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El Tiempo

No más «camisas negras»

Tiempo de lectura 2 min.

12 de septiembre de 2017. 22:26h

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«Mírame a los ojos y dime qué harás para impedir la marcha sobre Roma». La frase, que no es de hace un par de días y seguro que les recuerda a algo era dirigida por Giuseppe Valli, uno de los más destacados líderes fascistas al alcalde de la capital italiana muy poco antes de un ascenso de Mussolini al poder que, de entrada supuso la abolición de la molesta figura de los alcaldes siendo sustituida por la del «podestá», mucho más cómoda para el régimen. Frases como esta vienen a recordarnos que la historia es cíclica en muchas ocasiones a la hora de utilizar las palabras. Que Puigdemont llame a los ciudadanos a encararse con alcaldes partidarios del cumplimiento de la legalidad vigente con un «mírame a los ojos ¿me dejarás votar o me le impedirás?» conlleva una innegable e intolerable carga de intimidación que no deja de poner el vello como escarpias a cualquiera con un mínimo sentido democrático y visión de la historia. No parece tan alejado de la amenaza del «camisa negra» Giuseppe Valli hace ya casi un siglo.

Con independencia de la actitud que finalmente acabe adoptando la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, a propósito de cumplir la ley o hacer el juego a quienes pretenden saltársela –y aquí ya de entrada es para nota el simple hecho de consultar a las bases de su partido sobre algo que afecta al ayuntamiento de todos los barceloneses –los alcaldes se han convertido, como pieza clave que son, en el primer objetivo de la «macarrería» secesionista. Ya se apuntaron maneras hace tres meses con el linchamiento en las redes a Ángel Ros, alcalde de Lleida, simplemente por no dar alas a la propuesta de la CUP favorable al referéndum ilegal y de aquí al 1 de Octubre, si la gasolina se sigue derramando corremos el riesgo de algún episodio de violencia más allá de las palabras con un responsable municipal como triste protagonista. La figura del alcalde es la máxima expresión democrática como cargo más cercano al ciudadano en la gestión pública. Tal vez por ello el Gobierno, especialmente en las actuales circunstancias de un acoso de momento sólo político y psicológico, deberá prestar –en la línea de lo públicamente marcado por Rajoy– toda la atención y más a este colectivo.

La ley de Seguridad ciudadana es más que clara al señalar como faltas graves «las que impidan a cualquier autoridad el ejercicio legítimo de sus funciones en el cumplimiento de resoluciones administrativas y judiciales». La alcaldesa de Hospitalet le pedía a Puigdemont que «deje tranquilos a los alcaldes», un mensaje que el todavía presidente del «Govern» debería tener tan presente como el hecho de que los alcaldes han sido elegidos en las urnas dentro de un proceso legal para gobernar a sus vecinos, no para saltarse la ley. Es la diferencia con la ANC de Jordi Sanchez que desconoce lo que es someterse al veredicto de los electores aunque eso sí, maneja para sus fines fondos públicos que ya quisieran muchos sufridos alcaldes para sus ayuntamientos.

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