Narcotráfico

Encuentros entre tumbas y trasbordos en alta mar a toda velocidad: así operaba la mayor red de narcotráfico en Canarias

El dispositivo culminó con 105 detenidos y miles de kilos de cocaína incautados

Narcolancha varada en Salobreña
Narcolancha varada EfeAgencia EFE

Una organización capaz de desplazar por vía marítima cerca de 60 toneladas de cocaína entre Sudamérica y Europa instaló en Canarias el eje de su engranaje. El operativo policial que puso fin a esa actividad, bautizado como Operación Sombra Negra, concluyó el 26 de enero con 105 arrestos y una batería de intervenciones que reflejan la envergadura del entramado.

Durante las actuaciones desarrolladas en Andalucía y el Archipiélago, los investigadores decomisaron 10.400 kilos de estupefaciente, 70 vehículos, 150 terminales telefónicos, seis propiedades, armas de fuego, más de 800.000 euros en metálico y dos megadrones.

El informe elaborado por la Unidad Central de Drogas y Crimen Organizado, adscrita a la Comisaría General de la Policía Judicial y recogido por Canarias7, sitúa al frente a un líder apodado El grande de Dubái. Bajo su dirección operaban Escorpión y Hassan M. M., responsables de coordinar sobre el terreno a los distintos equipos. La cadena de mando funcionaba de manera escalonada, con funciones delimitadas y comunicaciones restringidas.

Los encuentros presenciales no se celebraban en oficinas ni en viviendas. Optaban por espacios apartados y fáciles de vigilar. Uno de los puntos utilizados fue el cementerio de El Pedrazo, en el sur de Gran Canaria, elegido por su complicado acceso y por la posibilidad de controlar cualquier aproximación desde el exterior. Allí cerraban acuerdos y fijaban rutas, convencidos de que el entorno les ofrecía discreción. Además, empleaban dispositivos de comunicación por satélite para evitar interceptaciones.

El océano Atlántico se convirtió en escenario habitual de sus maniobras. En mitad de la travesía, lejos de la costa, realizaban trasbordos entre embarcaciones para redistribuir la carga. La red contaba con lanchas de alta velocidad y con apoyos que zarpaban desde varias islas con combustible suficiente para prolongar las rutas sin necesidad de tocar puerto. Esa autonomía les permitía modificar itinerarios sobre la marcha y reducir la exposición a controles.

La estructura interna estaba dividida en tres bloques. En el primero se encontraban quienes aportaban capital y tomaban decisiones estratégicas. Un segundo grupo asumía las navegaciones y el transporte directo de la mercancía. El tercer nivel se ocupaba del mantenimiento de las embarcaciones, la vigilancia ante posibles operativos policiales y la gestión de testaferros o distribuidores en tierra. Cada eslabón dependía del anterior, lo que garantizaba continuidad y rapidez en la ejecución de cada envío.

Uno de los episodios que más inquietó a los investigadores ocurrió en el puerto de Arinaga. Varias semirrígidas intervenidas fueron depositadas en el muelle bajo custodia. Días después desaparecieron sin dejar rastro, incluso pese a la presencia de vigilancia portuaria. La maniobra evidenció la capacidad de reacción y el alcance de la organización, que no dudaba en actuar en espacios controlados para proteger sus recursos.

Con la desarticulación de esta red, las fuerzas de seguridad cierran una de las investigaciones más complejas de los últimos años en materia de tráfico de cocaína por vía marítima. El caso destapa un modelo operativo basado en la descentralización, el uso intensivo del mar como frontera difusa y una logística asentada en Canarias que permitió sostener durante años un flujo constante de droga hacia Europa.

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