miércoles, 26 abril 2017
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España

1.000 dias de Felipe VI

Felipe VI, el Rey que no quiso liderar una segunda Transición

  • Don Felipe busca su sello propio tras el reinado de Don Juan Carlos: la «normalidad constitucional». Desde el nuevo código de conducta al llegar al Trono, su última medida es no llevar empresarios en el avión de la Fuerza Aérea en los viajes oficiales

Don Felipe estampa su firma en una imagen de archivo
Don Felipe estampa su firma en una imagen de archivo

Don Felipe contempla una de las fotografías de actos oficiales desplegadas por el despacho de su padre en el Palacio Real, debajo del óleo que representa la vista exterior del Palacio de Oriente. Espera a que Don Juan Carlos repase el «dossier» que le han entregado desde Zarzuela con las medidas aperturistas que su hijo, el recién proclamado Rey de España, quiere lanzar. Estamos en 2014 y el ahora Felipe VI, que ha prometido a los españoles «una Monarquía renovada para un tiempo nuevo», pero también continuista del legado de su padre, quiere conocer la opinión del que ha sido el Jefe del Estado de los españoles durante casi 40 años, y que lideró la transición política que basó los cimientos democráticos sobre los que se erige la sociedad actual.

Lejos quedan esos momentos ya. Felipe VI ha cumplido 1.000 días de reinado y la Monarquía que encarna tiene el sello propio que buscó desde el principio para que, como dijera en su discurso de proclamación, los españoles se pudieran sentir «orgullosos de su Rey». Y, para conseguirlo, había que virar el timón ante una sociedad defraudada por la corrupción en las instituciones y con la imagen de la Jefatura del Estado en continuo suspenso en las encuestas nacionales. En definitiva, levantar el ánimo y la confianza del país en sus representantes públicos. La Casa del Rey, con Jaime Alfonsín a la cabeza, se encerró tras los muros de La Zarzuela para desarrollar una batería de medidas enfocadas hacia la mayor transparencia posible para acercar la Casa a los ciudadanos. Entre ellas, someter las cuentas de la Casa del Rey a una auditoría externa, publicar las retribuciones de sus altos cargos o la ejecución presupuestaria. Dentro de las iniciativas de mayor calado, Don Felipe prohibió que los miembros de la Familia Real acepten regalos que superen la cortesía para impedir que comprometan sus funciones, y fijó un código de conducta que garantizara ejemplaridad y honradez. Con el fin de evitar una nueva versión del «caso Nóos», estableció que ningún miembro de la Familia Real podrá desarrollar una labor profesional más allá de sus propias funciones. Sólo faltaba el discurso de Navidad para cerrar los seis meses de reinado y un año en el que, aseguró, «disfrutamos de una estabilidad política como nunca antes en nuestra historia».

Quién le iba a decir mientras pronunciaba esas palabras que un año después España se enfrentaría a una crisis política sin igual en la que un movimiento en falso de la Casa podría tener consecuencias devastadoras para la imagen de la Corona, y los españoles no estaban para segundas oportunidades. Felipe VI se enfrentó a una coyuntura política en su «debut» como Rey, al igual que Don Juan Carlos, sólo que al revés: el Rey Emérito lideró la consolidación del sistema bipartidista democrático, mientras que Don Felipe afrontó la descomposición de ese sistema con el afloramiento de nuevas fuerzas políticas que tenían que encajar apoyos entre sí como si de un Tetris se tratara para formar gobierno. Y, por encima de todo, no quiso liderar. Según informan fuentes cercanas al Rey, Don Felipe quiso dotar a este proceso de «normalidad constitucional» en un papel apenas notorio públicamente, prácticamente en la sombra. «A veces se ha criticado a Don Felipe calificándolo más de notario que de árbitro, pero ante todo un Rey debe ceñirse al periodo que vive y en esta etapa ha sido necesario». Las mismas fuentes, que han vivido los dos reinados, explican que en un momento en que las instituciones han estado más en entredicho que nunca, respetar fielmente las funciones establecidas en la Constitución era fundamental para sacar el proceso político adelante. Y añaden que, en mitad de la coyuntura, si de algo estuvo orgulloso el Rey fue de la demostración de que el bloqueo era político, no institucional.

Pasado el bloqueo y el «caso Nóos», el objetivo del Monarca es abrir la Corona al exterior y recuperar la confianza en el proyecto europeo. Uno de los viajes más relevantes tras la investidura de Rajoy fue el que emprendió a Arabia Saudí a principios de año. Aunque el objetivo del viaje era promocionar las empresas españolas en el exterior, Zarzuela puso énfasis en que la visita tenía el cometido, principalmente, de reforzar los lazos entre ambas Casas Reales. Don Felipe apoyó a nuestras compañías para «meter cabeza» en el nuevo proyecto saudí 2030, pero también marcó distancia, al no llevar a los empresarios en el avión de la Fuerza Aérea, a diferencia de la tendencia habitual de Don Juan Carlos. Según informan fuentes cercanas, en el próximo viaje a Japón la metódica será la misma y sólo viajarán miembros del Gobierno, principalmente de Exteriores y de la Casa.

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