La ley de Lem y los docentes que no leen

Por Víctor Núñez

Hace poco descubrí por casualidad la Ley de Lem, una genialidad del escritor polaco Stanislaw Lem que viene a resumirse en tres premisas: “Nadie lee nada; los pocos que leen, no comprenden nada; a los pocos que entienden, se les olvida enseguida”. Y eso que el bueno de Lem promulgó su ley mucho antes de que existieran las redes sociales. Y es ahí donde me quiero detener, pues es en ese ecosistema donde la estupidez del ser humano alcanza cuotas superlativas y se demuestra con creces que las tres premisas de Lem son tan tristes como ciertas. Especialmente, las dos primeras. Para muestra, un botón.

En el mes de julio se publicaba en ÉXITO EDUCATIVO una noticia en la que se informaba de un estudio realizado por varias instituciones privadas en el que, entre sus conclusiones, se ofrecía el dato de que las familias madrileñas eran las más satisfechas con los colegios de sus hijos. De la noticia se hizo eco a través de un retuit Isabel Díaz Ayuso, por entonces solo candidata a la presidencia de la Comunidad de Madrid. En cuestión de segundos comenzaron a llegarnos notificaciones en las que una horda de tuiteros profería toda clase de improperios contra la dirigente popular y contra el estudio.

Unos criticaban que la Comunidad de Madrid hiciera ese tipo de estudios como forma de propaganda, cuando el informe no estaba hecho por la CAM; otros pedían que el estudio se hiciera en los centros públicos para comprobar el malestar generalizado de las familias, el estudio estaba hecho entre todo tipo de centros; otros directamente insultaban al consejero de Educación por toda clase de problemas, otros pedían la readmisión de un director de un instituto supuestamente removido por sus ideas políticas.

Ante el impacto del retuit y sus cientos de reacciones donde se mencionaba el estudio y al medio, tratamos de aclarar que la encuesta no estaba hecha por la Comunidad de Madrid, sino por tres organizaciones independientes y que contemplaba a todo tipo de centros. De nada sirvió y algunos seguían insultando y a lo suyo.

Lo más sorprendente de todo es que, tras el gran revuelo generado, pensé -ignorante de mí- que, al menos, el tráfico de ÉXITO EDUCATIVO, en general, y el de esa noticia en particular, se habrían disparado ante tanta polémica. Pues nada de eso. Al visitar las estadísticas de tráfico de la web y su origen pudimos comprobar que, prácticamente, nadie había leído la noticia, confirmando así la Ley de Lem, en sus dos primeros principios. Lo más triste es que entrabas a ver los perfiles de muchos de los indignados y haters y muchos de ellos se decían profesores.

No entraré a reprochar aquí su radicalismo político, allá cada uno con sus odios, lo que más me indigna es que ni siquiera lean ni se informen de lo que critican. Afortunadamente la mayor parte de los profesores son personas educadas y decentes (el docente siempre debería ser decente), pero que estén formando a niños y jóvenes energúmenos sectarios e iletrados, aunque sean minoría, me produce mucha inquietud. Quizá habría que revisar los criterios y filtros para ser profesor, y que al menos todos sepan leer o entender lo que leen. No es mucho pedir.