Astrobiología
Un estudio de la NASA solo encuentra un motivo para los compuestos orgánico de Marte
“La hipótesis de que una antigua biosfera marciana capaz de producir este nivel de enriquecimiento orgánico complejo no es descabellada”, señala el estudio.
Cuando pensamos en Marte, la imagen que viene a la mente es la de un desierto rojo, frío y seco, con vientos de polvo y una atmósfera tenue. Pero bajo esa superficie aparentemente inerte se esconden secretos químicos. Muchos.
Desde hace años, los rovers que exploran el planeta rojo han detectado rastros de compuestos orgánicos, moléculas basadas en carbono que en la Tierra forman la base de la vida (el primero de ellos detectado en 2014 gracias a Curiosity), aunque siempre con cautela: la presencia de materia orgánica no prueba vida por sí sola.
El “problema” es que los compuestos orgánicos no son exclusivos de organismos vivos: pueden formarse por procesos geológicos o químicos sin biología implicada, como reacciones en presencia de agua caliente o la caída de meteoritos ricos en carbono. Sin embargo, un estudio publicado en Astrobiology sugiere que ciertas moléculas orgánicas encontradas en rocas marcianas son demasiado abundantes para ser explicadas solo por esos procesos “no biológicos”.
El estudio, liderado por Alexander A Pavlov, del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA, se basa en el análisis de datos obtenidos por el rover Curiosity en el cráter Gale. Allí, en una formación conocida como Cumberland, se detectaron moléculas orgánicas de cadena larga que forman parte de la familia de los alcanos, compuestos ampliamente presentes en la química orgánica terrestre y a menudo asociados a restos de ácidos grasos.
Estas moléculas representan los compuestos orgánicos más grandes hallados hasta ahora en Marte, y su detección por Curiosity marcó un hito en la exploración del planeta vecino. Análisis previos ya habían identificado orgánicos más simples, pero estos alcanos de cadena larga son más complejos y, en la Tierra, suelen estar asociados a procesos biológicos y estructuras propias de los seres vivos. Hasta ahora, cada vez que la NASA ha anunciado compuestos orgánicos en Marte, los científicos han dejado claro que eso no prueba la existencia de vida pasada o presente.
Lo que hace diferente el estudio del equipo de Pavlov es la combinación de varias herramientas: experimentos en laboratorio, modelos matemáticos y los propios datos de Curiosity para “rebobinar” la historia química de la roca marciana. La idea es estimar cuánta materia orgánica original habría estado presente antes de que la radiación cósmica marciana la degradara con el paso de millones de años. Los autores estiman que, antes de la exposición a la radiación, la concentración de estos compuestos podría haber sido centenares o incluso miles de veces mayor que lo detectado actualmente.
Ese nivel de concentración señala el estudio, no puede explicarse fácilmente por fuentes no biológicas conocidas como la llegada de partículas ricas en carbono desde el espacio, la deposición de aerosoles atmosféricos ni procesos geológicos habituales. En cambio, la hipótesis de trabajo que queda sobre la mesa es que “algunas de esas moléculas podrían haber sido producidas por un antiguo sistema biológico marciano”, afirma el equipo de Pavlov.
Los autores son prudentes y señalan explícitamente que este resultado no es una prueba de vida marciana: “Coincidimos con la afirmación de Carl Sagan de que las afirmaciones extraordinarias requieren evidencia extraordinaria —concluye el estudio— y entendemos que cualquier supuesta detección de vida en Marte se enfrentará necesariamente a un intenso escrutinio. Además, en la práctica, con las normas establecidas en el campo de la astrobiología, observamos que la certeza de la detección de vida más allá de la Tierra requerirá múltiples líneas de evidencia. No obstante, nuestro enfoque nos ha llevado a estimar que la lutita de Cumberland contenía altas concentraciones de alcanos de cadena larga incompatibles con algunas fuentes abióticas conocidas de moléculas orgánicas en el antiguo Marte. Así, no es descabellado plantear la hipótesis de que una antigua biosfera marciana sería capaz de producir este nivel de enriquecimiento orgánico complejo”.
¿Qué significa esto para la búsqueda de vida en Marte? Primero, demuestra que Marte puede haber preservado compuestos orgánicos complejos durante miles de millones de años, a pesar de la intensa radiación que bombardea su superficie debido a la delgada atmósfera. Eso sugiere que los antiguos ambientes marcianos, como lagos y sedimentos ricos en agua líquida, pudieron albergar química prebiótica (la química que precede a la vida) con un nivel de complejidad mayor de lo esperado.
Segundo, abre la puerta a que futuras misiones puedan buscar biofirmas más directas. Analizar isotopía de carbono, estructuras moleculares o incluso microfósiles microscópicos requerirá instrumentos más sofisticados que los disponibles en los rovers actuales.