Andalucía

Los Galindos

“No había entonces, casi ni ahora, apenas ninguna gran explotación agrícola que no se gestionase con el sistema de la doble contabilidad”

La Andalucía, más sangrienta que negra, que excitó durante siglos el morbo de los viajeros no sólo románticos –desde Prosper Merimée hasta el necrófilo aprovechado Ian Gibson–, dejó en la leyenda su penúltimo episodio luctuoso en una tórrida noche del verano de 1975, cuando Franco encaraba su larga agonía. Cinco empleados de los dueños, los marqueses de Grañina, fueron asesinados en el cortijo Los Galindos, término del pueblo sevillano de Paradas. El crimen, nunca resuelto y cunde la impresión de que jamás hubo voluntad real de resolverlo, alimentó las pesadillas en las zonas rurales de toda la región durante más de un lustro, hasta que el tiempo lo cubrió de olvido. Alfonso Grosso, con su acostumbrada maestría narrativa, interpretó el suceso, permitiéndose innúmeras licencias y suspensiones de la verosimilitud, en una novela que se llevó al cine con papeles protagónicos para Lola Flores y Pablo Carbonell, cuya nula vis dramática malogró el proyecto. Ahora, el hijo de los dueños, Juan Mateo Fernández de Córdova, ha publicado un libro subtitulado «Toda la verdad» (Almuzara) que desmiente las mil hipótesis apuntadas en su momento. Como en los buenos relatos policíacos, es la navaja de Ockham la herramienta más útil para desvelar el misterio. O más bien el principio que ésta nombra, según el cual la explicación más sencilla suele ser la más probable. No había entonces, casi ni ahora, apenas ninguna gran explotación agrícola que no se gestionase con el sistema de la doble contabilidad y fueron los intentos, al cabo demasiado rotundos, por ocultar ese fraude fiscal los que desembocaron en una formidable riña que dejó cinco cadáveres y un profundo estado de conmoción en toda la comarca. A ver si la involución que algunos pregonan va a consistir en este revival de antiguos sucesos.

Publicidad