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Estreno
"The Audacity": El sueño americano (podrido)
AMC+ acaba de estrenar la nueva serie del creador Jonathan Glatzer («Succesion»), «The Audacity», sobre la burbuja «tech» de egos y ética rota en Silicon Valley

Seamos sinceros: nos encanta el sueño americano de montar una empresa tecnológica en el garaje y luego vivir del cuento y sus ingresos el resto de la vida. Sin embargo, mientras grandes nombres «tech» de nuestro tiempo demostraron que poseían algo más, el actual ecosistema de Silicon Valley ha encumbrado a una serie de tipos que merece la pena caricaturizar. Por eso es tan genial «The Audacity», la serie que acaba de estrenar AMC+, creada por el ganador de los premios Emmy®, Peabody®, WGA® y PGA®, Jonathan Glatzer («Succession»), protagonizada por Billy Magnussen y Zach Galifianakis. Ambientada en la burbuja de Silicon Valley, la serie, desde Palo Alto, aborda los sueños distorsionados, los egos desmesurados y los lapsos éticos de los autoproclamados inventores del futuro. Nuestra mirada va dirigida por el ambicioso CEO de minería de datos Duncan (Magnussen), cuya máxima es «más que el dolor físico, lo que temo es la humillación».
Tras un primer éxito, reinvirtió su fortuna en fundar la empresa «Hypergnosis», cuyas oficinas están llenas de lujos, accesorios al trabajo principal. Recientemente se ha rumoreado que iba a ser adquirida por el gigante Cupertino, lo que podría elevar mucho su valor, salvo si Duncan comete el error de filtrar la noticia. Ante la disyuntiva de perderlo todo y arruinarse, el protagonista recurrirá a todas las faltas éticas posibles e imaginables. Su primera idea es hablarlo con su terapeuta, Joanne Felder (Sarah Goldberg), que resulta tener sus propios intereses, pero que tendrá que enfrentarse a una divertidísima persecución por toda la ciudad de uno de sus pacientes. Porque tiene más, entre ellos a Carl Bardolph (Galifianakis), un pionero de la era «tech», podrido de dinero pero casi inalcanzable para Duncan como inversor (y violento). Nuestro CEO también tiene problemas maritales con su esposa Lili Park-Hoffsteader (Lucy Punch), entregada a su propia visión del mundo y del poder —y que reúne a un comité de expertos para organizar la vida universitaria de su hija Harper (Jess McLeod). También pueblan este universo, Martin Phister (Simon Helberg) un solitario inventor que intenta mantener su ética a pesar de Silicon Valley y de estar casado con Anushka Bhattachera (Meaghan Rath), directora de innovación Ética de Cupertino y compinchada con Duncan por el mismo deseo de poder (y algún escarceo). Completan el reparto Rob Corddry como Tom Ruffage, viejo militar que busca caridad entre las grandes empresas tecnológicas para su proyecto de asociación de veteranos y que conocerá de primera mano la crueldad y lo absurdo de todo (la escena de la barbacoa tejana es de llorar); Paul Adelstein como el Dr. Gary Felder (esposo de la psicóloga), que también caerá en las trampas de Duncan y su casa «modo avión»; Everett Blunck como el joven Orson Stern, encerrado en casa con dos terapeutas y que busca su propio camino, no sin causar problemas más graves de lo que se podía imaginar; Thailey Roberge como la hija pasota a la que persiguen los problemas, Tess Phister; y Ava Marie Telek como Jamison Park‑Hoffsteader, con Randall Park como estrella invitada en el papel de Gabe, el director financiero sin escrúpulos de una empresa de minería de datos.
La burbuja tech está por todas partes en «The Audacity», con casoplones llenos de caballos y cochazos; también hay multimillonarios (tontos) desencantados, psiquiatras-gurús, «tech bros» biohackeados, laboratorios de IA y adolescentes desilusionados que son «optimizados» en escuelas privadas de élite.
Pero quizá todo llegue a tomar el cariz de sólo anecdótico. Como «sketches» que no tienen nada que ver, salvo criticar la avaricia de estos personajes modernos, y ponerlos juntos sin que encajen del todo. Destacan sobre todo papeles. El de Magnussen, que está delirantemente triste embutido en su ropa de marca y su pelo a la moda y que, debajo de toda la podredumbre de su manera de actuar, es un «pobretón», que dirían en mi tierra. El otro caso es el de Goldberg, que sabe como nadie ocultar a una psicópata («ahora quiero un arma») detrás de una indefensa ama de casa con ínfulas.
«The Audacity» tiene momentos memorables, como el viaje con ayahuasca, pero podría perderse en la velocidad de la narración anclada a ciertos clichés que le restan frescura. Duncan llega a decir que el mérito de los poderosos «tech» es que «estamos fuera mirando hacia dentro», cuando debería mirar desde dentro cómo los demás vemos fuera esta historia sin comprenderla del todo.
Silicon Valley en el centro de las críticas
►«The Audacity» se entiende mejor como una sátira de la era post-«Succession»: comparte el gusto por los diálogos punzantes, los personajes moralmente quebrados y la anatomía del poder, pero cambia el tablero empresarial de los medios por el de Silicon Valley y la fiebre de la IA. La comparación con «Succession» es lógica porque Jonathan Glatzer viene de ese universo creativo y porque la serie quiere mirar a los nuevos magnates tecnológicos con la misma ferocidad con la que Jesse Armstrong diseccionó a los Roy. Otra similitud es que toma las relaciones de poder entre familiares, pareja, socios como campo de batalla corporativo, incluyendo las terapias.
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