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Habilidades

¿Qué significa psicológicamente la capacidad de doblar la lengua en forma de "U"?

Durante años se enseñó en las aulas que se trataba de un rasgo genético dominante. Estudios con gemelos monocigóticos, genéticamente idénticos, han demostrado que no siempre ambos comparten la habilidad

¿Qué significa psicológicamente la capacidad de doblar la lengua en forma de "U"? Pixabay

No todo el mundo puede hacerlo. Lo has intentado y no te sale. O quizá sí, y formas parte del porcentaje de personas que logra doblar la lengua en forma de “U”, el famoso “taquito” que durante años se consideró una simple curiosidad genética.

El paso del tiempo nos cambia por fuera, pero también nos recuerda que el cuerpo es un pequeño laboratorio de habilidades únicas. Y esta, aunque parezca trivial, lleva décadas intrigando a científicos y profesores de biología. ¿Es realmente un rasgo hereditario? ¿Se puede aprender? ¿Dice algo sobre nuestra personalidad?

Un gesto que no todos pueden hacer

La lengua humana está formada por un complejo sistema de músculos que trabajan de manera coordinada para permitirnos hablar, tragar, estirarla o curvarla. Sin embargo, la capacidad de doblarla en forma de “U” no es universal. Distintos estudios estiman que entre el 65% y el 81% de la población puede hacerlo.

Durante años se enseñó en las aulas que se trataba de un rasgo genético dominante. Si uno de tus padres podía hacerlo, tú también. Pero la ciencia ha ido matizando esta idea.

Estudios con gemelos monocigóticos, genéticamente idénticos, han demostrado que no siempre ambos comparten la habilidad. Si fuera un rasgo puramente hereditario, deberían coincidir siempre. El hecho de que no sea así apunta a que la genética influye, pero no lo determina todo.

¿Se puede aprender?

La pregunta clave es si cualquiera puede conseguirlo con práctica. Un experimento clásico realizado en la década de 1960 por estudiantes de la Universidad de Delaware intentó enseñar a diez personas que no sabían enrollar la lengua. Tras un mes de entrenamiento, solo una logró hacerlo.

Eso sugiere que, aunque existe cierto margen de aprendizaje, no es sencillo. La habilidad depende de la coordinación neuromuscular fina, la flexibilidad de los músculos linguales, la forma del paladar e incluso factores relacionados con el desarrollo en la infancia.

No solo se trata del “taquito”. Existe una versión más compleja, el llamado “trébol”, una forma de tres pliegues, que apenas un 15% de las personas puede realizar.

La conexión entre lengua y cerebro

Más allá de lo físico, algunos investigadores han explorado una posible relación entre esta habilidad y ciertos rasgos cognitivos. Según publicaciones divulgativas como Gizmodo, doblar la lengua podría estar vinculado con áreas cerebrales relacionadas con la resolución de problemas y la creatividad.

No se trata de un indicador de coeficiente intelectual, pero sí podría reflejar una coordinación motora fina asociada a mayor conciencia corporal y regulación emocional.

Algunas hipótesis incluso apuntan a que quienes logran hacer el “trébol” tienden a mostrar mayor extroversión, mientras que la simple “U” podría relacionarse con perfiles más introspectivos. No obstante, estas asociaciones todavía requieren más evidencia científica sólida.

¿Genética, práctica o ambas?

La conclusión más aceptada hoy es que la habilidad para hacer “taquito” la lengua surge de una combinación de factores: predisposición genética, desarrollo muscular, experiencia y práctica.

El cerebro juega un papel esencial. Los movimientos precisos de la lengua dependen de centros motores que pueden fortalecerse mediante repetición, igual que ocurre con cualquier otra habilidad motora fina.

Así que si no puedes hacerlo, no significa nada negativo. Y si sí puedes, tampoco te convierte en un genio. Es simplemente un pequeño recordatorio de que el cuerpo humano sigue guardando misterios fascinantes en los gestos más simples.

La próxima vez que alguien en una reunión saque la lengua en forma de “U”, quizá ya no lo veas solo como un truco curioso, sino como un ejemplo más de cómo mente y cuerpo están mucho más conectados de lo que creemos.