De Gea, transición completada

Ha sido la mejor noticia para la Selección en el torneo. Con él, la portería está segura

David de Gea, atento a la incursión de Eder, consigue rechazar el disparo del italiano
David de Gea, atento a la incursión de Eder, consigue rechazar el disparo del italiano

Ha sido la mejor noticia para la Selección en el torneo. Con él, la portería está segura

Desde el Mundial de Brasil hablaba Vicente del Bosque de una «dulce transición» en la portería. Dos años ha tenido Iker Casillas para hacerse a la idea de que sus tiempos como portero de la Selección estaban tocando a su fin, aunque el final le ha llegado de forma brusca en la Eurocopa. El seleccionador eligió a De Gea desde el comienzo y, aunque sólo habló con Iker después del debut ante Chequia, los dos guardametas han sabido encontrar su sitio.

Vicente habló con el capitán. Aunque no suele dar explicaciones a sus jugadores, entendió que se trataba de un caso especial. Casillas es el jugador con más partidos internacionales, 167, y el capitán que ha levantado las dos Eurocopas y el Mundial. Iker entendió su nueva situación y ha asumido la suplencia sin dar un ruido. Mientras Pedro aseguraba que no había llegado para hacer grupo y que se plantearía su continuidad, el portero asumió su rol con naturalidad. Lo primero que hizo al finalizar el primer partido fue salir del banquillo para dar un abrazo a De Gea y felicitar a Piqué. «Se podría destacar la actitud de Iker como integrante del banquillo en estos momentos y sentimos cómo arropa a David, no sólo en los momentos buenos sino en los momentos malos», reconocía Javier Miñano, el preparador físico de la Roja.

De Gea, en el campo, ha respondido. No fue fácil desde el principio la concentración para él. Comenzó con su presunta implicación en el «caso Torbe», aunque él parecía el más tranquilo de todos. «Sé lo que he hecho con mi vida», decía. «Es una mentira y una falsedad». Del Bosque mantuvo la decisión que había tomado antes del torneo y confió en él. Y cuando tuvo que jugar, demostró la misma tranquilidad. En el debut salvó el empate al final.

No tuvo mucho que hacer ante Turquía y contra Croacia sí se le vio nervioso. Fuera del partido, como el resto de sus compañeros. Falló en conceptos que él domina, como el juego con el pie, no pudo reaccionar en el primer gol cuando Sergio Ramos dejó escapar a Kalinic y no tapó su palo en el segundo de Perisic. «Culpables somos todos», le defendió Del Bosque, convencido de que había más responsables de la derrota. No fue él quien se despistó en el marcaje al delantero croata en el tanto del empate y tampoco quien dejó que Perisic recorriera medio campo sin oposición.

Contra Italia llegó la demostración de que la transición está completada. Despejó al centro el lanzamiento de falta de Eder que terminó en el 1-0, pero mientras sus compañeros miraban –sólo Piqué disputó el rechace a una manada de italianos– tuvo tiempo de reaccionar y tapar el siguiente remate de Giaccherini.

Pero antes y después del gol hubo motivos para tenerle fe. En los primeros minutos se estiró para despejar un cabezazo de Pellé que iba abajo y pegado al poste. No tardó mucho en repetir ante una media chilena de Giaccherini que desvió al poste, aunque la jugada ya estaba anulada. Detuvo otro remate a Giaccherini antes del descanso y volvió a aparecer en la segunda parte.

Cuando España buscaba el empate, Italia tenía espacio para correr y tiempo para pensar. Y De Gea era el único obstáculo que se encontraban. Los centrales eran incapaces de contener a Pellé y les faltaba velocidad para competir con sus acompañantes. Con su salida, De Gea salvó un remate de Eder en un contraataque y repitió después con su sustituto, Insigne. Nada pudo hacer ya para evitar el tanto de Pellé. Sin él, la eliminación hubiera sido aún más dolorosa. Con De Gea, España está segura.