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Tomatito: "Por edad ya hay quien me está llamando Tomate"

Ha grabado en un disco, que acaba de salir al mercado, una composición tan emblemática como «El concierto de Aranjuez».

  • Foto: Rubén Mondelo
    Foto: Rubén Mondelo
Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

11 de octubre de 2019. 07:55h

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R.S.G.  Madrid. 11/10/2019

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Estuvo media vida rajando con sus cuerdas la voz más grande de la historia del flamenco, viviendo a su sombra. Y ahora brilla su música al sol. Corre tomate por sus venas, aunque a él, desde chiquitito, lo llaman Tomatito. He aquí un hombre pegado a su guitarra. Suyos fueron los acordes con los que el genio de la Isla se rompía la camisa, con los que los oídos al escucharles tiritaban de frío, con los que «tiriti tran tran tran tran/ tiriti tran tran tran trero» acompañó orgullosamente a Camaron, siendo su fiel y leal escudero. Reinventado y como solista, coincidiendo con el 80º aniversario de la publicación de la composición, el artista ha grabado en un disco, que se lanzó el pasado 4 de octubre, una obra tan emblemática –con su popular adagio– como la del Concierto de Aranjuez.

–Se enfrentará a uno de sus mayores retos artísticos, con el «El Concierto de Aranjuez»

–Sí, porque yo vengo del mundo flamenco, una música mucho más improvisada. Y el tener que tocar de una forma más estática requiere disciplina. En cualquier caso, la obra es una maravilla y muy guitarrística. El adagio conmueve a cualquier persona, de cualquier raza y cualquier país.

–Usted lleva ganados 6 premios Latin Grammy en tres categorías diferentes: flamenco, jazz y música clásica. ¿A qué le suena la vida?

–A música, que es universal. Eso sí, vengo del flamenco y moriré en el flamenco. Aunque la guitarra no tiene idiomas. Puedo ir a Alemania, hacer el mismo concierto que aquí y que la gente lo entienda perfectamente, sin necesidad de que yo hable alemán.

–¿Qué es la guitarra?

–Mi vida, en ella he invertido todo mi tiempo. Me levanto, la cojo y la toco. Tengo un ratillo de descanso, la cojo y la toco. Siempre me acompaña, hasta en las vacaciones.

–¿Con qué la toca?

–Es una prolongación de mi cuerpo. Y no solo se toca con las cuerdas y con las manos. Ahí está el corazón, que se necesita para expresar y transmitir lo que uno lleva dentro. Se toca como se es y como se está, ya que el estado anímico influye muchísimo. Si eres tranquilón, se te nota. Y si eres nervioso, también.

–¿Qué tal se vive al sol, después de tantos años a la sombra?

–Hubiera querido vivir toda la vida a la sombra de Camarón. Me fui al sol porque no tuve más remedio, pero me hubiese encantado estar a su lado, acompañándole, toda mi carrera. Es un orgullo que me preguntes por él y que me reconozcan como su guitarrista.

–Una palabra para describirlo.

–Un santo, una persona exquisita.

–Cuánto se habla de él...

–Sí. Hay gente que habla mucho, a la que no he visto nunca, cuando yo siempre estuve con él...

–¿Qué le distinguía?

–Cantaba mejor que quienes inventaron los cantes. Yo no sé lo que hacía, la verdad.

–¿Volverá alguien a estar a su altura?

–Será otra cosa, porque las comparaciones son feas. Pero él ha pasado por este mundo siendo un genio.

–¿Usted se ha reinventado?

–Me he esforzado. Siempre he tenido disciplina. Pero ahora, al ser solista y mandar en mi música, resulta muy diferente. Y que conste que Camarón me dejaba tocar como quería. A Paco de Lucía le decía: «Mira lo que ha sacado el niño». «Hazlo, hazlo», me insistía. Y a mí me daba vergüenza...

–¿Y el flamenco?

–Es una música viva y dinámica que siempre se está reinventando. Si hay un acorde bonito, se coloca y se incluye. Si no, saldrá por la puerta de atrás.

–¿Pero qué es el flamenco?

–Es una forma de vivir y de sentir. Yo vivo flamenco, como flamenco y visto flamenco, como dice Raimundo Amador.

–¿Cómo valora su situación en España?

–Estoy un poco desorientado porque tengo mis conciertos fuera y mis giras en Europa, aunque también toque en Madrid, Córdoba, Barcelona... Pero lo cierto es que, culturalmente, debería estar mejor considerado, porque es la música que tenemos para exportar al mundo. En el extranjero están mejor formados, por eso lo valoran más.

–¿Se ve tocando con Rosalía, por ejemplo?

–¿Por qué no? Es una chica que suena bonito al oído. No canta por soleá, ni por seguiriya, pero lo que hace gusta a la juventud. Y con la juventud no hay quien pueda.

–¿Qué tal le cae la fama?

–No la conozco. Si la fama es que te reconozcan tu trabajo y tu música, bendita sea. Pero es una palabra que me queda grande.

–¿Y el dinero?

–Bien. Hago lo que me gusta y me pagan para vivir medianamente bien, así que perfecto.

–Tomatito, después de tantos años, ¿algún día le llamarán Tomate?

–Ya me lo están llamando, por edad (risas).

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