Entrevista
Lucía Martín: «Chesca es el personaje de mi carrera que más se va a quedar a mi lado»
La intérprete sudará sangre como la visceral Chesca en esta tercera entrega de la serie
Lucía Martín (Madrid, 1993) deja que su fuerza natural impregne a los personajes que interpreta. Ahora estrena «La nena», la tercera serie del universo creado por Carmen Mola, con quizá su papel más complejo. Ella es Chesca, la visceral «perro de presa de la BAC». Hablamos con la actriz del final de este viaje y de lo que nos depara la ficción.
¿Cómo se prepara un papel como el de Cheska con un arco argumental así?
Con el arco empezamos con una base muy poderosa, que es la que nos brindaba Paco Vabezas como director. Y luego, por supuesto, los guiones que nos entregaban desde «La novia gitana». Chesca es un personaje que personalmente me atrajo mucho, porque te puede caer muy bien o te puede caer muy mal. Que creo que al final este fenómeno lo han vivido muchas lectoras y lectores y también las espectadoras y espectadores. Es un personaje que no respira como los demás; que no trata de caer bien; y que tiene una personalidad bastante complicada, podríamos decir. Es una persona bastante visceral; se toma muy en serio su trabajo, todo ese núcleo familiar que ella considera que es la BAC. Es un perro fiel desde la primera temporada del personaje de Elena Blanco. En esta tercera temporada, al igual que en la segunda, Chesca no deja de pasar por lugares tremendamente oscuros. Al final, lo que he hecho es, lamentablemente, basarme en muchas mujeres de mi vida. He tenido en cuenta a muchas mujeres que me han acompañado desde que soy pequeña. Y que lamentablemente han tenido situaciones de abuso y de acoso. También Paco, como tiene esa forma de contar el horror con tantísima elegancia y tantísima sutileza, lo que permite es que los espectadores no quiten la mirada de la televisión o del ordenador, pero poder contar ese horror desde otro lugar con otros matices, que a mí eso me parece extremadamente difícil. Porque de un tiempo a esta parte mucha gente en la ficción se ha subido al carro del thriller, pero me da la sensación de que se han hecho más desde otro lugar, igual un poco más comercial o buscando un poco más ese efecto de acción, y Paco lo hace con una sensibilidad brutal. Entonces, contar todo lo gordo que teníamos que contar de Checa con esta cantidad de características y bajo las órdenes de Paco para mí era un reto, pero también había mucha parte de investigar, de ver qué pasaba en el set. Porque con Paco se pactaban muchas cosas, pero luego lo que ocurre en el set puede ser completamente distinto y esto, como actriz, es algo muy seductor.
Establecisteis al personaje y su evolución.
Ese cambio evolutivo, sobre todo en el personaje de Chesca, lo vimos en la secuencia de «La red púrpura» cuando están en la cárcel Elena y Chesca y en un momento mi personaje en el pasillo le dice: «Mira, Buendía no puede encargarse de esto; Mariajo no se puede meter en la organización; Orduño tampoco, y tú no puedes porque estamos hablando de tu hijo. Solo quedo yo». Ahí creo que Chesca realmente cobra una importancia vital y a nivel de trama, lo que pasa es que lo que no esperamos es que vaya a pasar lo que ocurre en el desenlace de la de «La red púrpura», que es básicamente que se la cargan en muchos aspectos; la la rompen y la destrozan a nivel físico y a nivel psicológico. Porque Dimas, que es algo también muy interesante que propusieron Paco y Roberto Álamo, lo que dice es: «No, no voy a hacerte desaparecer para que ese sea el mensaje. Tú vas a ser el mensaje». Es decir, vas a llegar tan sumamente dañada que eso es lo que a mí me va a servir para que a la BAC le quede claro que aquí tiene que dejar de meter la pata y tiene que dejar de investigar y tiene que dejar de bucear en la red púrpura. Y entonces ahí es cuando se quiebra por completo Chesca. El tema es que al final, en una de las últimas escenas, en el hospital, Chesca lo que le dice a Orduño es: «Se equivocaron de persona. Me tuvieron y me tendrían que haber matado y no lo hicieron». Entonces, ahora lo que tenemos es un animal completamente destrozado, pero con una visceralidad y con una fuerza que nadie se espera. Y esto con Paco lo hablamos mucho porque iba a haber situaciones, obviamente, de mucha acción, de mucha sangre y muy delicadas de contar. Yo estaba tranquila, ya te digo, porque estaba Paco dirigiendo y tiene todo este marco de elegancia, de sutileza y de tratar a las espectadoras y espectadores desde un lugar bastante inteligente. Lo bonito también de esta trilogía y de esta tercera temporada es que no damos la información mascada y no consideramos que no van a entender las cosas, y eso también nos ayuda para contarles toda esta historia en un código que no hace falta ser explícitas todo el tiempo. Creo que eso también a muchos espectadores les generaría demasiado horror y no querrían verlo. La visión que teníamos Paco y yo de todo lo que íbamos a contar de Chesca, creo que lo hace sumamente atractivo, porque estamos llevando a cabo, por así decirlo, la fantasía de muchas mujeres que han sufrido acoso y abuso, que han estado en situaciones muy vulnerables y tremendamente injustas, y lo que estamos llevando a la ficción es, por así decirlo, el imaginario que seguramente todas tuvieron en su momento, que tiene muchísima venganza, pero que no pudieron llevar a cabo. Y eso para mí, hacerlo con el personaje de Chesca de la mano de Paco como mujer, creo que nunca se ha hecho o nunca se ha contado de esta manera a nivel nacional en el mundo de la ficción. Es algo muy poderoso y es una serie muy completa.
Con esa perspectiva, ¿cómo consigue salir de Chesca?
Me pasaba muchas veces, te voy a ser honesta, que a veces podía llegar a casa y en una o dos horas, por hablarte así como de tiempo determinado, de repente la soltaba; hablaba con mi cuerpo.Había una parte donde yo le explicaba que esto que habíamos transitado no pertenecía a la vida real, pero el cuerpo no deja de ser algo muy complejo y lo que te dice es: «Desde la cabeza y esa parte mental me estás diciendo que esto no ha ocurrido, pero yo lo he vivido con la respiración, con los golpes, con estos picos de adrenalina inhumanos. Entonces, había días que costaba menos y había días que me tenía que meter en la ducha, me tenía que ir a dormir, con todo lo que habíamos vivido con Chesca hace días en el set. Contaba con ello porque eso para mí forma parte de mi profesión y de ser actriz. Chesca, a día de hoy, no se ha ido y no sé hasta qué punto se va a ir. De hecho, puede ser que de mi carrera el personaje que más tiempo se quede de mi lado. Hemos vivido muchísimas cosas y quizás si la tercera temporada se hubiera planteado desde otro lugar, pues la despedida hubiera sido más fluida y más orgánica, pero la tercera temporada ha sido tremenda. Entonces, aquí seguimos las dos y si tienen que seguir siendo así, pues que siga así.
¿Al final, por fin el espectador va a encontrar alguna diferencia entre venganza y justicia?
Creo que sí. Desde el departamento de guion han querido marcar esa diferencia. En ese dilema eterno que tenemos, esa diferenciación la van a vivir mucho con Elena Blanco y Chesca. Elena cerró su círculo y va a llevar una bandera más ligada a lo que podría ser la justicia enmarcada en un sistema como el actual. Pero Chesca carga con una cantidad de heridas que no le permiten ajustarse a esa definición de justicia y necesita gestionarlo de otra manera. Y entonces pone el foco en la venganza que necesita.