
Política
La oposición recibe a Illa sin tregua y exige una cuestión de confianza
Junts registra una comparecencia urgente y reclama que el president se someta al Parlament

El regreso del president de la Generalitat, Salvador Illa, tras un mes de baja médica no ha servido para rebajar la tensión política en Cataluña. Al contrario. Su reincorporación al Palau, cuya agenda de actos se desarrollará de manera progresiva por recomendación médica, se ha producido en uno de los momentos más delicados de la legislatura y ha sido recibida por la oposición con una ofensiva frontal que cuestiona su liderazgo, su gestión y la capacidad del Govern para afrontar un cúmulo de crisis abiertas. Junts ha llegado incluso a exigirle que se someta a una cuestión de confianza.
El retorno de Illa se produce después de un inicio de año que el propio Govern había presentado como la confirmación de una legislatura encarrilada. El acuerdo con ERC para una financiación singular y la presentación de la empresa mixta de Rodalies fueron exhibidos como hitos de estabilidad, diálogo y cumplimiento de compromisos. Sin embargo, ese relato se ha visto seriamente erosionado en apenas unas semanas.
Un mes de crisis
La baja médica de Illa marcó un punto de inflexión. Durante su ausencia, el Govern tuvo que gestionar un mes de alta intensidad política y social que ha cambiado por completo el clima. El accidente ferroviario de Gelida y la acumulación de incidencias en Rodalies devolvieron al primer plano el deterioro de las infraestructuras y el funcionamiento de los servicios públicos, golpeando directamente el principal activo político del ejecutivo socialista: la promesa de buena gestión.
La crisis ferroviaria se convirtió en el eje del desgaste del Govern y puso el foco sobre la macroconselleria de Territorio, Vivienda y Transición Ecológica, dirigida por Sílvia Paneque. La oposición volvió a pedir su destitución y el Parlament reprobó de nuevo su actuación, mientras se multiplicaban las críticas por la falta de inversiones, la descoordinación y las responsabilidades de Renfe y Adif.
A la crisis de Rodalies se sumó un creciente malestar social. El conflicto con el profesorado desembocó en huelgas para reclamar mejoras salariales, reducción de ratios y más recursos para la escuela inclusiva. En paralelo, el sector sanitario ha vuelto a movilizarse ante la sobrecarga asistencial y la falta de un convenio propio, mientras los agricultores protagonizaban protestas por el incumplimiento de acuerdos, las crisis sanitarias y el impacto del acuerdo del Mercosur. Las movilizaciones, visibles tanto en carreteras como en el centro de Barcelona, reforzaron la sensación de un país tensionado y alimentaron el discurso de una oposición que acusa al Govern de estar desbordado en todos los ámbitos.
La oposición pasa al ataque
En este contexto, Junts ha liderado la ofensiva política. El partido registró una solicitud de comparecencia urgente de Illa en el Parlament y reclamó públicamente que se someta a una cuestión de confianza. Su secretario general, Jordi Turull, denunció que el president regresara sin hacer autocrítica y acusó al Govern de ofrecer excusas en lugar de soluciones. Según Junts, Illa se presentó como si empezara de cero, eludiendo su responsabilidad en la gestión de las últimas semanas. Turull habló abiertamente de incompetencia, falta de liderazgo y ausencia de ambición, y reprochó al president no haber cesado a Paneque pese a las reiteradas reprobaciones parlamentarias.
El expresident Carles Puigdemont reforzó ese mensaje desde las redes sociales, negando que las crisis surgieran “por generación espontánea” y recordando que Illa lleva más de un año gobernando. A su juicio, el caos ferroviario, el malestar de médicos y docentes o la crisis de la vivienda tienen que ver con decisiones políticas concretas y con los acuerdos que el socialismo ha avalado en Madrid.
Desde el Partido Popular de Cataluña, el tono fue igualmente duro. Su secretario general, Santi Rodríguez, rechazó la idea de que Illa regrese como “salvador” y aseguró que los problemas no se deben a su ausencia, sino a las políticas socialistas. Rodríguez advirtió que prometer ahora exigencia y ambición equivale a admitir que no se han aplicado hasta el momento y subrayó que, sin presupuestos ni mayoría suficiente, el Govern deberá tomar decisiones de calado. Aunque evitó apoyar explícitamente la cuestión de confianza, recordó que cuando los gobiernos del PP no pueden aprobar cuentas suelen convocar elecciones.
El líder de ERC, Oriol Junqueras, adoptó un tono más contenido, aunque igualmente exigente. Consideró “normal” que Illa se comprometa a resolver problemas como el de Rodalies, pero advirtió de que ahora deberá demostrarlo con hechos. Recordó que la responsabilidad es colectiva, pero que quien preside y nombra a los consellers tiene la última palabra.
Illa responde con serenidad y promesas
Por su parte, Illa reapareció la mañana del lunes con un discurso institucional marcado por la serenidad. Reconoció que han sido días difíciles, rechazó lecturas catastrofistas y prometió reforzar servicios públicos e infraestructuras, con especial atención a Rodalies. Aseguró que el Govern destinará todos los recursos necesarios “con exigencia y ambición” y defendió que Cataluña está preparada para afrontar los retos.
El president explicó que su reincorporación será progresiva tras superar una osteomielitis púbica que requirió ingreso en el Hospital Vall d'Hebron, agradeció la atención recibida y reivindicó el sistema sanitario público. También apeló a una política más humana y a evitar la deshumanización del debate.
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