Sección patrocinada por sección patrocinada

Juegos Olímpicos

Ana Alonso, bronce en los Juegos de Milán-Contina en esquí de montaña con el cruzado roto

La granadina, que fue atropellada mientras entrenaba hace cinco meses, se sube al tercer puesto en esquí de montaña. Es el sexto metal en la historia de España en los Juegos de Invierno

¿Puede un bronce brillar más que un oro? Puede. Depende de las circunstancias, y el que consiguió Ana Alonso en el esprint de esquí de montaña en los Juegos de Milán-Cortina es un ejemplo. Decir que fue un podio milagroso sería quitar mérito a lo que logró la granadina. Un milagro es algo sobrenatural de origen divino. Ana tuvo que tener fe, pero en sí misma y en su equipo cuando, después de sufrir un atropello el pasado octubre, mientras entrenaba, vio el parte médico: rotura de los ligamentos cruzado anterior y colateral interno con edema óseo en la rodilla, fisura de maléolo y luxación acromioclavicular. Interminable, pero creyó que llegar a los Juegos era posible. La operación eran mínimo siete u ocho meses de baja. El único camino era ir con el cruzado roto, estabilizar la rodilla, reforzar toda la musculatura de alrededor, y trabajar sin descanso en el CAR de Sierra Nevada.

Mientras las rivales apuraban la puesta a punto general, con las dificultades que van unidas al deporte de élite, ella le sumaba la puesta a punto de su rodilla. Las sensaciones eran buenas, pero faltaba probarlo en competición. Hace cinco semanas, en la Copa del Mundo de Courchevel, el primer examen se superó: la articulación estaba estable. Hace dos, en Boí Taüll, en Lérida, fue plata con Oriol en el relevo mixto, un chute de moral y la confirmación definitiva.

«Llegar aquí ya era ganar», dijo en los Juegos. Pero mantuvo que los objetivos eran los mismos: luchar por las medallas. En Bormio ya compitió sin la protección en la rodilla. En los cuartos, un gran susto: se resbaló en la escalera y se cayó. La rodilla que tocó el suelo fue la derecha. Se levantó y siguió para entrar por puestos. La semifinal la pasó por tiempos, y en la final, se mantuvo al acecho, cuarta, y en la última transición, la francesa Ravinel se atascó al quitarse las pieles de foca, y la andaluza la dejó atrás para lograr el bronce. Por delante, Emily Harrop, la otra gala, la gran favorita, se tuvo que conformar con la plata y la suiza Marianne Fatton fue oro.

Ana, Anita, entró en la meta y lloró. ¿Cómo no iba a hacerlo después de todo el camino recorrido hasta ahí? María Costa, la otra española, llegó hasta las semifinales.

Era el sexto metal de España en la historia de los Juegos de Invierno, después del oro de Paquito Fernández en Sapporo 1972, los bronces de Blanca Fernández Ochoa, en Albertville 1992, Regino Hernández y Javier Fernández en Pyeongchang 2018 y la plata de Queralt Castellet en Pekín 2022. Su bronce lo completó Oriol Cardona con el oro en la prueba masculina.