Historia

¿Cómo veía Dostoievski la República española?

Calificó de «caótica» la situación del país después de que las Cortes, supuestamente monárquicas, declarasen el nuevo orden por amplia mayoría

Vasily Perov pintó a Dostoievski en 1872
Vasily Perov pintó a Dostoievski en 1872larazon

Calificó de «caótica» la situación del país después de que las Cortes, supuestamente monárquicas, declarasen el nuevo orden por amplia mayoría

El siguiente análisis tan desconocido sobre la Primera República española (febrero de 1873-diciembre de 1874) podría muy bien atribuirse a Madariaga, Marañón, Ortega y Gasset o Modesto Lafuente. Pero no lo hizo ninguno de ellos, sino el mismísimo novelista ruso Fiódor Mijailovich Dostoievski (1821-1881). Durante 1873, el autor de «Crimen y Castigo» abandonó la creación literaria para volcarse en el periodismo activo al frente de la revista «Grachdanin» («El ciudadano»), propiedad del príncipe Meshcherski. Más tarde, recopiló todos esos artículos en su juicioso «Diario de un escritor».

El 11 de febrero de aquel mismo año, mientras el rey italiano Amadeo I de Saboya se dirigía con su familia a Portugal tras abdicar del trono español, el Congreso y el Senado proclamaron la República con los votos favorables de 258 miembros de la Asamblea y tan sólo 32 en contra. Paradojas de la Historia: unas Cortes en su mayoría monárquicas, o al menos eso se pensaba entonces, trajeron la República por abrumador consenso.

¿Y qué escribió todo un príncipe de las letras sobre aquellos primeros compases republicanos, en el número 52 de la citada revista? Esto mismo: «Jamás llegó España a un estado tan caótico. Los treinta años de guerra civil en el presente siglo no pueden compararse con el actual estado de cosas, porque entonces la guerra estaba limitada a dos grupos solamente, cristinos y carlistas –partidarios de María Cristina de Borbón, cuarta esposa de Fernando VII y madre de Isabel II, y de Carlos María Isidro, respectivamente–, cada uno de los cuales tenía fe en sí mismo y no dudaba de que su victoria significaría la paz y la dicha para España. Pero, ahora, ¿qué partido existe, sin excluir el de don Carlos, que crea seriamente que su triunfo significaría la pacificación de España?».

A continuación, Dostoievski, desengañado ya a esas alturas de su juventud tormentosa y revolucionaria, criticaba con dureza al socialismo marxista que acababa de constituirse en la Nueva Federación Española separada de la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT) y convertida en el embrión del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), fundado seis años después por Pablo Iglesias. Y no sólo eso: el novelista recelaba implícitamente del comunismo que tan bien conocía, y proclamaba la necesaria unidad de España. ¿No resulta acaso familiar su discurso en la España actual?

- Sin preocupaciones

«El partido socialista –escribía entonces el autor también de ‘‘Los hermanos Karamazov’’– que, aunque nacido en fecha reciente, ha echado rápidamente raíces en un terreno bien abonado, parece no preocuparse de nada y creer en la posibilidad de un despojo general de los ricos en beneficio de los pobres en un porvenir muy próximo. A decir verdad, hay en las Cortes un partido de republicanos sumamente idealistas y refinados, republicanos puros, sin mezcla de comunismo, que tienen fe sincera en la República y creen firmemente que sólo ésta puede curar los males de España. A este partido pertenecía el último Gobierno. Pero, ¿es que este partido sigue teniendo la misma fe en sí mismo? ¿Dónde y cómo recobrará esta infortunada nación la perdida unidad? He ahí la cuestión...».

Estas reflexiones no provenían en modo alguno de un hombre frívolo, sino de una persona golpeada desde sus primeros pasos por las situaciones más desgarradoras de la vida; de alguien, a quien el escritor austríaco Stefan Zweig consideraba «el mejor conocedor del alma humana de todos los tiempos»; del pionero, incluso, del existencialismo.

No en vano, cuando estampó sus reflexiones sobre la Primera República española ya había publicado «Memorias del subsuelo», «la mejor obertura para el existencialismo jamás escrita», según el filósofo alemán Walter Kaufmann.

Huérfano de madre desde niño, perdió a su alcohólico padre con 18 años, torturado y asesinado por un grupo de campesinos. A los 28 fue condenado a muerte por colaborar con los liberales revolucionarios, pero momentos antes de su ejecución recibió el indulto y permaneció cuatro años en un presidio de Siberia.

La boda con Ana Grigorievna sosegó finalmente su atribulado espíritu y ordenó su vida, sacudida poco antes por la pérdida de su hijita recién nacida. Muerto el zar Nicolás I, que le desterró a Siberia, el sucesor Alejandro II supo apreciarle como novelista. En la última etapa de su vida compuso el ya referido «Diario de un escritor», donde se erigía como guía espiritual de la Rusia zarista y reivindicaba un nacionalismo basado en la fe ortodoxa tan opuesto al decadentismo de Europa occidental. Sólo bajo ese prisma se entiende hoy su crítica al socialismo y su llamada a la unidad de España.

Cuando estampó sus artículos sobre España, Dostoievski ya era muy popular por la publicación de «Endemoniados». Sirviéndose de los telegramas que le llegaban de París sobre la situación de la Primera República se convirtió en un sagaz cronista político. En el número 39 de la revista «El ciudadano», sin ir más lejos, analizó con gran lucidez la España presidida entonces por Emilio Castelar, que intentaba sofocar la sublevación carlista en el norte y las revueltas cantonales en Levante y Andalucía. Con cauteloso escepticismo se expresaba así Dostoievski en este párrafo: «Por lo visto, el Gobierno de Castelar inició la lucha contra los enemigos de la República con bastante energía; pero hasta ahora no se puede dar mucho crédito a estas noticias. Se dice que don Carlos ha sufrido grandes descalabros, pero estas noticias proceden de Madrid». Y remató así su artículo: «En el sur de España cometen tropelías los comunistas».

@JMZavalaOficial