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El horario, clave en la absolución del acusado

La decisión del jurado fue de ocho votos favorables y sólo uno en contra

  • El único acusado fue puesto en libertad
    El único acusado fue puesto en libertad
L. R. A.  Huelva.

Tiempo de lectura 4 min.

11 de octubre de 2017. 21:06h

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El jurado popular del doble crimen de Almonte (Huelva), en el que murieron de manera violenta un hombre y su hija de ocho años en abril de 2013, declaró no culpable de los hechos al único acusado, F.J.M., por ocho votos favorables y uno en contra.

La clave son los horarios que se manejan en las declaraciones, con respecto a la hora aproximada del crimen (a través de los informes forenses) y siendo contrastados con los testimonios orales de los testigos citados para la causa. Así, el jurado «no considera probado» que F.J.M. accediera a la vivienda sita en Avenida de los Reyes en torno a las 22:00 horas el día 27 de abril.

El veredicto cree que no queda probada la presencia del acusado en el lugar de los hechos porque, según declaraciones de una compañera de trabajo del supermercado en el juicio, le vio aproximadamente a las 21:40 horas. En su argumentación, el jurado indica que, «a pesar de haber mantenido una relación estable años atrás con F.J.M., no ven indicio alguno en la declaración de R.G. de intentar beneficiar o perjudicar en su testimonio».

Suman también «las declaraciones de Marianela Olmedo –esposa y madre de las víctimas y que mantenía una relación con el acusado– que sitúan a F. J. M. aproximadamente entre las 22:00 y las 22:10 horas en las instalaciones del supermercado y la reafirmamos con la llamada registrada por éste a las 22:09 horas a Marianela».

Otro motivo de convicción para el jurado son los mensajes de WhatsApp registrados de la vecina de la vivienda de la Avenida de los Reyes en los que relata «los hechos que están sucediendo en ese momento en la vivienda colindante a las 22:03 horas».

Por todo esto, el jurado cree que es «poco probable» que F.J.M. «pudiera salir sin ser visto del supermercado, se dirigiese hacia la Avenida de los Reyes, realizara los actos delictivos que se están juzgando en los tiempos que se están barajando y volviera a su puesto de trabajo», ya que con «los argumentos que exponemos no habría tiempo real para realizar dichos actos, más aún si tuvo que asearse para no levantar sospechas, pues fue visto poco después de la hora estimada de muerte».

En este sentido, no dan credibilidad a los dos vecinos de Almonte que iban a caballo ese día y que aseguraron que vieron a F.J.M. fuera de su lugar de trabajo en horario laboral, en su coche y con luz solar.

Ante esto, el jurado argumenta que a las declaraciones de uno de ellos, M.A.R.R., que dice que vio al acusado en una franja horaria anterior a las 21:00 horas (20:05 a 20:20 horas), «no les da fiabilidad, puesto que hay imágenes en las grabaciones de las cámaras de seguridad del supermercado que sitúan a F.J.M. en su puesto de trabajo», por lo tanto «no podría estar en ambos sitios a la vez».

Del mismo modo, a las declaraciones del otro caballista, M.A.V., que reafirmó el testimonio del anterior al situar a F.J.M. fuera de su lugar de trabajo en horario laboral, le dan «el mismo tratamiento de poca fiabilidad por el mismo razonamiento», ya que «existen pruebas de que a la hora que confirman verlo, el acusado estaba en su puesto de trabajo».

Según el relato de los hechos, «al no situar a F.J.M. en la Avenida de los Reyes, no creemos que el acusado actuara conforme a un plan preconcebido y no dejara huella, ni vestigio».

La confusión sobre la presencia de ADN del acusado en tres toallas de los dos cuartos de baño de la vivienda de los hechos ha sido otro de los ejes del juicio. A propósito, el jurado ratifica lo indicado en los informes del Instituto Nacional de Toxicología donde se acredita su existencia, pero los firmantes recuerdan que han escuchado en la sala varias hipótesis periciales para demostrar si la transferencia de ADN era directa o indirecta ya que el Instituto Nacional de Toxicología «no descarta ninguna de las dos posibilidades».

«Ante la falta de contundencia y unanimidad por parte de los peritos, este jurado no considera acreditado que el acusado usara esas toallas», apuntan.

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