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Juegos Olímpicos Milán-Cortina
Oriol Cardona, oro en esquí de montaña: Paquito Fernández ya no está solo
El español, que era el favorito, logra el segundo oro en la historia de España en los Juegos de Invierno
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- Ana Alonso, que competirá en los Juegos de Milán-Cortina con el cruzado roto: "Estar aquí era como creer que puedes volar"

Oriol Cardona ha escrito su nombre con mayúsculas en la historia del deporte español: es campeón olímpico en esquí de montaña. El oro que logró Paquito Fernández Ochoa en el eslalon de Sapporo 1972 ya no está solo, pero han tenido que pasar 54 años para tener compañía en los Juegos de Invierno, que en nuestro país no tienen tradición y poco se puede exigir a los deportistas que allí compiten, muchos de ellos sin posibilidad de entrenar en nuestro país por falta de instalaciones. Sí tiene historia el esquí de montaña, y desde que en 2021 se hizo oficial que iba a ser olímpico, Oriol apartó las carreras a pie por los montes, los trails, en los que también destacaba, para centrarse exclusivamente en intentar llegar en plenitud a este día, el 19 de febrero de 2026; y a esta hora, las 14:15, la de la final, aunque antes también tuvo que pasar los cuartos y los semifinales.
Durante todos estos años, por supuesto, ha disfrutado del camino proclamándose campeón del mundo dos veces, más una plata; otras dos de Europa, a lo que suma todos los éxitos en las Copas del Mundo. Un crecimiento constante, una búsqueda continua de mejorar, como por ejemplo con la incorporación de Kilian Jornet, leyenda del esquí de montaña, de récords al límite humano en trayectos más largos, ultra trails, que primero fue compañero y rival y ahora forma parte de su grupo de entrenadores. Una inspiración, como lo es su padre Joan, pionero en España.
El éxito del esquí de montaña no se quedó en lo que hizo Oriol. Su victoria fue incontestable, el bronce de Ana Alonso brilla más que el oro, pues hace apenas cinco meses se rompió el cruzado, entre otras lesiones graves en la rodilla izquierda, por un atropello mientras entrenaba, y no sólo llegó a Milán-Cortina, es que además fue tercera. Impresionante. Juntos compiten el sábado en el relevo mixto. Prometen guerra.
Todos esos triunfos previos de Oriol ponían más presión en el catalán. Era el favorito, lo que tiene dos caras: por un lado, que el trabajo de antes está muy bien hecho; por el otro, que es el hombre a seguir, tanto por los rivales como por los aficionados, y eso puede suponer una losa. Después del oro de Paquito llegó el tan buscado y merecido bronce de su hermana Blanca, también en eslalon, en Albertville 1992, la primera mujer española en conquistar un metal olímpico; los bronces de Regino Hernández en snowboardcross y Javier Fernández en patinaje artístico en Pyeongchang 2018; y la plata de Queralt Castellet en halfpipe en 2022. En las últimas dos citas, España volvió al podio, pero no a lo más alto, y todas las miradas estaban en Oriol. “La presión forma parte de estar aquí”, decía él. No es un tema menor, y otros gigantes en Milán-Cortina, como el fenómeno del patinaje Ilia Malinin, lo sufrieron en el gran momento: sólo pudo ser octavo después de un programa libre repleto de errores. Tampoco los nervios atenazaron al mejor. Oriol habla tranquilo casi siempre, pero sube montañas como una bestia en un deporte salvaje por la explosividad que se necesita, porque las piernas, cómo él mismo afirma “llegan hinchadas” a la parte alta, con el ácido láctico pidiendo al cuerpo que pare, que deje de sufrir, que no puede más.Pero la cabeza manda sobre el cuerpo. Primero hay un tramo esquiando hacia arriba, una zona de zig zag, de rombos; a continuación, los esquís a la mochila para la parte de escalones a pie, otra vez a «calzarse» para el último trecho hacia arriba; y en la cima, fuera las pieles de foca sintéticas, que permiten tener agarre en el ascenso, para llegar por fin el descenso. Algo más de dos minutos y medio entre casi a tope y a tope total, sabiendo medir las fuerzas.
En la final, Cardona mandó casi desde el primer momento. Arrancó algo retrasado, pero porque los suizos Lietha y Kistler salieron escopetados. A la parte de los rombos llegó por detrás el catalán, pero su remontada fue espectacular, un centímetro, otro, otro más, hasta plantarse primero a la transición para subir los escalones, donde protagonizó el gran show. Él los superaba hasta de dos en dos, apoyándose en los bastones, un auténtico animal, mientras los helvéticos perdían pie y resbalan incluso, también el ruso Nikita Filippov. El día era de perros, con mucha nieve, otro factor a tener en cuenta por las condiciones y por la preparación del material. Llegó imperial Oriol, regresó a los esquís, y ya se marchó solo a por la victoria. Sólo un error al quitarse las pieles se lo podía impedir, pero lo hizo de nuevo sin fallo gordo. Bajó hasta tranquilo, miró atrás e incluso pudo celebrarlo. A falta de tres curvas ya sabía que lo había conseguido. Se llevó las manos a la cabeza. Ot Ferrer, el otro español que participaba, también se metió en la final y fue quinto. Bravo por él. Los suizos se hundieron: la plata fue para Filippov y el bronce, para el francés Thibaut Anselmet, que eran los otros aspirantes.
Antes, Oriol tuvo que pasar unos cuartos de final que salvó sin problema y las semifinales, con algunos apuros: en la segunda transición, después de los escalones, iba primero, pero se atascó a la hora de ponerse de nuevo los esquís y perdió tiempo, aunque entró segundo en la meta, clasificado directo.
De Sapporo a Bormio, 54 años después, España vuelve a ser de oro. Sonó el himno de nuevo. "Guau", gritó Oriol levantando el puño en lo más alto.
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