Semana Santa
Ser costalera, la conquista cofrade por la igualdad se resiste
Dos estudios certifican la discriminación femenina de facto para cargar con Cristo y la Virgen
Llevan a Cristo y a la Virgen a sus hombros o a sus espaldas en, al menos, 421 pasos de 159 municipios, más de la mitad andaluces. Son las mujeres una minoría bajo los pasos, pero ya tienen voz y visibilidad tras romper uno de los muchos techos de cristal de la Semana Santa cofrade. Este es el resultado del exhaustivo estudio elaborado por el catedrático emérito de Psicología de la Universidad de Sevilla, Rafael Moreno Rodríguez, y la profesora María Jesús Cala Carrillo. Juntos han publicado «Costaleras» (Almuzara), una obra en la que abordan el perfil de las mujeres que han decidido ser algo más que nazarenas, manolas o hermanas mayores. «Surgió en octubre de 2023, cuando conocí a Esperanza Bazán, una mujer que viviendo en Sevilla. Lleva más de veinte años sacando pasos, desplazándose a otras localidades para ejercer su tarea como costalera al no poder hacerlo en la suya», relata Moreno. El investigador es consciente de que ellas tienen que «moverse en un mundo muy mayoritariamente de hombres, en muchos casos remisos e incluso decididamente opuestos a aceptarlas, actitudes que también muestran algunas mujeres». A la vista está, a la luz del revuelo generado en estas últimas semanas por la negativa de la Cofradía de la Purísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo de Sagunto a toda presencia femenina.
En su estudio, que parte de 400 entrevistas a mujeres costaleras y dos años de análisis de este fenómeno creciente, Cala y Moreno analizan cómo en cuarenta años las mujeres han ido ganando terreno. Aunque no hay ningún estudio histórico que lo certifique, en el calendario se marca 1987 como el año en el que las mujeres conquistaron el costal. Es cuando la Real Cofradía de La Expiración de la localidad jienense de Jódar se convierte en la primera hermandad de Andalucía en incorporar cuadrillas mixtas. A la vez, en Albacete, se ponía en marcha la Cofradía Santa María Magdalena, la primera de España fundada y dirigida solo por mujeres, aunque hoy también es mixta.
Los autores del libro subrayan cómo,a pesar de estos referentes, ellas se tienen que enfrentar a «descalificaciones, insultos y tratos vejatorios». A las puertas cerradas a cal y canto en algunas cofradías, la investigación añade cómo en otras hermandades «obstaculizan su labor al no prestarles apoyos a las que han aceptado e incorporado, planteándoles exigencias o requisitos, percibidos como no necesarios, y menos aún cuando ocurre que no se les pide también a los hombres». En algunas entidades, se llega incluso a revisar con lupa su presencia, aun cuando inicialmente se las ha aceptado, incluso descartándolas de manera arbitraria en la igualá, el ensayo clave en el que el capataz mide y organiza a los costaleros por altura para formar las cuadrillas que portarán los pasos. Nerea, una joven cordobesa de 23 años, ha denunciado hace justo una semana ante la Policía Nacional a la hermandad de los Dolores por descartarla para portar al Cristo de la Clemencia por discriminación de género. La cofradía sostiene que los criterios son «estrictamente técnicos y de equidad». Hace un año ya la excluyeron asegurando que la cuadrilla ya estaba cerrada cuando convocaron la igualá.
Situación injusta
Así pues, de poco serviría que las normas de las diócesis ya ratifiquen la igualdad en las hermandades. ¿El argumento más manido para este veto? «Se dice que no tienen fuerza, pero existen más de 420 casos en los que participan las mujeres, y los capataces que trabajan con ellas aseguran que son capaces de hacerlo con la misma técnica que los hombres, e incluso con mayor fuerza mental», escriben los especialistas. Por todo ello, los dos investigadores determinan que se trata de una «situación injusta», máxime «en ambientes cristianos en los que se está planteado como fundamental un principio de amor al próximo».
Lo cierto es que, al igual que sucede en los demás espacios eclesiales, ellas son mayoría. Lo corrobora una investigación del profesor Daniel Marín Gutiérrez, de la Universidad Pablo de Olavide, que habla de un proceso de feminización de las hermandades, al menos en Andalucía, territorio en el que se circunscribe su informe. Ellas representan el 54,1% de quienes pertenecen o han pertenecido a ellas, expone en su radiografía sociológica de las cofradías.
«Aunque en el último tercio del siglo XX y en los albores del siglo XXI se haya alcanzado la igualdad jurídica, aún se nota una escasa presencia de mujeres en roles destacados», relata, deteniéndose en funciones como las posiciones directivas en el gobierno de las cofradías, la dirección de bandas de música, la conducción de pasos y tronos o costaleras, cargadoras y mujeres de trono. De la misma manera, alerta de falta de «socialización cotidiana dentro de las hermandades». Para el sociólogo, este contexto contribuye a su «invisibilización en el cofradierismo» dentro de un proceso encaminado a la «normalización».