Investigación científica

Los hongos como arma frente al cáncer

Una investigación en la que participa la Universidad de León y el Instituto de Investigación Biosanitaria de León (IbioLeón) les coloca nuevamente en el centro de la búsqueda de nuevos fármacos contra los tumores cancerígenos

El IBioLeón se ubicará en el Complejo Asistencial de León
El IBioLeón se ubicará en el Complejo Asistencial de LeónwikipediaLa Razón

Los hongos se postulan como arma decisiva en la lucha contra el cáncer. Y es que un equipo de investigadores de la Universidad de León (ULe), el Instituto de Biomedicina (IBIOMED) y el Instituto de Investigación Biosanitaria de León (IBIOLEÓN) ha publicado una exhaustiva revisión científica que coloca de nuevo a los hongos en el centro de la búsqueda de nuevos fármacos contra el cáncer.

El trabajo, difundido en 'International Journal of Molecular Sciences', recopila y analiza decenas de compuestos de origen fúngico con actividad antitumoral, sus mecanismos de acción y los avances realizados en la comprensión de sus rutas biosintéticas.

El artículo, firmado por los investigadores Carlos García Estrada, Carlos Barreiro y Juan F. Martín, subraya que los hongos siguen siendo una de las fuentes naturales más diversas y prometedoras en la búsqueda de nuevos medicamentos.

Muchos de ellos producen más de un centenar de metabolitos secundarios -sustancias que no necesitan para vivir, pero que utilizan para defenderse o competir en su entorno- y entre los que se encuentran compuestos con un notable potencial anticancerígeno, informa Efe.

La revisión describe más de una treintena de clases químicas con actividad antitumoral, desde poliquétidos y terpenos hasta alcaloides, péptidos y meroterpenoides.

Entre los compuestos más conocidos figuran las estatinas -como la lovastatina-, producidas por hongos como Aspergillus terreus o Penicillium citrinum, inicialmente desarrolladas para reducir el colesterol pero sobre las que estudios recientes han demostrado capacidad para inducir apoptosis y frenar el crecimiento tumoral.

El estudio también detalla compuestos menos populares pero con efectos potentes, como griseofulvina, que además de su uso antifúngico muestra actividad frente a cáncer de mama, pulmón o colon; brefeldina A, capaz de desestabilizar el aparato de Golgi de las células tumorales; o metabolitos procedentes de hongos marinos, que han despertado un creciente interés por su singularidad química y su eficacia in vitro.

Asimismo, los investigadores repasan la contribución de las moléculas derivadas de aminoácidos, como las diketopiperazinas, entre ellas la fumitremorgina C, un inhibidor selectivo de la proteína BCRP, implicada en la resistencia a múltiples fármacos. Este tipo de compuestos podría mejorar la eficacia de tratamientos ya existentes al impedir que las células expulsen los agentes quimioterapéuticos.

Otro grupo destacado es el de los terpenos, con ejemplos como clavaric acid o ganoderic acid, capaces de bloquear rutas bioquímicas clave en la progresión tumoral, así como meroterpenoides como la familia de los andrastins, producidos por Penicillium roqueforti —la especie responsable de quesos como el Cabrales o el Roquefort— y que inhiben enzimas esenciales para la transformación de células sanas en cancerosas.

Uno de los apartados más llamativos del artículo está dedicado a la controversia sobre la producción de paclitaxel, uno de los fármacos antitumorales más utilizados en oncología, por parte de hongos endófitos.

Aunque desde los años noventa se han publicado trabajos que atribuyen a determinadas especies fúngicas la capacidad de sintetizarlo, los autores subrayan que la evidencia continúa siendo insuficiente y que la mayoría de los estudios no logran demostrar la presencia del conjunto completo de genes necesarios para su biosíntesis.

El artículo sostiene que, a día de hoy, la producción demostrada de paclitaxel sigue siendo propia de los árboles del género Taxus, y advierte de que muchos de los resultados previos podrían deberse a contaminación o a rutas incompletas más que a una síntesis real y autónoma por parte de hongos.

Los autores remarcan que, pese a la enorme diversidad de compuestos prometedores, muchos de ellos presentan dificultades para su desarrollo farmacéutico: baja producción natural, toxicidades asociadas o escasa información sobre su metabolismo en organismos vivos.

No obstante, la expansión de la secuenciación genómica y las herramientas de biología sintética está permitiendo reconstituir rutas biosintéticas en sistemas más controlados y aumentar el rendimiento de estas moléculas, abriendo nuevas posibilidades terapéuticas.

El estudio concluye que los hongos constituyen un reservorio aún poco explorado de compuestos bioactivos, y que su investigación combinada desde la genómica, la química y la biotecnología seguirá aportando candidatos para la lucha contra el cáncer.

Client Challenge