La innovación lleva cinco años perdiendo peso

El conjunto de la UE invierte hoy en día un 25% más en I+D que antes del inicio de la crisis. España, un 10% menos

  • El esfuerzo en I+D de las pymes españolas es de los mayores de Europa
    El esfuerzo en I+D de las pymes españolas es de los mayores de Europa

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15 de julio de 2017. 09:11h

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«Hemos entrado en un periodo en el que la apuesta por la innovación es la única posible para sociedades como la nuestra». En los países más avanzados, mantener o aumentar los niveles de bienestar depende de la capacidad de generar más valor con los recursos disponibles. Y la innovación es la principal vía para crear ese valor.

En España, la I+D continúa, por quinto año consecutivo, perdiendo peso. Además, mientras que el conjunto de la UE invierte hoy en día un 25% más en I+D que antes del estallido de la crisis, nuestra economía invierte un 10% menos. De hecho, España forma parte del grupo de los cuatro únicos países que todavía no han recuperado los niveles de inversión de 2008. Del último informe Cotec se desprende que el total en I+D ejecutado en 2015 creció un 2,74% respecto al año anterior, alcanzando los 13.172 millones de euros. Y aunque es la primera subida significativa desde 2008, teniendo en cuenta que el PIB avanzó un 3,2%, el gasto en I+D en porcentaje del PIB bajó al 1,22%, frente al 1,24% de 2014.

Esfuerzo de las empresas

Adelaida Sacristán, directora de Estudios y Gestión del Conocimiento de Cotec, recuerda que el esfuerzo que realizan las empresas españolas en I+D es la mitad del valor medio de la UE –las compañías españolas invierten un 0,6% del PIB, mientras que la media de la UE es del 1,2%, aunque en países como Francia y Alemania sus empresas invierten el 1,5 y el 1,9%, respectivamente–. No obstante, esas diferencias se deben, fundamentalmente, a las grandes empresas, ya que «las pymes sostienen la mitad de la inversión, por encima de la media de la UE para empresas de su tamaño, lo que hace que el esfuerzo en I+D de las pymes españolas sea de los mayores de Europa». En cualquier caso, en 2015 las empresas españolas ejecutaron el 52,5% del gasto total en I+D. Y Sacristán sostiene que se trata de uno de los menores porcentajes de participación empresarial en Europa, cuyo promedio en 2015 era del 63,3%.

Si en España hay algo más de 3.200.000 empresas, sólo 10.000 hacen I+D, lo que pone de manifiesto la «débil capacidad tecnológica del tejido productivo español». Sea como fuere, la directora de Estudios y Gestión del Conocimiento de Cotec revela que los sectores que ejecutan una mayor parte del gasto en I+D empresarial son farmacia (8,6%), programación consultoría y otras actividades informáticas (8,4%), actividades profesionales científicas y técnicas excepto servicios de I+D (8,2%), construcción aeronáutica y espacial (5,7%), vehículos de motor (5,3%) y química (3,3%).

Pese a que en España se siga creyendo que si la Administración invierte en investigación pública el conocimiento se difundirá espontáneamente al tejido económico, «invertir en ciencia es condición necesaria, pero insuficiente». Xavier Ferrás, decano de la Facultad de Empresa de la Universidad de Vic, afirma que se precisan políticas que se comporten como un sistema integrado, ya que sin un ecosistema innovador y sin un marco institucional adecuado, «no generaremos una dinámica de crecimiento basada en innovación».

Asimismo, destaca que en España existe talento creativo e innovador, cuyo potencial no reflejan las estadísticas al uso. Y agrega que, a largo plazo, toda empresa que sobrevive ha de innovar. «España cuenta con importantes ámbitos geográficos y sectoriales de innovación no sólo en comunidades y sectores responsables de la mayor parte del PIB, sino también en otras regiones, como Valencia o Navarra, que han hecho de innovar y emprender señas de identidad».

Cambio de paradigma

El decano de la Universidad de Vic piensa que ha llegado el momento de apostar por un cambio de paradigma, de convertir en hábito y cultura lo que ahora es anormal: invertir en I+D. En este sentido, sugiere impulsar la innovación abierta de la mano de las grandes empresas establecidas e incrementar, paralelamente, el parque de empresas en sectores de media y alta tecnología, donde tanto España como Europa tienen un déficit.

Ferrás confiesa percibir una progresiva toma de conciencia social sobre la innovación como un asunto de todos y que el ciudadano medio asocia con progreso, lo que resulta muy positivo y supone un voto de confianza para traducir esas expectativas en soluciones concretas. «No hay razones para que España se resigne a ocupar sistemáticamente posiciones rezagadas en este ámbito comparado con otros países de nuestro entorno», remarca.

Aunque en nuestro país se haya apostado por un alineamiento con las políticas de innovación de la Unión Europea, poniendo el foco en los sectores científicos y ámbitos portadores de futuro -bio, nano...-, la administración debería hacer un esfuerzo por financiar aquellos proyectos empresariales de alto riesgo tecnológico que el mercado jamás financiaría y que tienen un significativo potencial de generación de crecimiento y empleo. Y es que «el Estado puede y debe ser emprendedor».

Ya decía Einstein que quien formula correctamente el problema tiene gran parte de la solución. Ferrás considera que ha llegado el momento de superar el término I+D+i para que las políticas se orienten más hacia los resultados (i+e) que a uno de los inputs (I+D). «No hay razones que impidan que España sea innovadora si las políticas públicas logran alinear su acción más allá de la gestión de competencias para liderar estrategias, empezando por catalizar voluntades. La labor de la función pública comienza por generar ilusión», sentencia.

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