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«Regina linguarum»

Como «reina de las lenguas» se denomina al latín hoy en la Red, cuando muchos opinan que sería mejor abandonarlo y enterrarlo como lengua muerta. Pero, ¡oh sorpresa!: el «bestseller» durante semanas en Alemania ha sido una obra de Wilfried Stroh: «El latín ha muerto, ¡viva el latín!». Ha conseguido el doble objetivo que Horacio atribuía a los poetas: instruir y deleitar. Stroh renunció a expresar sus vastos conocimientos, rigor científico y fina erudición en las páginas del libro. En cambio, logró amenizar el relato de los principales hitos de la historia del latín con sabrosas anécdotas y sugestivas citas para divertir; con agudas y jugosas reflexiones sobre obras y autores para instruir; y con apostillas y exclamaciones irónicas para reflejar su opinión personal. Por ejemplo, a Ovidio lo describe como el «enfant terrible» que atacó las leyes matrimoniales con que el emperador pretendía restaurar la antigua pureza romana, sabiéndose como se sabía que Augusto era un exitoso adúltero tolerado por su mujer Livia. Dice el verso: «No venís a uniros en el lecho por orden de ley: amor cumple la acción de la naturaleza en vosotros». Y la reflexión personal del autor: «Qué escena: los alumnos de Ovidio en el deleitoso lecho del amor libre y la Roma augusta en la ordenada cama matrimonial». Todo ello explica en parte que la obra llegue avalada por el éxito de su edición original en alemán (Berlín: List, 2007), algo insólito en nuestro siglo para una obra sobre el latín ahora traducida al español (Barcelona: Ediciones Subsuelo, 2012). El latín no acaba de morir. Murió hace ya doscientos años. Pero esta muerte, si cabe llamarla así, ha sido el origen de una vida eterna en belleza.

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