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Teatro Valle-Inclán
Crítica de 'Constelaciones': La posibilidad remota de lo que somos ★★★☆☆
La acción de esta pieza, continuamente fracturada, va saltando de un universo a otro para mostrar al espectador lo que pudo haber sido si se hubiese alterado mínimamente alguna variable en cada situación
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Autoría: Nick Payne. Dirección: Sergio Peris-Mencheta. Interpretación: Jordi Coll, Diego Monzón, Paula Muñoz, María Pascual, David Pérez-Bayona, Clara Serrano y Ester Rodríguez / Litus Ruiz. Teatro Valle-Inclán, Madrid. Hasta el 29 de marzo.
Poco más de diez años después de haberla dirigido Fernando Soto, en un sencillo, emotivo, simpático y certero montaje protagonizado por Fran Calvo e Inma Cuevas, regresa a la cartelera madrileña esta exitosa obra del dramaturgo británico Nick Payne estrenada por primera vez en el Royal Court Theatre de Londres en 2012.
‘Constelaciones’ cuenta, básicamente, la relación sentimental de una pareja a lo largo del tiempo, desde que se conocen hasta lo que parece la inevitable muerte de ella después de que le detecten un tumor cerebral que no tiene cura. Él se dedica a la apicultura y ella es una física especializada en el estudio del multiverso y las realidades paralelas. Las ocupaciones de ambos tienen en verdad un papel metafórico muy relevante en la obra: el mundo de las abejas simboliza lo elemental de la existencia, el determinismo inapelable basado en unas coordenadas claras y en unos objetivos básicos; la física cuántica, por el contrario, abre las ventanas de par en par a lo infinito, a la multiplicidad inabarcable de combinaciones en las cuales puede vehicularse la vida.
Y es precisamente esa diversidad de posibilidades lo que atraviesa el argumento y la dramaturgia, ya que la acción, continuamente fracturada, va saltando de un universo a otro para mostrar al espectador lo que pudo haber sido -o lo que tal vez sea en otra realidad- si se hubiese alterado mínimamente alguna variable en cada situación. Así, el acercamiento podría trocarse en distanciamiento, la atracción en rechazo, el enamoramiento en indiferencia... Y, cómo no, también a la inversa. En definitiva, Payne muestra con gran elocuencia dramática cómo lo que somos, lo que construimos en torno a nosotros, lo que envuelve toda nuestra existencia, no representa más que una ínfima posibilidad en un permanente e impredecible cruce de variables. Por eso conviene cuidarlo cuando tenemos la suerte de que sea positivo.
Ya en el punto de partida, Sergio Peris-Mencheta ha querido trasladar el multiverso implícito en la dramaturgia al propio hecho escénico haciendo que sea alguien del público, sacando papelitos al azar de una bolsa con sus nombres, quien escoja dentro de un elenco de tres actrices y tres actores a los dos intérpretes que habrán de hacer la función cada noche. Los cuatro no elegidos forman la banda musical, capitaneada por Litus Ruiz -colaborador de Peris-Mencheta en trabajos anteriores-, que va ambientando y creando en directo el espacio sonoro del espectáculo. Según parece, los distintos actores -no muy destacados los que tocaron en suerte el día que vi la función- aportan diferentes y particulares matices a los personajes que han de encarnar -el género ya es uno bastante evidente-, provocando así, por tanto, que las posibles ficciones se multipliquen y que cada función sea diferente.
La verdad es que todo ese engranaje está justificado, resulta interesante y original como premisa teatral y se resuelve en la práctica con la proverbial espectacularidad que el director imprime a todas sus propuestas. Pero en esta ocasión la forma -con tanto giratorio, tanto fundido a negro y tanta entrada en escena de elementos accesorios- termina desviando la atención más de la cuenta de un fondo cuya belleza radica, precisamente, en su esencialidad y su fragilidad, en su poética y desnuda sencillez.
- Lo mejor: Peris-Mencheta es un director que respeta al espectador y que trata siempre por eso de cautivarlo con inteligencia y originalidad escénica.
- Lo peor: Tal y como está contada la historia, el escenario a tres bandas dificulta más que favorece que el público entre emocionalmente en ella.
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