Historia
El curioso origen del cementerio más pequeño del país que ahora sale a la luz
Tiene solo cinco metros de lado, pero su historia es mucho más grande de lo que parece. Este pequeño cementerio nació por una decisión poco común y durante años fue conocido como “el limbo”

El 21 de abril de 1891 marcó un punto de inflexión en la historia de Villamayor de Gállego. Mientras el empresario Federico Sayrols, uno de sus vecinos más influyentes, llamaba al notario al sentir cercana su muerte, el alcalde convocaba un pleno urgente al que también asistió el párroco.
Sayrols mantenía una postura crítica con la Iglesia y rechazaba ser enterrado en terreno consagrado. Ante esa negativa, el municipio tomó una decisión poco habitual para la época: crear un cementerio laico para darle sepultura.
Ese pequeño recinto, construido ese mismo año en la finca conocida como El Cierzo, es hoy uno de los espacios más singulares del municipio zaragozano. Se trata, además, del cementerio más pequeño de España: un cuadrado de apenas cinco metros de lado.
Un espacio mínimo con una gran carga histórica
Con el tiempo, dejó de estar ligado solo a su fundador y pasó a enterrar a quienes quedaban fuera del sistema católico, sobre todo bebés sin bautizar. Por eso acabó llamándose “el limbo”.
Hoy el cementerio llama la atención por su tamaño reducido y su sencillez, aunque su valor histórico va mucho más allá de lo que aparenta.
El cementerio está protegido como Bien de Interés Cultural desde 2002, un reconocimiento que subraya su singularidad dentro del patrimonio aragonés.
Aun así, su estado ha generado preocupación en distintas ocasiones, ya que se trata de un espacio pequeño, deteriorado y con acceso limitado, lo que ha impulsado iniciativas para su estudio, excavación y recuperación.