Genética

La agricultura pudo haber acelerado nuestra evolución: sugiere el mayor estudio paleogenético de la historia

Tras analizar más de 16.000 genomas antiguos, investigadores de la universidad de Harvard han reconstruido la historia genética de los últimos 10.000 años en Eurasia Occidental

La electroagricultura promete revolucionar los cultivos
PlantaciónPixabay

No importa cuánto nos esforcemos, probablemente sea imposible que nuestros cerebros se hagan una idea de lo larga que ha sido nuestra historia. Los acontecimientos del siglo XX nos parecen lejanos, Cleopatra aún más, y las Pirámides están tan lejos que tenemos que recordarnos que entre ellas y Cleopatra pasó más tiempo como entre Cleopatra y nosotros. Ya hemos perdido la intuición del tiempo y solo nos hemos remontado 4.500 años. Si queremos comprender nuestra historia como humanos deberíamos remontarnos a la aparición del género Homo, hace 2,5 millones de años o, al menos, a los primeros sapiens, hace casi 300.000 años (66 veces lo que nos separa de las pirámides). Sencillamente, no somos conscientes de cuánto llevamos existiendo.

¿Qué sabemos sobre aquellos milenios? Por desgracia, poco. No podemos recurrir a textos y la arqueología es escasa. Sin embargo, la genética ha encontrado formas de interrogar a los huesos de nuestros antepasados y, en los últimos años, nos ha permitido abrir una pequeña ventana para observar esos milenios cuya escala se nos escapa. Ahora, un equipo de investigadores de la Universidad de Harvard ha publicado en Nature el mayor estudio de paleogenética humana hecho hasta la fecha, con casi 16.000 genomas antiguos, de los cuales, más de 10.000 no habían sido secuenciados antes. Gracias a esta enorme base de datos, han podido reconstruir la evolución del Homo sapiens en Eurasia occidental durante los últimos 10.000 años. Y, para sorpresa de los investigadores, parece que algo aceleró nuestra evolución durante ese tiempo.

Escalas impensables

"Este trabajo nos permite asignar lugar y tiempo a las fuerzas que nos moldearon", dijo David Reich, profesor de genética en el Instituto Blavatnik de la Facultad de Medicina de Harvard, profesor de biología evolutiva humana en la Facultad de Artes y Ciencias de la Universidad de Harvard y autor principal del estudio. Pero,para hacerlo, no basta con secuenciar el ADN de un par de huesos y compararlos con el ADN de los humanos actuales. "Si el objetivo es descubrir cambios en la frecuencia de variantes genéticas en los últimos diez milenios que sean mayores de lo que se puede esperar por casualidad, entonces necesitamos detectar efectos sutiles, lo que requiere tener miles de genomas que abarquen ese período de tiempo", explicó Reich.

"Este artículo, por sí solo, duplica el tamaño de la literatura de ADN humano antiguo", declaró Reich. "Refleja un esfuerzo concentrado para llenar los vacíos que limitaban el poder de los estudios anteriores para detectar la selección". Un proyecto ambicioso que habría sido imposible sin el desarrollo que ha experimentado la computación durante estos últimos años, permitiéndonos operar con cantidades de información que antes eran impensables. "Con estas nuevas técnicas y la gran cantidad de datos genómicos antiguos, ahora podemos observar cómo la selección moldeó la biología en tiempo real", dijo Ali Akbari, coautor del estudio y científico principal del personal en el laboratorio del genetista de Harvard David Reich. "En lugar de buscar las cicatrices que la selección natural deja en los genomas actuales utilizando modelos y suposiciones simplistas, podemos dejar que los datos hablen por sí mismos".

¿Cómo hemos cambiado?

Pero más allá del hito metodológico, el estudio ha arrojado resultados realmente interesantes. Los investigadores no solo querían reconstruir cuándo habían aparecido y desaparecido determinadas mutaciones y variaciones en el ADN de nuestros antepasados. Querían identificar cuáles suponían una mejor adaptación para el medio y cuales habían perdurado por casualidad (migración solo de determinados individuos, catástrofes que acabaron con algunas poblaciones, etc.)

Así es como detectaron 479 variantes en el genoma que parecían haber sido seleccionadas por suponer una ventaja para sus portadores. De hecho, descubrieron que el ritmo al que aparecieron estas variantes se aceleró tras la adopción de la agricultura. Posiblemente, por un cambio en las reglas del juego y, por lo tanto, en qué características aportaban más ventajas en ese nuevo contexto. En este caso, tras analizar las 479 variantes, los investigadores descubrieron que el 60% de ellas están relacionadas con rasgos modernos como el tono de piel claro, el cabello rojo, los riesgo de enfermedad celíaca, la enfermedad de Crohn, la inmunidad a la infección por VIH, la resistencia a la lepra, una menor probabilidad de calvicie de patrón masculino, un menor riesgo de artritis reumatoide o alcoholismo y tener la versión B de las proteínas en los glóbulos rojos que confieren los tipos de sangre A, B y O e influyen en la resistencia a la infección con bacterias y virus.

Con amigos así…

La ventaja de algunos de estos rasgos es evidente, pero otros se antojan neutros o incluso perjudiciales. Los motivos son varios. En primer lugar, que ahora supongan un problema no quiere decir que en el contexto en que fueron seleccionados fueran relevantes. Por ejemplo: la celiaquía solo es un problema cuando el gluten entra en nuestra dieta. Por otro lado, cabe la posibilidad de que algunas de estas variantes no se extendiesen porque sus efectos fueran beneficiosos, sino porque tienda a heredarse junto con otra variante que sí suponía ventajas.

Y esto es solo el comienzo. A medida que las técnicas mejoren y los estudios se sumen, lograremos reconstruir mejor esa dimensión tan fundamental de lo que somos que es la genética. Un aspecto de nuestra humanidad que, si bien no la agota, contribuye a sostenerla. El siguiente paso será, por lo tanto, mirar fuera de Eurasia occidental. "¿En qué medida veremos patrones similares en Asia oriental, África oriental o nativos americanos en Mesoamérica y los Andes centrales?" preguntó Reich. "Si no podemos usar el ADN antiguo para estudiar el período más importante de la evolución humana hace 1 o 2 millones de años, al menos podemos estudiar la presión selectiva sobre los genomas humanos durante períodos más recientes y aprender principios más amplios". Y, así, desvelar si hay una serie de reglas que nos hayan dispuesto a llegar hasta aquí, con nuestras ciudades, nuestra cultura y nuestras particularidades.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • Mucho se ha hablado sobre si existe algo así como la naturaleza humana y, en caso de existir, qué puede ser. En un extremo, encontramos el error de reducir todo lo que somos a nuestra cultura, a los constructos que hemos acordado de forma más o menos tácita. En el otro, daremos con una equivocación igual de grave: reducir todo lo que somos a nuestra biología. Es su combinación la que, en todo caso, puede hablarnos de la naturaleza humana o, en caso de no existir tal cosa, de qué somos, ahora, en este instante de la historia.

REFERENCIAS (MLA):

  • Akbari, Ali, et al. "Ancient DNA Reveals Pervasive Directional Selection across West Eurasia." Nature, vol. 630, no. 8025, 15 Apr. 2026, doi:10.1038/s41586-026-10358-1.