Salud

«En la psoriasis, el estrés es un círculo vicioso»

En la consulta de este dermatólogo, consultor senior del Servicio de Dermatología del Hospital Universitario Parc Taulí, de Sabadell, abundan los casos en los que los pacientes se «quejan más» de las secuelas sociales de la psoriasis que de la dolencia en sí. Además, Ribera subraya la necesidad de dar a conocer las nuevas terapias para los pacientes que creyeron que su problema no tenía solución.

Miguel Ribera/ Dermatólogo
Miguel Ribera/ Dermatólogolarazon

En la consulta del dermatólogo Miguel Ribera, abundan los casos en los que los pacientes se «quejan más» de las secuelas sociales de la psoriasis que de la dolencia en sí

- La psoriasis cuenta con un fuerte componente psicológico, ¿por qué es?

-El hecho de que las lesiones sean visibles estigmatiza al paciente, hace que pierda confianza y termine encerrándose en uno mismo. Se generan cuadros de estrés y ansiedad, incluso, en ocasiones, depresión, y aparte de esto limita mucho la vida social. Muchas veces adoptan actitudes de evitación, dejan de salir, se quedan más en casa, eluden ir a lugares públicos donde haya que desnudarse, como en verano las piscinas, o los gimnasios o zonas de ocio... En definitiva, evitan cualquier tipo de actividad en la que tengan que mostrar su piel.

-¿Hasta qué punto el peso del estigma afecta también a su calidad de vida?

-Al final es un daño fuerte. Por ejemplo, cuando la psoriasis es de inicio en la adolescencia, o en etapas previas, comporta una afectación muy fuerte.

-Este malestar emocional, ¿cómo va ligado a según qué grado de afectación tengan de la patología?

-Estamos ante una enfermedad crónica, para que la que no existe tratamiento curativo. Sí que hay tratamientos que consiguen eliminar y controlar las lesiones de la piel, lo que llamamos «blanquear» la piel. Pero si la enfermedad carece de tratamiento va evolucionando y hay fases en las que las lesiones remiten y otras en la que hay brotes. Y esto es impredecible, y claro, aparece la denominada «ansiedad anticipatoria. Esto también produce mucha inquietud en los pacientes. Por ejemplo, muchos sufren por la llegada del verano meses antes. La suerte es que si el paciente acude al dermatológo y se establece un tratamiento adecuado, porque hoy día hay terapias suficientemente adecuados para controlar la psoriasis, esto se elimina. Lo que pasa es que todavía hay muchos pacientes que fueron diagnosticados hace años y que no van al dermatólogo porque entonces no había buenas terapias para «mantener a raya» a la enfermedad.

-Si esto último es cierto, ¿cómo hacer que regresen a las consultas?

-Es importante comunicar y difundir que ahora hay terapias efectivas contra la psoriasis. Estos pacientes no deben «tirar la toalla», porque si volvieran hoy a la consulta, tras más de una década de diagnóstico, recuperarían mucha calidad de vida frente a la enfermedad.

-¿Hay algún registro de este problema en cifras?

-Pues la verdad es que no, ya que están fuera de las vías oficiales. Sólo tenemos estimaciones por el tipo de afectación leves, moderadas y graves. Si hablamos de los primeros, los leves, que han aprendido a controlar la patología con tratamientos tópicos y visitan de vez en cuando al médicos de atención primaria, hay un grupo importante. El problema está fundamentalmente en los segundos y terceros, moderada y grave, cuando la psoriasis afecta a una parte importante del cuerpo de las zonas visibles que comprometen más la calidad de vida. En este caso, sí que hay, pero al estar fuera del circuito sanitario no podemos aventurar cifras.

-La enfermedad causa mucho estrés, pero también éste por sí sólo es capaz de generar un brote, ¿cierto?

-Hay estudios científicos que apuntan a que las situaciones emocionales tienen un fuerte impacto en la enfermedad. Sobre todo, los casos que se dan en las relaciones personales, más si cabe en las familiares. Tenemos trabajos que muestran que hasta un 50% de los pacientes refiere problemas familiares un mes previo del brote o el empeoramiento. El estrés está ahí siempre, es un círculo vicioso.

-¿Qué herramientas ponen a disposición de los pacientes desde la consulta?

-Actualmente, el consejo a los pacientes cuyo grado de afectación psicológica es alta, es la remisión a un psicólogo, e incluso en los más graves, que son pocos, al psiquiatra. Allí pueden hacerse con herramientas para controlar la ansiedad y la depresión. Aprenden a vivir con una enfermedad crónica, la resistencia a la frustración. Porque tan importante es «blanquearlos» como que puedan superar la enfermedad una vez la tengan controlada.