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La Troika exige a Grecia un ajuste extra de 1.800 millones en dos años

El FMI se muestra reticente a que Bruselas destine más dinero para otro rescate griego

  • Euclides Tsakalotos y Jeroen Dijsselbloem, antes de la reunión de ayer en Bruselas
    Euclides Tsakalotos y Jeroen Dijsselbloem, antes de la reunión de ayer en Bruselas
Mirentxu Arroqui.  Bruselas.

Tiempo de lectura 4 min.

11 de febrero de 2017. 03:13h

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El fantasma de la salida de Grecia de la moneda única vuelve a cernirse sobre la zona euro. El ministro de Finanzas griego, Euclides Tsakalotos, viajó ayer a la capital comunitaria para formar parte de una reunión de urgencia con los acreedores internacionales del país, después de dos días de infarto en los mercados financieros. Los frentes son muchos y dispares, y en la capital comunitaria se reconoce la necesidad de no abrir una nueva crisis antes de la celebración de las elecciones holandesas del 15 de marzo en un momento en el que los sondeos apuntan al candidato ultraderechista Geert Wilders como vencedor. En este contexto, los acredores internacionales de Grecia solicitan al país heleno recortes por valor de 1.800 millones de euros hasta 2018, además de otros 1.800 millones adicionales más adelante, según Reuters.

El propósito es dejar la situación encarrilada en la próxima reunión de los ministros de la zona euro del día 20 de febrero, aunque la Troika tiene previsto viajar a Grecia la próxima semana. Como punto de acercamiento, el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, abrió ayer la puerta a un objetivo fiscal menos severo para Atenas en el año 2018 a cambio de que el país siga realizando recortes y reformas en sus sistema de pensiones y tributario. Un pequeño paso que, sin embargo, deja en el aire la madre de todas las batallas: un aligeramiento de la deuda griega que podría conllevar pérdidas para los gobiernos europeos y que el FMI ve inexorable. El ministro de finanzas germano, German Schaüble, volvió a recordar esta semana que la única reestructuración posible para la deuda griega es fuera de la moneda única.

La situación para el Gobierno de Syriza tampoco es fácil. Aceptar nuevos recortes en capas de población especialmente sensibles como los jubilados o las familias con menos ingresos, aunque fuera a cambio de una meta fiscal más laxa, podría conllevar una nueva crisis de Gobierno y la convocatoria anticipada de elecciones cuando el partido conservación de Nueva Democracia lidera las encuestas. Un escenario ya vivido -como si la zona euro se encontrara ante una maldición de eterno retorno- pero que ahora tiene visos de repetirse en medio de la mayor crisis de credibilidad política de los líderes europeos.

Lagarde no cede

Las espadas están en alto y, como desde hace meses, la fractura mayor se produce dentro de la bancada de la troika. El FMI se resiste a participar con dinero contante y sonante en el tercer programa de rescate griego si los países europeos se siguen oponiendo a abrir la puerta a un alivio creíble de la deuda helena. El organismo, tampoco ve viable el objetivo establecido hasta ahora, que exige a Atenas un superávit primario del 3,5% (descontado el pago de intereses por el pago de la deuda) en el año 2018, y defiende una cifra cercana al 1,5% que ahora los gobiernos europeos parecen dispuestos a debatir.

Esta posición del FMI es bien conocida desde hace meses en los pasillos comunitarios. Sin embargo, en los últimos días, las divergencias han pasado a dirimirse en el plano público. El organismo comandado por Christine Lagarde está dispuesto a seguir ejerciendo su papel de pepito grillo. A pesar de que las discrepancias entre Washington y Berlín son más fuertes que nunca, el ejecutivo de Ángela Mérkel y otros tradicionales halcones como Holanda creen que la participación del Fondo en el tercer rescate es una condición indispensable para que Grecia ponga en marcha reformas de calado.

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