Estreno
Crítica de "Orwel 2+2=5": el fascismo no sabe sumar ★★★ 1/2
Dirección y guion: Raoul Peck basándose en textos de George Orwell. Música: Alexei Aigui. Fotografía: Ben Bloodwell, Stuart Luck, Julian Schwanitz. Francia, 2025. Duración: 119 minutos. Documental.
Cuando das por bueno el resultado incorrecto de una suma, has sido colonizado por el aparato del Estado. La fuerza de “1984” sigue siendo un mensaje tan simple como ese, tan universal como para que lo que Orwell imaginó como denuncia de una distopía fascista sirva para explicar las turbulencias geopolíticas del hoy y del mañana. Por eso a Raoul Peck (“I Am Your Negro”) le resulta relativamente fácil que las palabras del escritor británico, que saca de diarios y cartas y textos periodísticos, parezcan redactadas ex profeso para la película, como si la Historia siempre estuviera condenada a transcurrir en presente.
Mark Cousins utilizó esa estrategia formal en “Mi nombre es Alfred Hitchcock” para hacer un retrato del hombre detrás del cineasta. Peck es más ambicioso: “Orwell: 2+2=5” aspira a ser una autobiografía parcial de Orwell, una crónica de la creación y escritura de “1984” antes de su muerte por tuberculosis y, sobre todo, una mirada en formato panorámico hacia el infierno de los totalitarismos en todos los ámbitos (ideológicos, económicos, mediáticos, tecnológicos).
Su control sobre las posibilidades expresivas del documental de archivo -que incluye fotos, noticiarios y adaptaciones fílmicas de la obra de Orwell- es notable, aunque a veces da la impresión de que la cantidad de información que maneja es tan repetitiva como abrumadora. Es decir, da la impresión de que las formas gramaticales del Gran Hermano han contaminado la prosa didáctica de Peck, tal vez porque no hay otra opción que lanzar un tsunami de pruebas incriminatorias para demostrar que, cuando hablamos del poder opresor del Estado, la ciencia-ficción no es cosa del futuro.
Lo mejor:
Conocemos la relevancia del pensamiento político de Orwell para entender el presente.
Lo peor:
A veces dos horas de metraje son demasiadas para no caer en la tentación del subrayado.