la circunstancia” puede interpretarse como comprometerse con la realidad en la que uno vive. No huir. No desentenderse. Si mi sociedad está atravesando problemas, ignorarlos también me afecta a mí. Hay una dimensión ética ahí: no puedo realizarme como individuo si mi entorno se deteriora.

Esto conecta mucho con temas actuales: desigualdad, polarización, crisis climática, cultura digital… ¿Podemos “salvarnos” individualmente si el entorno colectivo se degrada?

Cuando Ortega habla de circunstancia no se refiere solamente al espacio material que rodea al individuo. La circunstancia incluye la cultura, el tiempo histórico, las ideas dominantes, las tradiciones, la educación recibida e incluso las expectativas sociales. Todo esto influye en nuestra forma de pensar y actuar. No elegimos el punto de partida de nuestra vida, pero sí debemos asumirlo. La circunstancia no es algo opcional: es el marco dentro del cual construimos nuestra existencia.

La vida como proyecto

La frase también refleja la idea orteguiana de que la vida es proyecto. El ser humano no está acabado; no tiene una esencia fija. A diferencia de una piedra, que simplemente es lo que es, el hombre está siempre “haciéndose”. Esto implica responsabilidad: debemos decidir quién queremos ser dentro de las posibilidades que nos ofrece nuestra circunstancia. Vivir es elegir constantemente, y cada elección contribuye a dar forma a nuestro propio ser.