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Juegos Olímpicos de Milán-Cortina

Ana Alonso y Oriol Cardona, bronce en el relevo mixto, coronan el esquí de montaña español

Los españoles, superados por Francia y Suiza, se cuelgan el bronce con suspense por una penalización

Spain's Ana Alonso Rodriguez, left, celebrates winning bronze with Spain's Oriol Cardona Coll in a ski mountaineering mixed relay, at the 2026 Winter Olympics, in Bormio, Italy, Saturday, Feb. 21, 2026. (AP Photo/Gabriele Facciotti)
Ana Alonso y Joan Carcona, después del relevo mixto de esquí de montañaASSOCIATED PRESSAgencia AP

Los minutos de espera contaron como horas, como años casi. España estaba pendiente de una sanción en el relevo mixto de esquí de montaña, que podía ser letal. Ana Alonso estalló: «Que sí, que ahí pone sólo tres segundos, que pone sólo tres segundos, que sí que sí». Una penalización mínima que confirmaba el bronce de España. La delegación estalló en un grito común. Oriol Cardona, su compañero, el veterano del grupo, la estrella, el «aburrido», como él mismo se define; el hombre tranquilo y calmado, rompió a llorar porque lo habían vuelto a conseguir. Es una bestia compitiendo, pero es humano, como muestran esas lágrimas. Era la segunda medalla para ambos, los primeros deportistas españoles que repiten metal en unos Juegos de Inviernos, después del oro del catalán el pasado jueves en el esprint individual y del bronce de la granadina. Nunca España había logrado subir tres veces al podio en una misma cita. Todas han sido en el mismo deporte, el esquí de montaña, que debutaba como olímpico.

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¿Por qué la amenaza sobre el equipo nacional? En una de las transiciones, Ana pisó la línea, lo que es ilegal. Era su última relevo, y en el descenso, derrapó de más y se fue un poco adelante. Al darse cuenta del error, ya parada, parecía no tener consuelo. Sólo lo encontró cuando se confirmó que su fallo no era letal. Oriol salió tercero en busca de remontar posiciones, pero no pudo atrapar a suizos, con Marianne Fatton y Jon Kistler, que fueron plata; y ni a franceses, con Emily Harrop y Thibault Anselmet, que habían sido plata y bronce, respectivamente, en el individual, querían venganza porque aspiraban a todo y se llevaron el oro. No fue la mejor prueba de España, con algunas equivocaciones, pero sí fue una de las más emocionantes, con un final feliz.

En el relevo, son dos vueltas a un circuito en cada posta, mujer-hombre-mujer-hombre. Primero era más subida pura y dura, después la bajada, y a continuación un segundo recorrido como en el esprint, con los rombos y los escalones y el descenso final. Hay una transición más que en solitario, pues los deportistas tienen que ponerse de nuevo las pieles de foca en los esquís tras bajar, ya que es lo que permite el agarre para volver a ascender. Harrop tomó ventaja desde la salida, y la victoria de Francia fue incontestable, aunque Suiza apretó.

Ana Alonso intentó no despegarse mucho en su primera posta, e incluso llegó cerca de la gala al primer parón, pero en la última transición se atascó un poco y la desventaja ya era de 17 segundos. Estaba quinta y Cardona remontó hasta el tercer lugar, para volver a ceder el protagonismo a su amiga como terceros. Pero ya en la segunda aparición de la granadina, sus rivales estaban lejos. El mérito de Ana es tremendo. Hace cinco meses la atropellaron mientras entrenaba en bici y con sus lesiones, entre ellas el cruzado roto, parecía imposible llegar a los Juegos. Lo hizo, y además fue bronce en individual. Llegó, y Cardona tuvo claro que ella era su compañera para el mixto, que la lesión no cambiaba nada. La esperó. «Es una chica muy fuerte, con mucha cabeza y con mucho carácter», la define Oriol.

Fue una jornada de sensaciones. Antes de empezar, Cardona sacaba la lengua y Ana levantaba los esquís. Después del error de la andaluza, su cara reflejaba que tenía el corazón encogido. Joan salió sabiendo que habría sanción. «Y fui a muerte», reconoce. Llegó tercero, con 17 segundos de ventaja sobre Estados Unidos. El catalán acabó reventado, como no podía ser de otra manera, y la andaluza se fue a abrazarlo, tirado como estaba en la nieve, buscando aliento. Pero la alegría todavía era contenida, porque no se sabía de cuánto sería la penalización. Las lágrimas regresaron cuando se confirmó el bronce.

Después, un «selfie» antes de subir al podio y allí arriba, sí, ya la sonrisa perenne. «Y ahora a gozar de la fiesta», decía el campeón y bronce olímpicos.