«Fue más fácil de lo que creía»

Magnus Carlsen ha convertido el ajedrez en un deporte mediático en Noruega
Magnus Carlsen ha convertido el ajedrez en un deporte mediático en Noruega

Desde el pasado viernes 22 de noviembre, el ajedrez ocupa más espacio en los informativos de Noruega por culpa de Magnus Carlsen, el campeón del mundo más joven de la historia del ajedrez. A punto de cumplir 23 años, es Gran Maestro desde hace diez. Algo que nadie antes había conseguido. Pero él no se da demasiada importancia. «Algo he visto. Ha salido bien y por eso todo es positivo. Es más sencillo leer lo que se escribe cuando las cosas van bien», decía ayer después de ser recibido como un héroe en su país. El avión en el que viajaba fue rociado por dos cañones gigantes de agua, un recibimiento reservado a los héroes, como Alexander Rybak, ganador del festival de Eurovisión en 2009.

Carlsen vive con naturalidad su triunfo. «Después de ganar dos partidas, sabía que Anand no tenía ninguna posibilidad», explica. Le notaba nervioso, había cometido varios errores, y el noruego se dio cuenta de que no era «ningún Supermán». «Fue más fácil de lo que creía. Fue difícil al principio, pero luego me di cuenta de que era algo que podía controlar. Si hacía mis tareas como suelo, me iba a ir bien», confiesa. Para el noruego, una estrella capaz de llevar el ajedrez más allá de los tableros, el campeonato del mundo no era una obsesión. «No me lo planteé hasta el año pasado», cuenta. Y, para celebrarlo, prefirió jugar al póker y al fútbol a cualquier otra cosa. Apasionado del fútbol español, rechaza que le comparen con Messi. «Prefiero cualquier jugador del Real Madrid», explica. Otros lo comparan con Mozart. Pero a él sólo le preocupa jugar y divertirse. Aunque algunos lo definen como una máquina, encuentra el verdadero placer en inventar variantes que sus rivales no hayan podido estudiar. Le gusta sorprenderlos y forzar sus errores. «Sigo jugando hasta que ellos fallan», dice con la misma naturalidad con que Garrincha explicaba sus regates. «Ellos se apartan y yo paso», decía el extremo de la selección brasileña campeona del mundo en 1958 y 1962. Para Carlsen, el ajedrez es así de sencillo. En parte, quizá, gracias a su padre, que no quiso obligarle a jugar, aunque desde muy niño demostrara poseer una mente privilegiada y condiciones para ser una estrella. A los cinco años memorizaba las banderas y las capitales de todos los países del mundo y pedía a sus hermanas que le examinaran cada noche. Esa mente obsesiva le lleva a pensar cada minuto de su tiempo en el ajedrez, pero sin dejar de ocuparse de otras cosas. Por eso, el trabajo con los ordenadores prefiere dejárselo a sus analistas, de los que se resiste a revelar sus nombres.