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Gastronomía

El regreso del aceite mallorquín que quiere competir entre los mejores del Mediterráneo

Con la Denominación de Origen como aval y una producción marcada por el territorio, el AOVE mallorquín vive un momento de reconocimiento que invita a mirar al campo, a las tafones y a una tradición que nunca desapareció del todo

Aceite de oliva La Razón

El aceite de oliva virgen extra de Mallorca atraviesa uno de sus mejores momentos. Tras décadas en un discreto segundo plano, el producto vuelve a ganar protagonismo gracias al reconocimiento de su Denominación de Origen, a una apuesta clara por la calidad y a una nueva generación de productores que ha sabido unir tradición, territorio y divulgación.

El invierno es el momento clave para entender este resurgir. Con la cosecha recién terminada, muchas tafones de la isla siguen en plena actividad y es cuando el aceite nuevo llega por primera vez a las mesas.

No todo el aceite producido en la isla puede llevar el sello de la Denominación de Origen Aceite de Mallorca. Para ello, debe cumplir requisitos estrictos de procedencia y calidad.

Qué hace diferente al aceite de Mallorca

La forma más sencilla de reconocerlo es fijarse en la contraetiqueta, donde aparece el logotipo del Consejo Regulador y un número de control. Este distintivo certifica que las aceitunas han sido cultivadas, recolectadas y transformadas exclusivamente en Mallorca mediante métodos mecánicos.

El carácter del aceite mallorquín viene marcado por las variedades presentes en la isla. La mallorquina, autóctona, aporta suavidad y notas de almendra madura; la empeltre ofrece perfiles equilibrados y aromáticos; la arbequina añade matices frutales; y la picual aporta intensidad, amargor, picante y mayor estabilidad. Según el grado de maduración del fruto, los aceites pueden ser más suaves o más afrutados y potentes.

El cultivo del olivo forma parte de la historia de Mallorca desde la Antigüedad. Introducido por fenicios y griegos, el aceite ya se exportaba en época de la Corona de Aragón, con el puerto de Sóller como uno de sus principales puntos de salida. Durante siglos fue una de las grandes bases económicas de la isla, especialmente en la Serra de Tramuntana, donde muchas fincas contaban con tafona propia.

Para comprender la cultura del aceite mallorquín, nada mejor que visitar una tafona. En los últimos años, muchas almazaras han abierto sus puertas al público con catas y visitas guiadas.

Entre las más conocidas destacan Son Mesquidassa, en Felanitx, una de las almazaras más modernas de la isla, y Aubocassa, en Manacor, ubicada en una antigua alquería del siglo XII y referente del aceite mallorquín en el ámbito gastronómico internacional.

Febrero y marzo concentran ferias dedicadas al producto local, como la Fira de s’Oliva, donde comprar directamente al productor garantiza la frescura del aceite de la última cosecha y contribuye a mantener la economía rural y el paisaje de bancales de la Serra de Tramuntana, Patrimonio Mundial por la UNESCO.

El buen momento del aceite de Mallorca no responde a una tendencia puntual. Detrás hay años de trabajo, una producción limitada y una apuesta clara por la calidad, que han devuelto al AOVE mallorquín un lugar destacado dentro y fuera de la isla