Viajes

Buenos Aires, la seducción de un destino obligado


Mientras Europa se refugia del frío y la lluvia, la capital argentina despliega su versión veraniega e invita a vivir la ciudad en la calle

Buenos Aires, Puerto Madero, puente de la Mujer. Argentina
Vista del icónico Puente de la Mujer en Puerto MaderoDreamstime

Intensa y caótica, magnética y elegante. Sí, Buenos Aires es todo eso y algo más. Mezcla de arquitectura europea, nervio latinoamericano y una creatividad inagotable, la capital argentina desborda una personalidad arrolladora, donde la vanguardia de los distritos de diseño y la solera de los barrios tradicionales conviven bajo una luz que, en estos meses, adquiere un matiz único.

Elegir Buenos Aires en este momento del año permite ser testigo de la transición del intenso calor veraniego a la melancolía dorada del otoño. Es el clima ideal para explorar la ciudad a pie, disfrutar de la agenda cultural —como el festival Lollapalooza Argentina, que se celebra en marzo— y descubrir, con la intensidad que merecen, sus postales más icónicas.

De la vanguardia al patrimonio

Chacarita se consolida como uno de los barrios más cool del país. Lejos del circuito turístico masivo, calles como Jorge Newbery esconden vinotecas de nicho y restaurantes de cocina de producto que conviven con talleres de artistas. Este dinamismo fluye hacia el centro histórico, donde la Plaza de Mayo permanece como el kilómetro cero de la memoria argentina. Flanqueada por la Casa Rosada y la Catedral, la plaza es el prólogo para avanzar hacia el famoso Obelisco.

A poco menos de una hora a pie, la metrópoli recupera su faceta más señorial en Palermo Chico, un reducto de palacios donde el diseño de vanguardia se funde con el trazado europeo. Y ya en el Parque Tres de Febrero, marzo regala la última gran función del Rosedal: un despliegue de color que desafía al calendario justo antes del otoño.

Librería de mítico hotel en Palermo Soho, Buenos Aires, Argentina
Librería de mítico hotel en Palermo Soho, Buenos Aires, ArgentinaDreamstime

Para quienes buscan la mejor instantánea de esa Buenos Aires parisina, la avenida Alvear, en Recoleta, es una parada obligatoria. Es un desfile de palacios neoclásicos y embajadas que albergan aún hoy algunas de las boutiques más exclusivas de la ciudad. Caminar por aquí al atardecer, cuando las fachadas se iluminan, es entender por qué se la conoce como la «capital europea» de América. Este aire aristocrático culmina en el Cementerio de la Recoleta, una joya arquitectónica de mausoleos y esculturas donde descansa Eva Perón, y se extiende hasta las butacas de terciopelo del Teatro Colón, cuya acústica lo sitúa al nivel de la Ópera de Viena.

Muy cerca se encuentra El Ateneo Grand Splendid, una librería situada en un antiguo teatro conservado íntegramente. Es, sin duda, una de las librerías más bonitas del mundo y un refugio perfecto para una tarde. Y si lo que se busca es un estallido de color y diseño, el Pasaje Russel, en Palermo Soho, es un alto imprescindible. Esta callecita empedrada, de arte urbano, fachadas de colores y plantas trepadoras, parece diseñada para Instagram y para capturar, en un solo encuadre, la esencia más creativa y espontánea de la capital.

Gastronomía y arte

Habitar los monumentos a través de la mesa es un privilegio que Buenos Aires concede en sus rincones más inesperados. El restaurante del Museo de Arte Decorativo encabeza esta lista de espacios donde el patrimonio se vive sin prisas. Situado en el imponente Palacio Errázuriz Alvear, Croque Madame Café invita a almorzar bajo sus techos de inspiración francesa o en sus jardines neoclásicos.

La identidad rioplatense encuentra su escenario en la casona de 1923 que alberga el restaurante del Museo Evita. Declarado Lugar Histórico Nacional, este espacio, ubicado en el barrio de Palermo, conserva un patio andaluz que funciona como un enclave de resistencia frente al bullicio exterior.

Avanzando hacia la ribera sur, la panorámica se transforma radicalmente desde la Fundación Proa. En este centro de arte contemporáneo, la experiencia gastronómica se enmarca en el paisaje histórico de la orilla. Desde este espacio elevado, las vistas se abren al Riachuelo, al icónico Puente Transbordador Nicolás Avellaneda y al carácter singular del barrio de La Boca, donde las casas de colores de Caminito mantienen vivo el pulso del tango callejero. Este rincón popular encuentra su contrapunto moderno en Puerto Madero: el distrito más joven de la ciudad, donde los antiguos diques de ladrillo conviven hoy con rascacielos de cristal y el Puente de la Mujer, dibujando su perfil más cosmopolita.

Buenos Aires, por estos y otros muchos atractivos, termina siendo una adicción. Una capital con un carácter que, una vez descubierto, obliga al viajero a querer volver siempre.