Estreno
Crítica de "Scarlet": si Hamlet fuera mujer ★★★ 1/2
Dirección y guion: Mamoru Hosoda. Música: Taisei Iwasaki. Voces: Kôji Yakusho, Mana Ashida, Masaki Okada. Japón, 2025. Duración: 111 minutos. Animación.
Sea o no sea, Hamlet sigue dando guerra. Mamoru Hosoda lo cambia de género, pone a vagar su deseo de venganza en un purgatorio donde vivos y muertos, y pasado y futuro, son una misma cosa, y ahí se encuentra con una Ofelia del siglo XXI, que ahora es enfermero. Cualquier cosa nos vale para que Shakespeare siga sacando músculo y demuestre la resistencia de su argumento universal favorito, esta vez con la intención de que se nos devuelva un mensaje pacifista, vertebrado por el perdón y la redención.
Casi nada que objetar en el capítulo formal, tan exuberante como de costumbre. Tal vez la película no llegue a la exquisitez de “Mirai, mi hermana pequeña” ni al expansivo barroquismo de “Belle”, pero hace un buen trabajo al dividir estéticamente los dos mundos en los que transcurre la acción -la animación tradicional para el real, la digital para el Otro Mundo- aunque al ojo le cueste acostumbrarse a la diferencia. En su extraña combinación de película bélica, de acción, aventuras, viajes en el tiempo y tragedia familiar, destaca una digresión musical que, por extravagante, resulta un paréntesis delicioso en una película en la que impera la traición, la violencia y la sangre.
Los paisajes del Otro Mundo están conseguidos en su variopinta decadencia, el arrebato poético aporta consistencia al relato, pero este tiende a estancarse a menudo en el sentimiento de odio y rabia de un personaje que se retroalimenta en escenas un tanto estériles. Las ansias de venganza de Hamlet tienen una gama de colores de la que Scarlet carece, y la película avanza a trompicones entre secuencias épicas y diálogos que intentan convencer a la protagonista de que la paz es el camino correcto.
Lo mejor:
La exquisitez de su diseño animado, de sus fondos y colores, y la idea de jugar con la elasticidad argumental de la obra de Shakespeare.
Lo peor:
Sus arritmias narrativas, que lastran el relato con redundancias improductivas.