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Conociendo a Rando

Un original museo propone en Málaga, junto al Monasterio de las Mercedarias, nuevas experiencias expositivas sobre la obra del pintor expresionista

  • El museo lo componen varios espacios divididos en cuatro salas temásticas que buscan dar una visión del conjunto del trabajo de Rando
    El museo lo componen varios espacios divididos en cuatro salas temásticas que buscan dar una visión del conjunto del trabajo de Rando
Pepe Lugo.  Sevilla.

Tiempo de lectura 4 min.

06 de noviembre de 2015. 17:19h

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Pepe Lugo.  Sevilla. 6/11/2015

Junto al Monasterio de las Mercedarias de Málaga se encuentra el Museum Jorge Rando, que acoge gran parte de la obra del pintor malagueño que un día decidió tratar de pintar con la libertad de la infancia, una motivación que iba a convertirse en el motor de su creación. En una ciudad que ha apostado fuertemente por la oferta museística, éste aporta una nueva dimensión al concepto de colección o pinacoteca bajo el lema «la sala de estar del arte en Málaga», que pretende ofrecer un camino nuevo, una alternativa diferente a cómo se ha venido entendiendo el consumo artístico. El expresionismo, corriente en la que se mueve la obra de Rando, es el motor de un proyecto de continuo diálogo, de intercambio de experiencias sin jerarquías ni autoridad donde el visitante y los cuadros mantienen una conversación basada en la libertad, el conocimiento y el intercambio constante de ideas.

Rando (Málaga, 1941) desde hace más de 50 años es uno de los principales referentes del expresionismo a nivel mundial a partir de que en la década de los años sesenta decidiera dejar atrás España para instalarse en Alemania, donde comenzó una carrera de aprendizaje y búsqueda de nuevas experiencias que lo convirtieron en un artista multidisciplinar, heterogéneo y comprometido con varios campos de la creación. El pintor sigue buscando al tiempo que avanza en su carrera como pintor y funda clubes de jazz por donde pasan las principales figuras del momento, centros alternativos a los circuitos del rock, viaja por diversos países para conocer otras culturas o se enfrasca en el universo de las vidrieras de las catedrales de España, Francia y Alemania. En este contexto de constante inquietud debe entenderse su trabajo que se acerca a diversas técnicas desde la perspectiva de la libertad de discursos y la ausencia de autoridad y formalismo. «La libertad de creación del pintor debe ser llevada a los máximos extremos. En el momento de la ejecución de la obra de arte hay que cortar todo lazo que una lo intrínseco con lo extrínseco, para que esa unión de lo interior con lo exterior, ni te limite, ni te condicione un solo trazo o un solo matiz de color», reflexionaba en 2003 el pintor acerca del proceso de trabajo para buscar en la pincelada aquello que quiere transmitir mediante un lenguaje marcado por la mancha, el trazo ancho y el juego constante con la abstracción.

El museo lo componen varios espacios divididos en cuatro salas temáticas que buscan dar una visión de conjunto al trabajo de Rando. Así, en la primera de ellas hasta marzo del año próximo estará expuesta la colección «Maternidades». Óleos, dibujos o cuadernos de trabajo con los que enfrentarse a una de las cuestiones más importantes de la humanidad. El desarrollo de la vida, los lazos que nos unen a las madres, el dolor de éstas; se trata de un cuestionario existencialista, una alegoría vital que evita volver sobre las imágenes tradicionales y los discursos gastados. Aquí no hay solamente niños sentados en el regazo de las madres, pero sí mujeres que huyen de la guerra, aparece un diálogo con la soledad del ser humano, una vuelta al miedo y un regreso al seno materno.

«Horizontes verticales» es el título de la exposición de la Sala 2 en la que el pintor dialoga con la naturaleza desde el respeto y la colaboración. La forman 22 óleos y dibujos con los que Rando quiere volver al lugar esencial, a los espacios primarios del ser humano y rescatar de nuevo la identidad perdida por el mundo moderno. Una «batalla entre la mancha y la línea» que rompe la tradicional horizontalidad.

En la tercera de las salas cambia Rando el discurso, que se vuelve mucho más colorido, más potente y determinante. «Luz de la flor» es el título de una serie de cuadros en los que el colorido toma forma de una manera directa, la mancha es el instrumento del que se dota el pintor para dar forma a unos espacios vegetales que juegan a intercambiar posiciones en la búsqueda de una nueva trayectoria de la luz. Para la cuarta de las salas se arma del poder de la infancia, pues bajo el epígrafe «Niños» vuelve a ese mundo de la inocencia desde el reto de pintar como uno de ellos. En esta serie no hay un límite a la comunicación entre los pequeños que se dan la mano, corretean o se aburren sobre fondos abstractos tan propios de Rando.

En una ciudad repleta de museos, éste de Rando es una opción inteligente y sana que sirve en primer lugar para acercarse a una de las figuras más importantes de la creación malagueña, además de entrar en un espacio singular y único donde se mueven con verdadera inteligencia tanto la creación como la reflexión lúcida.

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