Casquería
¿Un pastel de vísceras? El reto que aterra a los famosos
El estreno hoy en La 1 de una nueva entrega de "Top Chef: Dulces y Famosos" reta a los concursantes a crear postres con ingredientes cárnicos
La televisión pública ha decidido que la repostería ya no es solo cuestión de azúcar y harina, sino de tener el estómago bien asentado. Tras la reciente salida de Eva Isanta, que tropezó con una tarta de queso, el programa que conduce Paula Vázquez en La 1 sube hoy la apuesta con un ingrediente que suele habitar en el barro de los mercados y no en los escaparates de lujo: la casquería. Elaborar un postre con vísceras es un ejercicio de funambulismo culinario donde la técnica debe camuflar lo rudo para encontrar la finura del paladar, un reto que dejará a celebridades como Belén Esteban o Luis Merlo navegando entre la sorpresa y el desconcierto más absoluto.
La jornada no solo será un test de valentía ante los fogones, sino una clase magistral de supervivencia en directo. Los jueces Osvaldo Gross y Eva Arguiñano abandonarán su cómodo pedestal de críticos para ponerse la chaquetilla y cocinar frente a los aspirantes. No habrá margen para el despiste: los famosos deberán replicar cada movimiento, cada corte y cada gramaje con la precisión de un cirujano. En un ecosistema donde Desirée Vila defiende su título de "pastelera top" con un trabajo incansable, seguir el ritmo de los maestros será la diferencia entre el aplauso o la puerta de atrás de los estudios de RTVE.
La elección de la casquería como motor narrativo no es una excentricidad gratuita, sino una reivindicación de la cocina de aprovechamiento llevada al límite del "glamour". Figuras como Marina Castaño o Ana Morgade tendrán que demostrar que su creatividad es capaz de maridar lo impensable, transformando lo que habitualmente termina en un guiso tradicional en una delicatessen de vanguardia. Es un triple salto mortal donde la objetividad del jurado, liderado por un implacable Paco Roncero, no tendrá piedad con aquellos que no sepan equilibrar la potencia del ingrediente con la delicadeza que exige el título de mejor pastelero de España.
El desarrollo de esta prueba determinará quién posee la capacidad de observación necesaria para no perderse en el caos del directo. Ver a Benita Castejón o a Roi Méndez intentando no quemar el caramelo mientras vigilan el paso de los jueces aporta esa frescura de lo real, de lo que no puede ensayarse. La técnica se convierte aquí en la única tabla de salvación para un reparto que, semana tras semana, descubre que la repostería es una disciplina de hierro disfrazada de seda.
En términos de producción, "Top Chef: Dulces y Famosos" ha logrado que el espectador conviva con la tensión del error fatal. La posibilidad de que un mal paso con la casquería arruine horas de esfuerzo es el imán que mantiene a la audiencia pegada a la pantalla. La narrativa del programa aprovecha ese vértigo para construir un relato donde los afectos y las alianzas entre los 16 concursantes se ponen a prueba bajo el calor de los hornos. No se trata solo de cocinar; se trata de interpretar una partitura compleja donde el ingrediente principal es, paradójicamente, el que menos invita al dulce.
Al final, la jornada de hoy será recordada como el día en que la pastelería bajó a las trincheras. El resultado de este experimento culinario nos dirá mucho sobre la evolución de unos famosos que empezaron batiendo huevos con miedo y ahora se atreven con la casquería fina.La 1 y RTVE Play ofrecen una ventana a esa cocina que no entiende de prejuicios, recordándonos que el arte, en cualquiera de sus formas, nace muchas veces del desafío más inesperado. La suerte está echada, y el postre, esta vez, viene con más nervio que nunca.