jueves, 02 julio 2015
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historico

Jaume Mestres desafía a la rudeza del hierro como soporte para la pintura

  • Fuera de los circuitos artísticos hasta hace   tres años, el pintor empieza  a conquistar a los coleccionistas.
     

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La medicina y la pintura han sido las dos grandes patas en la que el barcelonés Jaume Mestres Estartús ha edificado su vida. La primera, le ha dado de comer. La segunda, le ha hecho el hombre más feliz del planeta. Admirador de Antoni Tàpies, excelente dibujante, informalista en continuo estado de rebeldía, desde hace tres años se ha dejado de tonterías y ha empezado a exponer en galerías. El resultado, elogios por parte de propios y extraños, y una producción de 1.100 cuadros que poco a poco le van sacando de las manos.
«Nunca he tenido que pintar para comer, lo que me ha permitido hacer lo que me diese la gana y esta libertad se nota en las obras», comenta el pintor.
Dentro del Boulevard dels Antiquaris, la galería Víctor i Fills acoge hasta el 21 de junio la nueva exposición del artista donde presenta su obra más reciente. Sorprenden sus obras sobre hierro, en las que el propio marco del cuadro se convierte en obra de arte. «Quería conseguir la simbiosis perfecta entre continente y contenido y me he enamorado del hierro. Incluso aprovecho el polvo que crea para cuadros de papel», afirma Estartús.
Sus plafones son series en que el pintor plasma su imaginación. Los volúmenes se distorsionan y el color evoca a pura esencia, al magma mismo de la tierra. «Siempre he dicho que prefiero emocionar a gustar. No busco que la gente entienda lo que ve, sino que le haga pararse y volver a mirar», afirma el artista.
Su modo de trabajo es sistemático. Desde los cinco años no suelta su lápiz y no va a empezar ahora. Lo que hace es detenerse a conceptualizar su obra en la cabeza y después volcarlo en el cuadro. «No hago bocetos, yo vomito lo que tengo en la cabeza», afirma Estartús.
 

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