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Cronoterapia: la ciencia demuestra su potencial para tratar la obesidad y la diabetes

Una creciente evidencia científica avala los resultados de esta terapia en ámbitos tan distintos como Nutrición u Oncología, aunque su aplicación en la práctica médica es aún muy minoritaria

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09 de octubre de 2017. 18:27h

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Eva S. Corada 9/10/2017

Este lunes se daba a conocer que el Premio Nobel de Medicina recaía en Jeffrey C. Hall, Michael Rosbash y Michael W. Young en reconocimiento a sus investigaciones para desentrañar los mecanismos moleculares que regulan los ritmos circadianos. O, dicho de otra forma, de nuestro reloj interno.

«Sus descubrimientos explican cómo las plantas, los animales y los seres humanos adaptan su ritmo biológico para que se sincronice con las revoluciones de la Tierra», dijo la Asamblea Nobel del Instituto Karolinska de Estocolmo, como la identificación de un gen clave para controlar adecuadamente estos ritmos y al que llamaron «periodo».

Y es que todo en nuestro organismo tiene su orden y sus tiempos. De estudiarlo se encarga la Cronobiología, la ciencia que analiza la relación entre el funcionamiento de nuestra fisiología en relación a la hora del día. Y de la aplicación médica de ésta se ocupa la cronoterapia. La idea es sincronizar los ritmos naturales del organismo con la administración de los medicamentos para que sus efectos coincidan con el periodo crítico de la aparición de los síntomas. Es decir, que la máxima eficacia del fármaco se de en el momento que sea más necesario.

Ya desde principios del siglo XIX se pensaba que, al igual que se prescribe la dosis a la que se debe tomar un medicamento, se debería prescribir la hora. El primero en darse cuenta (o al menos en dejar constancia de ello) ya fue Julien-Joseph Virey quien, en 1814, escribió que «todos los medicamentos no son igualmente indicados a todas las horas». Pero, a día de hoy, el uso de la cronoterapia en la práctica clínica actual es aún muy minoritaria, aunque sus áreas de aplicación son, por contra, muy amplias y variadas: hipertensión arterial (HTA), diabetes, asma o incluso el cáncer son algunas de las patologías cuyo tratamiento podría verse beneficiado por la aplicación de la cronoterapia.

Cronoterapia: la ciencia demuestra su potencial para tratar la obesidad y la diabetes

Quizás en la que más se ha avanzado sea en la HTA, como explica Antoni Díez Noguera, catedrático de Fisiología de la Universidad de Barcelona y ex secretario de la Sociedad Europea de Cronobiología. Si no para tratamiento, pues «al menos para su diagnóstico ya se tiene en cuenta que la presión arterial manifiesta cambios a los largo del día a la hora de evaluar a un paciente». Como ejemplo pone el Hospital de Bellvitge de Barcelona, en el que, cuenta, se utilizan criterios cronobiológicos a la hora de prescribir la medicación. Porque, aunque lo normal es que la tensión baje por la noche, mientras dormimos, y que suba por la mañana, cada persona tiene sus propios ciclos.

Con el objetivo de estudiar los distintos perfiles circadianos de cada paciente la Sociedad Española de Hipertensión-Liga Española para la Lucha Contra la Hipertensión Arterial (SEH-Lelha), puso en marcha en el año 2004 un proyecto –inicialmente llamado Cronopres y posteriormente rebautizado como Cardiorisc– que consistía en la monitorización de la presión arterial durante las 24 horas del día a fin de estudiar las variaciones de ésta a lo largo del día en cada paciente. Tras haber analizado ya la presión arterial de más de 200.000 personas en este tiempo, «aparentemente no hay diferencia en que la medicación se tome por la mañana o por la tarde», asegura Luis Miguel Ruilope, coordinador del Comité Científico de Cardiorisc.

Esta afirmación, sin embargo, contrasta con otros trabajos realizados al respecto, como por ejemplo, el llevado a cabo por Paola Helena Ponte Márquez, del Servicio de Medicina Interna, Hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona, y publicado en la revista «Medicina Clínica» cuya conclusión es que «la administración de parte de la medicación antihipertensiva por la noche podría contribuir a unas menores cifras de presión arterial, lo que plantea la conveniencia de considerar esta estrategia en pacientes con HTA no controlada».

El principal problema es que, para determinar la hora óptima a la que se debe administrar un medicamento hay que tener conocimientos de Farmacología y de Cronobiología, ya que hay que considerar tanto el metabolismo del fármaco como los ciclos circadianos del individuo, lo cual no sólo es complicado, sino que requiere de un tiempo del que, por desgracia, en muchas ocasiones no se dispone.

Cronoterapia: la ciencia demuestra su potencial para tratar la obesidad y la diabetes

Esto se hace especialmente patente en el tratamiento del cáncer con un doble abordaje: de una parte, se ha demostrado en ensayos que el reloj de las células tumorales tiene un horario diferente al de las sanas, por lo que «atacar las células cancerígenas en las horas en las que tiene su máxima expresión permite hacer una terapia más eficaz y menos dañina», asegura Marta Garaulet, doctora en Farmacia, nutricionista, catedrática de Fisiología en la Universidad de Murcia y una de las mayores expertas mundiales en Cronobiología. De otra que, debido a la alta toxicidad de los tratamientos quimioterápicos, aplicados a la hora del día en que resulten menos tóxicos y más efectivos «se ha visto que el margen de seguridad (es decir, la relación entre dosis tóxica y dosis efectiva) se dobla –señala Díez Noguera– pero determinar cuándo es mejor tolerado requiere de estudios muy complicados y difíciles de interpretar». La referencia en esta indicación es el médico francés Francis Levi, hoy ya retirado.

La diabetes es otra de las patologías susceptibles de beneficiarse de un abordaje cronoterápico. «Acabamos de demostrar que la sensibilidad a la insulina varía según la hora del día y la misma cantidad afecta de forma diferente dependiendo del momento en que se administre», cuenta Garaulet, que esta misma semana ha publicado el libro «Los relojes de tu vida». Así se deduce de los trabajos de su grupo de investigación realizados en cultivos de adipocitos de pacientes diabéticos. Por ello, la hora a la que se administra la insulina afecta a la dosis necesaria para producir la bajada del azúcar en sangre.

El trabajo prueba por primera vez, además, que «la sensibilidad de la insulina alcanza su máximo a mediodía (12:00 h) siendo ésta un 54% mayor que a media noche». O lo que es lo mismo: la insulina a las 12:00 de la noche tiene un efecto sobre la bajada de azúcar en sangre mucho menor que si se pincha la misma dosis por la mañana. Esto es así porque a mediodía es cuando nuestro tejido adiposo presenta una mayor sensibilidad a la acción de la insulina.

La hora y la dieta

La aplicación de la Cronoterapia en la alimentación es otra de las grandes áreas de estudio. El primer trabajo que demostraba la relación entre Cronobiología y obesidad fue realizado por el doctor Turek y publicado en «Science». «Desde entonces tenemos claro es que la hora a la que se come influye en el grado de obesidad o la pérdida de peso», asegura Garaulet.

Pero la cosa no se ha quedado ahí y, según los resultados obtenidos en un trabajo desarrollado por esta experta, la hora de la comida era el factor más determinante para adelgazar. En él analizaron a 420 personas durante 20 semanas y vieron que aquellos que comían después de las 15:00 perdían hasta 4 kg menos que los que lo hacían antes de esta hora ingiriendo la misma cantidad de calorías.

Otro estudio, de seis años de duración, realizado en colaboración con el Hospital Clínic de Barcelona en pacientes con obesidad severa que habían sido sometidos a cirugía por diferentes técnicas, puso de manifiesto, nuevamente, que la variable que más afectaba a la pérdida de peso era la hora. «Se analizaron un montón de datos como el sedentarismo o la genética, y vimos que comer después de las 15:00 era lo que más influía en la pérdida de peso, hasta el 70%», asevera Garaulet.

Así que ya sabe: si se pone a dieta, coma temprano.

La hora también importa

Son muchos los tratamientos que, según a qué hora se tomen, aumentan o disminuyen sus efectos.

Aspirina: cuando se toma a las 7:00 a.m. tiene un efecto mucho mayor sobre el dolor ya que entonces permanece en sangre circulando durante 22 horas, mientras que si se toma a las 7:00 p.m. sólo circula 17 horas.

Los antihistamínicos frente a las alergias, como la coproheptadina, cuando se toma a las 7:00 a.m. permanece activo durante 16 horas mientras que si se toma a las 7:00 p.m. dura en sangre la mitad de tiempo.

La cosmética también tiene en cuenta la cronobiología. La piel cambia continuamente y pide cosas distintas según la hora del día –o de la noche– que sea. Tanto es así que las células madre de la piel saben en qué franja horaria no deben dividirse para protegerse en la medida de lo posible de los efectos dañinos de los rayos ultravioleta es gracias a su reloj biológico. Por la mañana necesita fórmulas hidratantes, para captar el agua y que la función «barrera» funcione correctamente; defensoras, porque los radicales libres generados por la contaminación o el tabaco oxidan la piel; y protectoras, sobre todo, de la radiación ultravioleta. Por la noche, en cambio, recupera la energía, reposiciona y fabrica los lípidos cutáneos y las proteínas. También es el momento de regeneración y reparación celular.

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